El nacimiento de un coloso
Casi dos años después de su botadura, China ha oficializado la entrada en servicio del Fujian, su primer portaaviones con catapultas electromagnéticas, una tecnología que solo comparte con el estadounidense USS Gerald R. Ford.
El anuncio marca un punto de inflexión: China pasa de ser una potencia naval regional a un actor con ambiciones oceánicas.
En una ceremonia en el puerto de Sanya (isla de Hainan), Xi Jinping pulsó el botón de lanzamiento simbólico del buque. El gesto, retransmitido por la televisión estatal, escenificó algo más que un acto militar: fue la confirmación de que el poder naval del siglo XXI ya tiene acento chino.
Un salto tecnológico sin precedentes
Con 80.000 toneladas de desplazamiento y capacidad para 60 aeronaves, el Fujian es el mayor barco de guerra jamás construido por China.
Las catapultas electromagnéticas —un sistema que acelera los aviones sin el uso de vapor— permiten lanzar cazas, drones y aeronaves de alerta temprana con mayor cadencia, menor desgaste y máxima eficiencia energética.
Este avance marca el paso definitivo de los sistemas STOBAR (rampa tipo “ski jump”) de los antiguos Liaoning y Shandong a una plataforma de proyección global, completamente diseñada y construida en astilleros chinos.
Pekín abandona así la herencia soviética y presenta su primer portaaviones 100 % nacional, símbolo de autonomía industrial y orgullo tecnológico.

La política detrás del acero
La elección de Hainan como escenario no fue casual. Desde esa base, China controla el acceso al mar de la China Meridional, una zona clave en las rutas comerciales globales y foco de tensiones con EE.UU., Filipinas y Vietnam.
El mensaje de Xi fue claro: China puede defender sus intereses marítimos… y proyectar poder más allá de su litoral.
El Fujian es tanto un arma como una declaración política. Representa el “renacimiento nacional” que Xi Jinping busca inscribir en la historia moderna del país.
En palabras del analista Nick Childs, del IISS: “Es el símbolo visible de una ambición invisible: competir por la hegemonía marítima global”.
Poder y vulnerabilidad en tiempos de drones
Sin embargo, la llegada de este gigante ocurre en un contexto de cambio profundo en la guerra naval.
Los conflictos recientes —desde el mar Negro hasta el mar Rojo— han demostrado que los drones marítimos y misiles hipersónicos pueden neutralizar flotas enteras sin necesidad de poseer un solo portaaviones.
El Fujian es imponente, pero no invulnerable. Los analistas coinciden en que su valor es más disuasivo y simbólico que táctico. En un escenario saturado de misiles de largo alcance, incluso los colosos flotantes pueden convertirse en blancos fáciles.
Aun así, ni China ni Estados Unidos están dispuestos a renunciar a ellos. Los portaaviones siguen siendo embajadas de acero, plataformas móviles capaces de imponer presencia y proyectar fuerza en cualquier punto del planeta.

Un siglo que vuelve al mar
China planea seguir ampliando su flota con un portaaviones nuclear, el futuro Tipo 004, mientras EE.UU. mantiene once unidades activas y Europa intenta conservar presencia con sus buques británicos y franceses.
La nueva carrera naval ya no se libra en número de barcos, sino en quién domina la tecnología que los hace más autónomos, más rápidos y más letales.
El Fujian simboliza esa transición: una mezcla de tradición y modernidad, de poder industrial y fragilidad estratégica.
Su entrada en servicio inaugura una etapa en la que la supremacía no se mide solo por el tamaño del buque, sino por la capacidad de protegerlo en un océano repleto de ojos, satélites y misiles.
El Fujian no es solo un portaaviones. Es la metáfora de una era:
una China que ya no imita, sino que compite;
una geopolítica que se libra tanto en el espacio como en el mar;
y un futuro en el que el poder no solo se mide por el músculo, sino por la ingeniería que lo sostiene.
Fuente: Xataka.