Un equipo de arqueólogos que trabaja desde hace décadas en la zona de Tel Malata, al noreste del desierto del Néguev (Israel), ha desenterrado recientemente tres tumbas de 1.500 años de antigüedad que contienen objetos funerarios de excepcional rareza. Se trata de colgantes tallados en ébano de Ceilán y hueso, con detalles faciales que muestran claramente rasgos africanos. Los investigadores creen que los individuos enterrados —dos mujeres jóvenes y un niño— podrían haber sido africanos o descendientes de africanos convertidos al cristianismo y asentados en la región durante la época bizantino-romana.
Tumbas africanas en tierras bíblicas: un hallazgo que reescribe el mapa cultural del siglo VI

Los restos fueron localizados en una necrópolis próxima al yacimiento arqueológico de Tel Malata, una zona documentada como asentamiento desde la Edad del Bronce Medio. La reciente publicación de estos hallazgos en la revista ‘Atiqot ha provocado un auténtico revuelo en el ámbito de la arqueología mediterránea.
Según los especialistas, el hecho de hallar figurillas con evidentes características africanas junto a cuerpos enterrados bajo ritos cristianos es altamente significativo. Refuerza la hipótesis de que en esta región, en pleno cruce de rutas comerciales, convivieron diferentes etnias y culturas, entre ellas comunidades africanas cristianizadas que llegaron por vía terrestre o marítima desde regiones situadas al sur del Sáhara.
Ébano de Sri Lanka en el desierto israelí: el comercio de lujo que conectaba tres continentes
Uno de los aspectos más sorprendentes del hallazgo es el material de algunas figurillas: ébano negro procedente de Ceilán, actual Sri Lanka. Este tipo de madera dura, muy valorada desde la Antigüedad por su resistencia y belleza, solo crece en ciertas zonas del sur de Asia. Su presencia en Israel demuestra que ya en el siglo VI d.C. existían rutas comerciales consolidadas entre Asia, África y Oriente Próximo.
Tel Malata fue en su día un enclave estratégico en estas rutas. Desde la época romana temprana, funcionaba como mansión fortificada, y posteriormente se transformó en centro administrativo y punto neurálgico del comercio regional. Los hallazgos confirman que artículos de lujo, como el ébano, circulaban entre manos privilegiadas e incluso llegaban a formar parte de los ajuares funerarios.
El lenguaje de los objetos: lo que revelan las figurillas de hueso y ébano

Las cinco figuras recuperadas —dos de ébano y tres de hueso— poseen características que permiten reconstruir detalles personales y sociales de los difuntos. Las piezas de hueso son frecuentes en contextos funerarios antiguos, pero las de ébano son extremadamente escasas. Su elaboración minuciosa y el lugar en el que fueron colocadas dentro de las tumbas sugieren un valor simbólico elevado, posiblemente con un componente identitario o religioso.
En la tumba de una mujer joven (entre 18 y 21 años), se encontró una figurilla femenina de hueso, junto a un brazalete de bronce y recipientes de vidrio.
En otra sepultura, de una mujer de entre 20 y 30 años, se hallaron dos jarras de alabastro, una figura parcial femenina de hueso y un colgante de ébano que muestra un rostro de mujer con rasgos africanos típicos.
La tumba más impactante pertenece a un niño de entre 6 y 8 años. Fue enterrado con joyas de bronce y dos figurillas: una de hueso y otra de ébano. Esta última muestra un rostro y torso masculinos con pelo largo, también con marcados rasgos africanos.
Los expertos creen que el parecido estilístico y de tamaño entre las figuras encontradas en la tumba del niño y la mujer anterior apunta a un vínculo materno-filial.
Un testimonio de diversidad étnica y mestizaje religioso en tiempos del Imperio Bizantino
El contexto histórico en el que se produjeron estos enterramientos coincide con una etapa de expansión del cristianismo bajo el Imperio Bizantino. Los arqueólogos consideran probable que los individuos hallados fueran parte de una comunidad cristiana africana, bien integrada en el entramado social de la región, pero que conservaba elementos culturales propios.
Este tipo de hallazgos refuerza la idea de que, lejos de ser homogéneas, las sociedades antiguas eran profundamente mixtas, tanto en términos étnicos como religiosos. Las tumbas muestran no solo la adopción del cristianismo, sino también la conservación de objetos que refuerzan una identidad africana visible, incluso en la muerte.
Un hallazgo que conecta culturas y humaniza la historia
El descubrimiento en Tel Malata constituye una valiosa aportación a la comprensión del pasado. No solo por la rareza del material encontrado, sino por lo que simboliza: la interacción entre pueblos, la movilidad de personas y objetos, y la complejidad cultural de un mundo antiguo que, en muchos aspectos, era tan globalizado como el actual.
Estos entierros nos hablan de personas reales, con vínculos familiares, creencias y objetos que representaban su historia y sus raíces. A través de estos pequeños colgantes, la arqueología nos ofrece un viaje a un pasado donde África, Asia y Europa se entrelazaban más de lo que imaginamos.
[Fuente: Diario Uno]