Hay lugares del universo donde encontrar agua resulta sorprendente por la distancia. En el centro de nuestra propia galaxia ocurre justo lo contrario: lo extraordinario es que consiga permanecer allí.
Un equipo internacional de astrónomos ha utilizado el telescopio espacial James Webb para estudiar IRS 3, una estrella evolucionada situada a solo 0,55 años luz de Sagitario A*, el agujero negro supermasivo que domina el centro de la Vía Láctea. Las observaciones han revelado por primera vez agua en la enorme envoltura que rodea al astro, además de polvo rico en oxígeno.
La sorpresa está precisamente en el vecindario. Los centros galácticos están sometidos a radiación intensa y otras condiciones capaces de dificultar la supervivencia de moléculas y polvo. Sin embargo, IRS 3 parece haber encontrado una manera de seguir produciendo y expulsando material en mitad de ese entorno.
Una estrella moribunda está perdiendo una cantidad absurda de materia

IRS 3 se encuentra en la llamada rama asintótica gigante o fase AGB, una de las últimas etapas de la evolución de determinadas estrellas. Se ha convertido en un objeto enorme, frío y luminoso que expulsa sus capas externas mediante intensos vientos estelares. Y en su caso, “intensos” se queda bastante corto.
Los investigadores de la Universidad de Colonia creen que IRS 3 atraviesa una fase de superviento, durante la cual está perdiendo aproximadamente el equivalente a una masa terrestre cada 18 días. Ese material lleva siglos acumulándose alrededor de la estrella y ha creado una envoltura gigantesca.
El tamaño ayuda a entender la escala: la nube de polvo se extiende aproximadamente 10.000 unidades astronómicas desde la estrella. Es decir, unas 10.000 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. Webb ha permitido reconstruir además distintas capas dentro de esa envoltura, con temperaturas que descienden desde unos 1.200 kelvin cerca del astro hasta alrededor de 100 kelvin en las regiones exteriores.
Webb miró su luz y encontró dos cosas inesperadas: silicatos y agua

El descubrimiento llegó gracias a MIRI, el instrumento de infrarrojo medio del James Webb. Los científicos analizaron el espectro de IRS 3 y encontraron dos señales muy marcadas correspondientes a silicatos, compuestos de silicio y oxígeno que demostraron que la estrella es rica en oxígeno y no en carbono, como habían sugerido estudios anteriores.
Después apareció la señal todavía más interesante: agua dentro de su envoltura. No significa que exista un océano flotando cerca del agujero negro ni, por supuesto, que se haya encontrado vida. Lo relevante es químico. Las moléculas de agua están consiguiendo persistir en un entorno que se consideraba extraordinariamente hostil para este tipo de material.
IRS 3 tendría alrededor de seis veces la masa del Sol y unos 72 millones de años, según los modelos elaborados a partir de las observaciones.
El agujero negro no impide que la galaxia siga reciclando sus ingredientes
Ahí está probablemente la parte más importante del hallazgo.
Cuando estrellas como IRS 3 alcanzan el final de sus vidas, devuelven gas y polvo al espacio. Ese material puede incorporarse posteriormente a nuevas nubes, estrellas y sistemas planetarios. Lo que Webb está demostrando es que ese mecanismo de reciclaje puede continuar funcionando incluso muy cerca de un agujero negro supermasivo.
Sagitario A* no está solo. A su alrededor existe uno de los entornos más abarrotados y violentos de nuestra galaxia. IRS 3 está a unos 42.000 unidades astronómicas del agujero negro y, a escala galáctica, eso significa vivir prácticamente en su vecindario. Y allí, mientras se acerca lentamente al final de su existencia, esta estrella está haciendo justo lo contrario de desaparecer sin dejar rastro.
Está repartiendo sus restos por uno de los lugares más extremos de la Vía Láctea. Y entre esos restos, contra lo que cabría esperar, hay agua.