Antes de que la COVID-19 se convirtiera en una crisis global, un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias ya estaba trabajando en una tecnología que hoy parece adelantada a su tiempo. Durante los primeros meses de 2020, el profesor Roy Bar-Ziv y su laboratorio comenzaron a desarrollar un biochip de ADN capaz de analizar, con gran precisión y rapidez, la interacción entre virus y anticuerpos humanos.
El resultado es un biochip acelular y genéticamente programable, descrito recientemente en Nature Nanotechnology, que podría cambiar de forma radical la manera en que la ciencia estudia nuevas enfermedades infecciosas.
Un laboratorio inmunológico en miniatura
Comprender cómo responde el sistema inmunitario a un virus no es sencillo. Los métodos tradicionales requieren producir y purificar proteínas virales una a una, un proceso lento que puede llevar días o semanas. En situaciones de emergencia sanitaria, ese tiempo resulta crítico.
El biochip del Instituto Weizmann simplifica todo el proceso. En lugar de trabajar con proteínas prefabricadas, el propio chip produce las proteínas virales directamente sobre su superficie de silicio. Cada sección contiene ADN con las instrucciones necesarias para generar una proteína específica o un fragmento viral.
Con una sola gota de suero, el chip puede analizar simultáneamente entre 30 y 40 antígenos diferentes, ofreciendo una “huella inmunitaria” detallada de cada persona.
Más sensibilidad que las pruebas convencionales
El dispositivo permite medir no solo si un anticuerpo reconoce un virus, sino también con qué fuerza se une a él. Esta afinidad es clave para evaluar la eficacia real de la respuesta inmunitaria.
Al comparar los resultados con pruebas estándar como ELISA, el equipo descubrió que el biochip detectaba interacciones que los métodos tradicionales pasaban por alto. Esto sugiere que muchas respuestas inmunitarias sutiles podrían estar infravaloradas con las técnicas actuales.
Durante las pruebas con la COVID-19, los investigadores observaron respuestas muy diferentes entre individuos, incluso frente a distintas variantes del virus. Algunos anticuerpos reconocían la cepa original, pero no variantes como Delta u Ómicron, algo fundamental para evaluar la eficacia de vacunas y tratamientos.
Can a pandemic be stopped before it even begins? A new tool developed by Weizmann's researchers could help prepare us for the next viral threat >> https://t.co/OrHzENhj5o pic.twitter.com/JkzdW4fcWw
— Weizmann Institute (@WeizmannScience) December 11, 2025
Una herramienta clave para nuevas terapias
El biochip no solo sirve para análisis diagnósticos. También puede recrear interacciones críticas, como la unión entre la proteína espiga del coronavirus y el receptor humano ACE2, el paso que permite al virus infectar las células.
Esto abre la puerta a probar directamente en el chip posibles anticuerpos o fármacos que bloqueen esa unión. Si la señal disminuye, significa que el tratamiento funciona. Todo ello sin necesidad de experimentos complejos en laboratorio.
Prepararse para la próxima pandemia
El equipo ya colabora con hospitales para seguir la evolución de la respuesta inmunitaria en pacientes y busca integrar inteligencia artificial para diseñar anticuerpos optimizados por ordenador y validarlos rápidamente en el chip.
La visión a largo plazo es clara: si aparece un nuevo virus, bastaría con su secuencia genética para producir sus proteínas en el chip y comenzar el análisis casi de inmediato. Una respuesta científica en tiempo real.
En un mundo donde las pandemias ya no son una hipótesis remota, sino una posibilidad recurrente, este biochip se perfila como una de las herramientas más prometedoras para anticiparse, comprender y actuar con rapidez frente a las amenazas sanitarias del futuro.
Fuente: Infobae.