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Ciencia

El azúcar que consumes de niño podría dejar una huella en tu salud mental durante décadas

Un estudio realizado con más de 46.000 personas encontró que una menor exposición al azúcar desde la gestación hasta los primeros años de vida se relacionó con un riesgo hasta un 33% menor de desarrollar ansiedad en la edad adulta.
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Los primeros 1.000 días de vida, que abarcan desde la concepción hasta aproximadamente los dos años de edad, constituyen una etapa especialmente importante para el desarrollo del cerebro. Ahora, una investigación sugiere que la cantidad de azúcar consumida durante este periodo podría estar relacionada con la salud mental muchas décadas después.

El estudio, publicado en Translational Psychiatry, aprovechó un episodio histórico poco habitual: el racionamiento de azúcar aplicado en Reino Unido durante y después de la Segunda Guerra Mundial, que terminó en 1953. Esto permitió comparar a personas que estuvieron expuestas a diferentes niveles de disponibilidad de azúcar durante sus primeros meses de vida.

Los resultados muestran una asociación entre una menor exposición temprana al azúcar y un menor riesgo de ansiedad en la edad adulta, aunque los investigadores no establecen que el azúcar sea directamente la causa de estas diferencias.

Un experimento natural que comenzó hace más de 70 años

Investigadores de la Universidad de Surrey analizaron los datos de 46.448 personas nacidas entre 1951 y 1956, un periodo que incluye tanto los últimos años del racionamiento como los posteriores al levantamiento de las restricciones.

El azúcar que consumes de niño podría dejar una huella en tu salud mental durante décadas
© Magnific

Durante el racionamiento, el consumo de azúcar de los adultos estaba limitado a aproximadamente 40 gramos diarios. Una vez terminadas las restricciones, la disponibilidad y el consumo aumentaron rápidamente.

Los científicos compararon a personas que estuvieron expuestas al racionamiento durante la gestación y durante diferentes periodos posteriores al nacimiento con aquellas que nunca estuvieron sometidas a estas restricciones.

Quienes permanecieron bajo el racionamiento durante todo el periodo estudiado de los primeros 1.000 días presentaron un riesgo aproximadamente un 33% menor de desarrollar ansiedad que quienes nunca estuvieron expuestos al racionamiento.

Además, la aparición de la ansiedad tendió a producirse más tarde. La edad mediana fue de aproximadamente 62 años en los grupos con una exposición prolongada al racionamiento, frente a unos 55 años entre quienes nunca estuvieron expuestos.

El cerebro también mostró diferencias

Los investigadores analizaron además imágenes cerebrales para buscar posibles diferencias estructurales relacionadas con las condiciones nutricionales durante los primeros años de vida.

Inicialmente encontraron diferencias en el volumen de materia gris en 80 de las 139 regiones cerebrales analizadas. Tras realizar análisis estadísticos adicionales, 11 de esas regiones mostraron diferencias significativas entre la mayoría de los grupos expuestos al racionamiento y las personas que nunca estuvieron sometidas a él.

Estos resultados respaldan la posibilidad de que la nutrición durante una etapa crítica del desarrollo pueda estar asociada con cambios cerebrales que persisten durante décadas.

¿Qué podría explicar la relación con la ansiedad?

Los primeros años son fundamentales para la formación de circuitos cerebrales relacionados con el estado de ánimo, la respuesta al estrés y el comportamiento. Los autores señalan que investigaciones anteriores han relacionado las dietas con alto contenido de azúcar con alteraciones en sistemas neuronales como el de la serotonina, un neurotransmisor importante para la regulación emocional.

El estudio también encontró que las personas expuestas durante más tiempo al racionamiento mostraban una menor preferencia por los alimentos dulces décadas después, lo que sugiere que los hábitos alimentarios tempranos podrían influir en las preferencias futuras.

Sin embargo, los investigadores advierten que los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo utiliza el fin del racionamiento como un experimento natural, por lo que puede identificar asociaciones especialmente interesantes, pero no demostrar por sí solo que consumir más azúcar durante la infancia provoque ansiedad.

La relación observada con la depresión también fue menos consistente: algunas diferencias dejaron de ser estadísticamente significativas después de aplicar determinados ajustes.

Aun así, el estudio aporta nuevas evidencias de que la alimentación durante los primeros 1.000 días podría tener consecuencias que se extienden mucho más allá de la infancia y refuerza la importancia de seguir investigando cómo la nutrición temprana puede influir en la salud cerebral y mental a largo plazo.

 

 

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