Eileen Collins, la primera mujer en pilotar y comandar el transbordador espacial, no estaba convencida de que su vida mereciera un documental. Durante el estreno del largometraje, Collins explicó que inicialmente rechazó la idea. “Al final, acepté porque entendí que no se trataba solo de mí. Mi historia, al venir de una familia sin recursos, podría inspirar a otros,” comentó.
El documental, dirigido por Hannah Berryman, se basa parcialmente en la autobiografía de Collins, Through the Glass Ceiling to the Stars. La película detalla cómo Collins superó barreras en un campo dominado por hombres y las dificultades que enfrentó en su carrera. Desde pequeña soñaba con ser piloto, aunque las limitaciones económicas la obligaron a trabajar para pagar sus lecciones de vuelo. En 1978, ingresó en la Fuerza Aérea de los EE. UU., solo tres años después de que se permitiera el entrenamiento de mujeres como pilotos. Ese mismo año, la NASA seleccionó a su primera generación de astronautas femeninas, entre las que destacaba Sally Ride, quien voló al espacio en 1983.
Collins se unió a la NASA en 1990 y pilotó el transbordador en 1995, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo. Tres años después, fue nombrada comandante de la misión que desplegó el Observatorio de Rayos X Chandra, rompiendo más barreras. En 2005, lideró la misión Return to Flight tras la tragedia del Columbia, que marcó su último vuelo.

Eileen Collins y el desafío de liderar el regreso al espacio
El documental muestra cómo Collins manejó la presión de liderar una misión crucial mientras equilibraba su vida familiar, especialmente con su hija de siete años en ese momento. También profundiza en los riesgos del transbordador Discovery, cuyo lanzamiento fue retrasado años para mejorar la seguridad. A pesar de las precauciones, la nave sufrió daños durante el despegue similares a los que causaron la tragedia del Columbia. Collins y su equipo realizaron maniobras innovadoras, como un giro de 360 grados en el espacio para inspeccionar el daño, asegurando un regreso seguro a la Tierra.
Collins reflexiona sobre el avance de la tecnología en las naves espaciales, destacando que, aunque la automatización ha mejorado la seguridad, ha restado emoción al pilotaje. “Hoy en día, no necesitas ser piloto para volar una nave. Es más seguro, pero no tan emocionante como controlarla tú mismo,” explicó.
Tras casi dos décadas desde su último vuelo, Collins admite que extraña la sensación de ingravidez y las vistas desde el espacio, aunque no la falta de pizza. “Dejar la NASA fue triste, me encantaría volar al espacio de nuevo. Es realmente divertido allá arriba,” concluyó.