Saltar al contenido

El eco más profundo del universo acaba de hablar. LIGO ha escuchado la colisión de dos agujeros negros y con ella confirma una ley propuesta por Hawking hace medio siglo

El observatorio detectó una señal tres veces más clara que la primera observación histórica de 2015. Por primera vez, la superficie combinada de los agujeros negros demuestra que el cosmos obedece la regla que dice que su área jamás puede disminuir.

A lo largo de los años, los físicos miraron al cielo esperando una señal que uniera la teoría y la realidad. El 14 de enero de 2025, esa señal llegó: una onda gravitacional nítida, limpia, proveniente de una colisión ocurrida hace 1 300 millones de años. Dos agujeros negros chocaron, se fundieron y el espacio-tiempo vibró como una campana cósmica.

Lo que captó el observatorio LIGO no solo es la fusión más clara registrada hasta la fecha, sino la confirmación de una de las ideas más brillantes de Stephen Hawking.

Una vibración en el tejido del espacio-tiempo

La señal más nítida de una fusión de agujeros negros jamás registrada. Y con ella, la física acaba de confirmar que Stephen Hawking tenía razón
© NASA, R. Hurt/Caltech-JPL.

La señal fue bautizada GW250114. En ella, los interferómetros láser de LIGO detectaron oscilaciones mil veces más pequeñas que un protón, una proeza tecnológica que convierte a los observatorios de ondas gravitacionales en los instrumentos más precisos jamás construidos.

El patrón reveló dos agujeros negros de entre 30 y 40 masas solares girando en espiral hasta fusionarse en un único monstruo cósmico de unas 63 masas solares. La relación señal-ruido fue tres veces superior a la primera detección histórica de 2015, lo que hace de GW250114 la observación más potente y nítida de la historia.

Hawking tenía razón

La señal más nítida de una fusión de agujeros negros jamás registrada. Y con ella, la física acaba de confirmar que Stephen Hawking tenía razón
© NASA.

El análisis posterior permitió calcular el área combinada de los agujeros negros antes y después de la fusión. El resultado fue inequívoco: la superficie total aumentó de unos 240 000 km² (aproximadamente el tamaño del Reino Unido) a 400 000 km² (casi el tamaño de Suecia).

Ese crecimiento confirma con un 99,999 % de certeza el teorema del área, formulado por Hawking en 1971, que establece que el área total de los horizontes de eventos de los agujeros negros nunca puede disminuir. En otras palabras: el universo puede colapsar, explotar o estirarse, pero la superficie de un agujero negro solo puede crecer.

Una sinfonía invisible

Lo más asombroso es que esta prueba llegó a través de ondas tan débiles que deforman el espacio-tiempo menos que el ancho de un átomo. Sin embargo, dentro de esas oscilaciones diminutas viaja la información de cataclismos inconcebibles. Cada interferómetro de LIGO, con sus brazos de 4 kilómetros, funciona como un oído cósmico: capta la expansión y contracción del espacio cuando una onda gravitacional pasa, transformando vibraciones invisibles en datos que cuentan una historia.

Una ventana que no se cerrará

La detección de GW250114 no solo consolida la relatividad de Einstein y el legado de Hawking: marca el inicio de una nueva fase. Con el futuro observatorio LISA, que operará desde el espacio con brazos de millones de kilómetros, los científicos esperan escuchar ondas aún más antiguas, incluso las que surgieron en los primeros segundos del universo.

Si el cosmos tiene memoria, cada colisión deja una nota. Y LIGO acaba de enseñarnos que, aunque el espacio sea mudo para nuestros oídos, el universo siempre ha estado cantando.

También te puede interesar