Hace casi seis millones de años, el estrecho de Gibraltar no era el corredor marino que conocemos hoy. Estaba cerrado o muy restringido, lo que aisló al Mediterráneo del Atlántico y desencadenó la llamada crisis de salinidad del Messiniense.
El resultado fue extraordinario: una intensa evaporación, enormes acumulaciones de sal y un mar profundamente transformado. Lo que vino después se convirtió en leyenda científica.
El relato clásico: una megacascada que lo cambió todo

Durante mucho tiempo, la explicación dominante fue espectacular. Tras cientos de miles de años de aislamiento, un colapso tectónico habría reabierto Gibraltar y provocado la llamada Megainundación Zancliense. La escena parecía salida de una superproducción: una entrada masiva de agua atlántica excavando cañones, arrasando barreras y rellenando el Mediterráneo en meses o pocos años.
Un estudio publicado en Nature en 2009 reforzó esa visión con modelos capaces de explicar cicatrices erosivas en el fondo marino y flujos gigantescos de agua. Y desde entonces, la imagen de la catarata colosal se quedó con el protagonismo.
El problema de las historias demasiado simples

La geología rara vez funciona como un titular perfecto. Estudios más recientes, especialmente revisiones publicadas en 2025, sugieren que la conexión entre Atlántico y Mediterráneo pudo mantenerse parcialmente durante parte de ese periodo. Eso cambia bastante el cuadro.
Si existían intercambios de agua intermitentes o filtraciones, entonces Gibraltar quizá no fue un muro sellado que un día explotó. Podría haber sido un sistema variable de pasos restringidos, umbrales y cierres parciales. En otras palabras: menos interruptor, más regulador.
La paradoja del Mediterráneo salado

Entonces surge una gran pregunta: si no estaba completamente aislado, ¿cómo acumuló tanta sal? Aquí aparece la llamada paradoja del Mediterráneo. Según varias hipótesis, los cambios climáticos, la evaporación intensa y el aporte de ríos europeos y africanos permitieron mantener niveles de agua mientras aumentaba muchísimo la salinidad.
Eso significa que quizá no hubo un Mediterráneo totalmente seco como muchas recreaciones mostraban, sino una cuenca cambiante, con zonas profundas, lagos salinos y conexiones inestables.
La verdad puede estar en el punto medio
La ciencia no está diciendo que no hubo una inundación rápida. Lo que discute es la versión simplificada de una única catarata apocalíptica resolviendo todo de golpe.
Lo más probable es un escenario mixto: fases de cierre y reconexión, procesos tectónicos continuos y, al final, una entrada potente de agua que terminó restableciendo el dominio atlántico. Suena menos cinematográfico, sí. Pero también mucho más fascinante. Porque la Tierra casi nunca hace las cosas de forma sencilla.