Mover masas gigantescas sobre la superficie de la Tierra tiene consecuencias. A veces son visibles inmediatamente: inundaciones, alteraciones ecológicas o cambios en el paisaje. Otras veces ocurren a una escala tan extrema que parecen imposibles de percibir. La rotación del planeta pertenece precisamente a esa categoría. Y aun así, la NASA hizo los cálculos.
Según evaluaciones realizadas por el geofísico Benjamin Fong Chao, del Centro Goddard de la NASA, el llenado completo de la Presa de las Tres Gargantas en China puede ralentizar ligeramente la rotación terrestre y hacer que los días duren un poco más.
El efecto es diminuto (apenas 0,06 microsegundos adicionales por día), pero suficiente para demostrar algo bastante inquietante: la actividad humana ya es capaz de alterar incluso algunos de los equilibrios físicos más fundamentales del planeta.
La Presa de las Tres Gargantas es tan enorme que cuesta visualizar su escala real

La megaestructura está construida sobre el río Yangtsé, el más largo de Asia y uno de los sistemas fluviales más importantes del planeta. El embalse atraviesa la región conocida como las Tres Gargantas, una zona montañosa del centro de China formada por los desfiladeros de Qutang, Wu y Xiling.
Las cifras ayudan a entender la magnitud del proyecto. La presa mide 2.335 metros de largo y 185 metros de altura. Su central hidroeléctrica tiene una potencia instalada de 22.500 MW, suficiente para convertirla en la planta hidroeléctrica más poderosa del mundo. Y el volumen de agua que puede almacenar es gigantesco: unos 40 kilómetros cúbicos de agua, equivalentes a 40 billones de litros.
Ese detalle es precisamente el que interesa a la NASA. Porque cuando una masa tan colosal cambia de posición sobre la superficie terrestre, también cambia ligeramente la distribución del peso del planeta.
La clave está en una propiedad física llamada “momento de inercia”
El fenómeno funciona de una manera parecida a un patinador artístico girando sobre hielo. Cuando el patinador acerca los brazos al cuerpo, gira más rápido. Cuando los extiende, rota más lentamente. Todo depende de cómo se distribuye la masa alrededor del eje de giro. La Tierra funciona bajo el mismo principio.
Los científicos llaman a esta propiedad “momento de inercia”, y describe la resistencia de un cuerpo a modificar su velocidad de rotación dependiendo de cómo está distribuida su masa.
Al llenar la Presa de las Tres Gargantas, una enorme cantidad de agua queda retenida a cierta altura y distancia respecto al eje terrestre. Eso altera mínimamente el momento de inercia del planeta y provoca una desaceleración casi imperceptible de la rotación.
El resultado: los días se vuelven ligeramente más largos. Muy ligeramente.
El efecto es minúsculo, pero completamente real
La diferencia calculada por la NASA es de apenas 0,06 microsegundos por día. Es una cantidad tan pequeña que resulta imposible de notar en la vida cotidiana. Para ponerlo en contexto, un microsegundo equivale a una millonésima de segundo.
Sin embargo, el fenómeno tiene enorme valor científico porque demuestra hasta qué punto procesos humanos masivos pueden alterar dinámicas planetarias globales. Y no es el único caso conocido.
Grandes terremotos y el deshielo polar también modifican la rotación terrestre

Uno de los ejemplos más famosos ocurrió tras el terremoto y tsunami de Indonesia de 2004. Aquel evento tectónico redistribuyó enormes masas dentro de la corteza terrestre y desplazó ligeramente el Polo Norte. Como consecuencia, la rotación del planeta se aceleró levemente y la duración del día se redujo unos 2,68 microsegundos. En el caso de la presa china ocurre exactamente lo contrario: al redistribuir agua lejos del eje terrestre, la rotación se vuelve un poco más lenta.
El derretimiento de los polos también influye. A medida que el hielo se funde y el agua se desplaza hacia los océanos ecuatoriales, cambia nuevamente la distribución de masa global. Ese fenómeno está alterando progresivamente el eje de rotación terrestre. Y la intervención humana ya empieza a aparecer de manera sorprendentemente clara en estos cálculos.
Incluso la extracción de agua subterránea está desplazando el eje de la Tierra
Uno de los datos más llamativos mencionados por los investigadores tiene que ver con los acuíferos. Entre 1993 y 2010, la humanidad extrajo aproximadamente 2.150 gigatoneladas de agua subterránea destinadas a agricultura, industria y consumo humano. Ese desplazamiento masivo de agua terminó elevando ligeramente el nivel del mar y moviendo el eje terrestre unos 80 centímetros hacia el este.
La cifra parece absurda, pero refleja algo importante: el planeta responde físicamente a la redistribución masiva de recursos naturales. Y eso obliga a mirar ciertas infraestructuras humanas desde otra escala completamente distinta.
La Presa de las Tres Gargantas también revela la enorme voracidad energética de China
Hay otro detalle fascinante detrás de toda esta historia, cuenta Matías Zavia en Xataka. A pesar de ser la central hidroeléctrica más potente jamás construida, las Tres Gargantas apenas generan alrededor del 1% de toda la electricidad anual consumida por China.
Eso da una idea brutal de la escala energética del país. Y China ya está preparando algo todavía más ambicioso: la futura central hidroeléctrica de Medog, en el Tíbet, proyectada para superar ampliamente la capacidad de las Tres Gargantas cuando entre en funcionamiento en la próxima década.
El verdadero hallazgo quizá no sea el microsegundo extra, sino lo que simboliza
Nadie va a notar que el día dura 0,06 microsegundos más por culpa de una presa. Pero el dato funciona como una señal bastante poderosa.
Porque durante mucho tiempo pensamos que fenómenos como la rotación terrestre, el desplazamiento de los polos o el equilibrio físico del planeta pertenecían exclusivamente a escalas geológicas o astronómicas imposibles de alterar por la actividad humana.
Ahora empezamos a descubrir algo distinto. Que nuestra especie ya mueve suficiente masa, agua y energía como para dejar huellas medibles incluso en algunos de los mecanismos más fundamentales de la Tierra.