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Ciencia

Durante casi un siglo nadie había descrito nuevas arañas de mar en estas aguas. Ahora aparecieron dos: una tiene “patas peludas” y la otra carga un pequeño ecosistema encima

Científicos encontraron dos nuevas especies de arañas de mar frente a la costa de Canadá. Una tiene ojos rojos y patas cubiertas de espinas; la otra vive recubierta de diminutos parásitos.
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Durante inmersiones de apenas 18 metros de profundidad frente a la costa occidental de Canadá, un grupo de científicos encontró algo que llevaba muchísimo tiempo sin ocurrir en la región: dos arañas de mar que la ciencia todavía no había descrito.

Se llaman Callipallene pilosuspedes y Tanystylum kiixin y son las primeras especies nuevas de estos animales descritas en el mar de Salish en casi un siglo. Los investigadores las recolectaron entre septiembre de 2023 y agosto de 2024 en diferentes puntos de Columbia Británica, incluidos Vancouver, Victoria, Bamfield e isla Quadra. Y si sus nombres resultan extraños, su anatomía lo es todavía más.

No son exactamente arañas, aunque tampoco ayudan mucho a olvidarlo

Durante casi un siglo nadie había descrito nuevas arañas de mar en estas aguas. Ahora aparecieron dos: una tiene “patas peludas” y la otra carga un pequeño ecosistema encima
© Cormac Toler-Scott.

Las arañas de mar, o picnogónidos, son artrópodos exclusivamente marinos emparentados con arañas, escorpiones y cangrejos herradura. Su linaje se remonta aproximadamente 500 millones de años y algunas especies pueden tener hasta 12 patas. Respiran a través de la superficie de su cuerpo y utilizan una probóscide para alimentarse de otros organismos.

El equipo de la Universidad de Columbia Británica no se limitó a observar ejemplares con aspecto extraño. Utilizó microscopía electrónica y análisis genéticos para estudiar siete especies de la región, cinco ya conocidas y las dos nuevas. El trabajo, publicado en Organisms Diversity & Evolution, produjo además una guía para identificar los picnogónidos del mar de Salish y de la costa occidental de la isla de Vancouver.

La primera nueva especie es probablemente la más llamativa. Callipallene pilosuspedes debe su nombre a las largas espinas curvadas que recubren la parte inferior de sus patas y hacen que parezcan peludas.

Tiene además ojos rojos, una probóscide corta con pequeñas garras y una boca triangular con tres labios, rodeada por estructuras sensoriales. El detalle quizá más curioso está en sus ovígeros, unos apéndices que los machos utilizan para transportar los huevos.

Una puede literalmente peinarse las patas

Durante casi un siglo nadie había descrito nuevas arañas de mar en estas aguas. Ahora aparecieron dos: una tiene “patas peludas” y la otra carga un pequeño ecosistema encima
© Cormac Toler-Scott.

En C. pilosuspedes, esos apéndices son tan flexibles que cumplen una segunda función. Bajo el microscopio, los investigadores observaron cómo el animal los enrollaba alrededor de sus propias patas y utilizaba pequeñas estructuras similares a peines para limpiarse el cuerpo.

Sin embargo, hay una limitación importante: hasta ahora los científicos han encontrado un único ejemplar de esta especie. Eso significa que todavía queda por conocer cuánto puede variar su anatomía entre individuos.

La segunda especie tomó un camino bastante distinto. Tanystylum kiixin, cuyo nombre procede de un antiguo asentamiento indígena cercano al lugar donde aparecieron los primeros ejemplares, posee ovígeros mucho más pequeños y menos flexibles. Eso dificulta que pueda limpiarse con la misma eficacia.

La araña que lleva otros organismos encima

La consecuencia es visible bajo el microscopio. Los investigadores encontraron ejemplares de T. kiixin cubiertos de restos y diminutos protistas parásitos.

Es una situación especialmente peculiar porque estas arañas de mar pueden vivir a su vez asociadas a otros organismos marinos. T. kiixin, por ejemplo, apareció estrechamente relacionada con el hidrozoo Plumularia setacea. El investigador Cormac Toler-Scott lo resumió como un “ecosistema dentro de un ecosistema dentro de un ecosistema”. 

El hallazgo también expone un problema menos llamativo que sus tres labios o sus patas peludas: sabemos sorprendentemente poco sobre los invertebrados que viven en estas aguas.

Toler-Scott comenzó precisamente buscando información sobre cómo el cambio climático y la actividad humana estaban afectando a las arañas de mar del Salish. Se encontró con que faltaba incluso el paso anterior: saber exactamente qué especies viven allí.

Después de una sola temporada de trabajo de campo aparecieron dos nuevas. Para el investigador, eso es una pista bastante clara de que todavía quedan más esperando ser identificadas.

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