La diatomea Arachnoidiscus es un organismo unicelular que vive en los bosques marinos tropicales. Las diatomeas son famosas por sus formas simétricas, como se puede observar perfectamente en la imagen.
La imagen era irresistible: una muralla natural cediendo y el Atlántico lanzándose como una cascada monstruosa para llenar el Mediterráneo vacío. Sonaba perfecta. Quizá demasiado perfecta. Nuevas investigaciones están llenando de matices uno de los relatos geológicos más famosos.
Lo que parecía una curiosidad botánica terminó convirtiéndose en una señal poderosa. Un musgo soportó vacío, radiación y temperaturas extremas en el espacio, y ahora abre una ruta inesperada para reverdecer otros mundos.
Durante décadas, la humanidad viajó a la Luna, recogió rocas y regresó con tesoros científicos. Aun así, seguía faltando una pieza crucial. La encontró el azar en África: un meteorito lunar caído en la Tierra desde una época casi borrada del registro.
Durante años parecieron los objetos más simples y extremos del cosmos: compactos, lisos e indiferentes a cualquier intento externo de alterarlos. Un nuevo trabajo sugiere que esa imagen estaba incompleta y que, en ciertas condiciones, también ceden.
Algunas misiones espaciales dejan rocas, fotografías o datos científicos. Otras dejan algo más inesperado: árboles. En Texas ya crece uno nacido de una semilla que salió de la Tierra, superó la órbita lunar y regresó para empezar una segunda vida en suelo firme.
Durante años enviamos robots a recorrer el polvo rojo de Marte, perforar rocas y analizar cráteres. Pero la respuesta más importante podría no estar arriba. Un nuevo proyecto quiere descender donde casi no hemos mirado nunca: el interior volcánico del planeta.