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Ciencia

Creíamos que las galaxias crecían primero y después alimentaban a sus agujeros negros. El James Webb acaba de encontrar un objeto que parece demostrar exactamente lo contrario

Una medición directa realizada a más de 13.000 millones de años luz revela un agujero negro supermasivo que pesa más que todas las estrellas de su galaxia juntas. El hallazgo desafía uno de los modelos más aceptados sobre el nacimiento de las primeras estructuras del universo.
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Los astrónomos siempre asumieron que galaxias y agujeros negros crecían juntos. Las estrellas nacían, las galaxias acumulaban masa y, en sus centros, los agujeros negros aumentaban lentamente de tamaño. Era una historia razonablemente ordenada. El telescopio espacial James Webb acaba de encontrar un objeto que parece ignorar por completo ese guion.

La observación se centra en uno de los llamados Little Red Dots, unas diminutas manchas rojizas descubiertas por el Webb en el universo temprano que han desconcertado a los científicos desde su aparición. Ahora, por primera vez, un equipo internacional ha logrado medir directamente la masa de uno de ellos. Y el resultado es tan inesperado que podría alterar nuestra comprensión de cómo nacieron las primeras galaxias.

Una lupa cósmica permitió observar lo que parecía imposible

Creíamos que las galaxias crecían primero y después alimentaban a sus agujeros negros. El James Webb acaba de encontrar un objeto que parece demostrar exactamente lo contrario
© NASA / ESA / CSA / Ralf Crawford (STScI).

El protagonista del estudio es Abell 2744-QSO1, un objeto cuya luz comenzó su viaje cuando el universo tenía apenas 700 millones de años.

Observar algo tan lejano normalmente sería una tarea imposible. Pero la naturaleza proporcionó una ayuda inesperada. Entre la Tierra y este objeto existe un enorme cúmulo de galaxias cuya gravedad actúa como una lente cósmica, amplificando la luz procedente del universo primitivo.

Gracias a esa combinación entre la potencia del James Webb y la lente gravitatoria, los investigadores pudieron analizar el movimiento del gas que gira alrededor del centro del objeto. La velocidad observada reveló algo extraordinario: allí existe un agujero negro con una masa cercana a los 50 millones de veces la del Sol.

El verdadero problema apareció cuando estudiaron la galaxia

Creíamos que las galaxias crecían primero y después alimentaban a sus agujeros negros. El James Webb acaba de encontrar un objeto que parece demostrar exactamente lo contrario
© Darach Watson / JWST.

Confirmar la presencia de un agujero negro supermasivo ya era un hallazgo importante. Pero la sorpresa llegó después. Cuando los científicos intentaron calcular la masa de la galaxia anfitriona, descubrieron que apenas parecía existir alrededor de semejante monstruo gravitatorio.

Las estimaciones más conservadoras indican que el agujero negro posee al menos el doble de masa que todas las estrellas de la galaxia combinadas.

Para entender lo extraño que resulta esto basta una comparación. En las galaxias actuales, incluyendo la Vía Láctea, la masa estelar suele ser aproximadamente mil veces mayor que la de su agujero negro central. Aquí ocurre justo lo contrario. Por eso los investigadores describen a Abell 2744-QSO1 como el agujero negro supermasivo más «desnudo» observado hasta ahora.

Una pista sobre el nacimiento de los primeros gigantes del cosmos

El entorno donde se encuentra el objeto ofrece otra pista crucial. La región contiene muy pocos elementos pesados, una señal típica de los primeros momentos de la historia cósmica.

Esto ha llevado a los investigadores a considerar una posibilidad que hasta hace poco parecía extremadamente difícil de demostrar: que algunos agujeros negros gigantes aparecieron antes que las propias galaxias que hoy los rodean.

Según esta hipótesis, estas estructuras no habrían nacido a partir de estrellas masivas colapsadas, sino mediante el colapso directo de enormes nubes de gas primordial.

Si es correcto, el hallazgo resuelve uno de los grandes misterios planteados por el James Webb desde el inicio de su misión. Los Little Red Dots podrían representar precisamente las semillas de los primeros agujeros negros supermasivos del universo. Y eso implica una consecuencia mucho más profunda. Tal vez las galaxias no fueron las arquitectas de estos gigantes cósmicos. Quizá ocurrió exactamente al revés: fueron los agujeros negros quienes ayudaron a construir las primeras galaxias a su alrededor.

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