España y Francia avanzan en la construcción de una línea eléctrica de alta tensión que promete duplicar su capacidad de interconexión y facilitar el intercambio de energía renovable. Sin embargo, el impacto ambiental y social del proyecto ha desatado una ola de protestas entre comunidades y activistas locales.
Una conexión clave para el futuro energético

El proyecto busca unir las subestaciones de Cubnezais, en Francia, y Gatika, en España, a través de un cable de 400 kilómetros que combina tramos submarinos y terrestres. Esta infraestructura permitirá gestionar excedentes de energía solar de España y aprovechar la electricidad eólica generada en Francia, fortaleciendo la cooperación transfronteriza en el marco de los objetivos de la Unión Europea.
Con una capacidad de 5.000 MW, equivalente a la producción de cinco reactores nucleares, la línea aliviará la saturación actual y mejorará la eficiencia energética de ambos países.
El costo ambiental y la oposición local

A pesar de sus beneficios, el proyecto enfrenta críticas por su impacto en áreas protegidas y cercanas a comunidades locales. El trazado terrestre atraviesa zonas de Las Landas, conocidas por su biodiversidad y paisajes naturales, generando preocupación entre residentes y organizaciones ambientalistas.
Grupos como Stop THT 40 y France Hydrodiversité alertan sobre los riesgos para la hidrodinámica marina y el ecosistema costero, mientras exigen alternativas al trazado actual.
Protestas y alternativas

La resistencia local ha cobrado fuerza con acciones directas, como la instalación de plataformas en árboles para detener las obras. Activistas demandan un trazado que minimice el impacto, aunque las autoridades descartan opciones como seguir la autopista A63 debido a dificultades técnicas.
Este proyecto pone en juego un delicado equilibrio entre el avance energético y la protección ambiental. ¿Será posible encontrar una solución que satisfaga a todas las partes?