Antes de que el telescopio Neil Gehrels Swift desapareciera en la atmósfera, la NASA tomó una decisión insólita: dejar su rescate en manos de una compañía privada. Tras veinte años observando los fenómenos más energéticos del universo, Swift había descendido a una órbita peligrosa. Ahora, una misión inédita pretende devolverlo a 600 kilómetros de altura y prolongar su vida útil.
Un observatorio esencial al borde de la reentrada
Swift se lanzó en 2004 para detectar estallidos de rayos gamma, explosiones tan violentas que liberan más energía que el Sol en miles de millones de años. Pero sin propulsores propios, la fricción atmosférica fue bajando su altitud hasta los 400 kilómetros, una zona en la que la caída es cuestión de tiempo.
La NASA calculó que la pérdida del telescopio significaría mucho más que la desaparición de un instrumento científico: supondría renunciar a un tipo de observación que ningún observatorio ha logrado reemplazar por completo. Con el tiempo agotándose, la agencia optó por una vía inédita.

Un cohete lanzado desde un avión y una operación contrarreloj
La empresa Katalyst Space Technologies será la responsable de la misión. Utilizará un Pegasus XL, un cohete que despega desde el vientre de un avión L-1011 Stargazer a 12.000 metros de altura. Ese lanzamiento aéreo permite adaptar la trayectoria con rapidez y ofrecer un margen temporal extremadamente reducido: apenas ocho o nueve meses entre contrato y despegue.
Una vez en órbita, la nave de Katalyst empleará tres brazos robóticos diseñados para capturar a Swift, pese a que el telescopio nunca fue preparado para recibir mantenimiento. No tiene puntos de acoplamiento, zonas reforzadas ni superficies pensadas para un agarre seguro.
El reto técnico: capturar lo que no quiere ser capturado
Los ingenieros construyeron la estrategia a partir de fotografías previas al lanzamiento original, planos históricos y entrevistas con expertos que participaron en su diseño. Identificaron un punto viable de sujeción, además de alternativas por si las condiciones reales del satélite no permiten la aproximación prevista.
Antes de cualquier contacto, la nave pasará entre dos y tres semanas inspeccionándolo en detalle. La geometría de Swift cambia según su orientación y su descenso orbital continúa día a día, así que cualquier desviación obligará a modificar la maniobra sobre la marcha.
@Katalystspace is using our Pegasus XL rocket for their upcoming @NASA Swift Observatory Mission. Learn more here: https://t.co/CwU1NUiiCM pic.twitter.com/FqhgKtddXw
— Northrop Grumman (@NGCNews) November 19, 2025
Si funciona, será el inicio de una nueva industria espacial
El objetivo final consiste en elevar a Swift de nuevo hasta los 600 kilómetros. Si la maniobra tiene éxito, el telescopio podría recuperar una década adicional de operaciones científicas.
Pero lo más importante va más allá de Swift: sería la primera vez que una empresa privada captura y reubica un satélite gubernamental no preparado para mantenimiento. Un precedente que abriría la puerta a una nueva industria de “servicios en órbita”, con rescates rápidos, baratos y sin astronautas.
La NASA sabe que el futuro pasa por ahí. Y si este experimento funciona, la historia del mantenimiento espacial cambiará con un telescopio que se niega a morir.
Fuente: Infobae.