Un fósil con una cabeza que recuerda a un murciélago
Hace más de 400 millones de años, los mares estaban habitados por vertebrados muy diferentes a los peces actuales. Entre ellos se encontraban los galeáspidos, un grupo de animales sin mandíbulas y protegidos por grandes escudos óseos en la cabeza.
Uno de sus representantes acaba de revelar una anatomía especialmente llamativa. Se trata de Bataspis crux, una especie identificada a partir de un fósil procedente de la Formación Xishancun, cerca de Qujing, en la provincia china de Yunnan.
El ejemplar conserva un escudo cefálico de aproximadamente cinco centímetros de longitud, pero sus grandes prolongaciones laterales habrían llevado el ancho total del animal hasta unos 14,3 centímetros. Vista desde arriba, esa forma recuerda a un murciélago con las alas extendidas, motivo por el que ha recibido el apodo de “pez Batman”.

Su extraña cabeza no era solo una rareza
Lo más interesante del fósil no es únicamente su aspecto, sino la función que pudo cumplir aquella estructura. Para averiguarlo, los investigadores reconstruyeron digitalmente al animal y estudiaron cómo habría interactuado su cuerpo con el agua.
El equipo utilizó simulaciones de dinámica de fluidos computacional, una técnica que permite calcular cómo se distribuyen las fuerzas sobre un objeto en movimiento. En las pruebas, hicieron circular agua alrededor del modelo a una velocidad de 0,3 metros por segundo y analizaron diferentes ángulos de ataque.
Los científicos se centraron especialmente en dos variables: la sustentación que podía generar el animal y la resistencia que encontraba al avanzar.
Los resultados fueron sorprendentes. Con un ángulo de ataque de 10 grados, Bataspis crux alcanzó una relación entre sustentación y resistencia superior a 4,5, claramente por encima de los demás galeáspidos incluidos en el análisis.
Una especie de “ala” bajo el agua
La explicación parece estar en las grandes prolongaciones de su cabeza, conocidas como procesos cornuales. Su geometría habría provocado que el agua circulara de forma diferente por la superficie superior e inferior, generando una diferencia de presión.
El principio recuerda, en cierta medida, al funcionamiento de un perfil alar: una diferencia en el flujo del fluido puede producir una fuerza de sustentación.
Además, la forma curvada del escudo cefálico habría ayudado a reducir parte de la resistencia y proporcionado una mayor estabilidad durante el desplazamiento en línea recta. Esa ventaja probablemente tenía un precio. Una anatomía tan especializada para mantener un movimiento estable podría haber reducido su capacidad para realizar giros muy rápidos o cambios bruscos de dirección.

Los primeros vertebrados eran más complejos de lo que parecía
Durante mucho tiempo, los galeáspidos fueron imaginados como animales relativamente lentos y con una capacidad de movimiento limitada. Sin embargo, el análisis de Bataspis crux plantea una imagen bastante diferente.
Las simulaciones sugieren que este pez primitivo podía mantener un desplazamiento eficiente tanto cerca del fondo como en zonas más abiertas del agua. Esto demuestra que, incluso antes de la aparición de mandíbulas y de las aletas pares características de muchos peces modernos, algunos vertebrados ya habían desarrollado soluciones anatómicas sofisticadas para mejorar su locomoción.
El fósil analizado había sido recuperado durante la década de 1980, pero las técnicas actuales de reconstrucción y simulación permitieron estudiar ahora con mayor detalle su peculiar anatomía.
El descubrimiento, publicado en la revista Palaeontology, muestra que la evolución experimentó muy pronto con formas corporales extraordinarias. En el caso de Bataspis crux, la solución fue especialmente curiosa: convertir su propia cabeza en una estructura capaz de ayudarlo a desplazarse por el agua.