Durante años, las imágenes de osos polares delgados sobre placas de hielo resquebrajadas se usaron como símbolo del cambio climático. Hoy, esas imágenes no son solo impactantes: son un reflejo exacto de una realidad que amenaza su existencia. Un estudio canadiense acaba de documentar con precisión cómo la falta de hielo marino afecta su alimentación, reproducción y supervivencia. Y los resultados no dejan lugar a dudas.

Menos hielo, menos focas, más hambre
Investigadores de la Universidad de Toronto Scarborough han utilizado un nuevo modelo bioenergético para analizar el declive de la población de osos polares en la Bahía de Hudson, al norte de Canadá. Entre 1990 y 2021, el número de ejemplares pasó de 1.200 a apenas 600. ¿La razón principal? El deshielo. Cada década, la temporada de caza sobre hielo se reduce en unos 10 días, lo que se traduce en tres o cuatro semanas menos para alimentarse.
Sin hielo marino, los osos se ven forzados a desplazarse a tierra, donde casi no pueden cazar. Las focas, su presa natural, nadan demasiado rápido en aguas abiertas. El resultado es un desgaste energético que impide a las hembras ganar la grasa necesaria para reproducirse y alimentar a sus crías.
Osos más pequeños, menos crías, más muertes
El estudio —basado en casi 3.000 ejemplares y más de 5.000 registros— muestra que las hembras pesan hoy 39 kilos menos que hace 37 años. Los cachorros, 26 kilos menos. Las camadas se reducen hasta en un 11% y los intervalos entre nacimientos pasan de dos a tres años. Todo apunta a una causa: la malnutrición.

La mortalidad también aumenta. Muchas crías no sobreviven al destete porque sus madres no logran alimentarlas lo suficiente. Además, al llegar más débiles al verano, tanto adultas como jóvenes mueren con mayor frecuencia por falta de reservas energéticas.
Tierra firme, conflictos y un futuro incierto
La pérdida de hielo no solo afecta a los osos: también incrementa su presencia en zonas habitadas. El Centro de Datos de Nieve y Hielo de EE. UU. ha registrado la menor extensión de hielo en enero desde que existen datos satelitales. Esto lleva a los osos a acercarse a asentamientos humanos en busca de comida, aumentando el riesgo de conflictos.
Investigadores advierten que el patrón observado en la Bahía de Hudson podría repetirse en otras regiones del Ártico si el deshielo continúa. Y aunque las soluciones requieren cambios globales, una parte clave será integrar el conocimiento de las comunidades indígenas que llevan generaciones conviviendo con estos animales.
Fuente: La Vanguardia.