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Ciencia

El cerebro que nunca duerme: cómo se mantiene alerta incluso en el sueño profundo

Aunque el cuerpo parece desconectado durante el sueño profundo, el cerebro mantiene áreas activas que siguen vigilando el entorno. Un estudio del Brigham and Women’s Hospital demuestra que regiones sensoriales y motoras continúan alerta incluso en la fase más profunda del descanso, revelando un delicado equilibrio entre sueño y supervivencia.
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El cerebro dormido que nunca deja de vigilar

Durante siglos se pensó que el sueño profundo era una desconexión total del mundo exterior. Sin embargo, la neurociencia moderna revela una verdad más compleja: incluso mientras dormimos profundamente, el cerebro sigue trabajando.
Un estudio del Brigham and Women’s Hospital, parte del sistema Mass General Brigham, demostró que algunas áreas cerebrales permanecen activas para garantizar nuestra seguridad, aunque la mente consciente se sumerja en reposo.
Publicado en Nature Communications, este hallazgo redefine la comprensión del descanso, mostrando que el cerebro alterna entre la restauración y la vigilancia para mantenernos vivos y preparados ante cualquier amenaza.


El delicado equilibrio entre descanso y alerta

Durante la fase NREM (sin movimientos oculares rápidos), el cuerpo alcanza sus niveles más profundos de descanso. La conciencia disminuye, el metabolismo se desacelera y los músculos se relajan. Pero no todo se apaga: las áreas sensoriales y motoras —encargadas de captar estímulos y coordinar reacciones— siguen consumiendo energía.
Según Jingyuan Chen, investigadora del Athinoula A. Martinos Center for Biomedical Imaging, esta dualidad es esencial:

“El cerebro mantiene un nivel mínimo de vigilancia incluso durante el sueño más profundo. Es una estrategia evolutiva para reaccionar ante ruidos, movimientos o señales de peligro”.

De esta forma, el cerebro prioriza la supervivencia: apaga las funciones de pensamiento abstracto y memoria a largo plazo, pero conserva la capacidad de responder ante sonidos, tactos o estímulos inesperados.

Por qué el cerebro nunca se apaga del todo durante el sueño profundo
© FreePik

Cómo los científicos observaron un cerebro dormido

El equipo del Brigham combinó tres tecnologías de vanguardia para obtener una visión sin precedentes del cerebro dormido:

  • EEG (electroencefalografía) para registrar la actividad eléctrica.

  • fMRI (resonancia magnética funcional) para observar el flujo sanguíneo.

  • fPET-FDG (tomografía por emisión de positrones con fluorodesoxiglucosa) para medir el consumo de glucosa, la principal fuente de energía neuronal.

El estudio se realizó con 23 adultos sanos durante siestas controladas en laboratorio.
Los resultados mostraron que, a medida que el sueño NREM se profundiza, la actividad cerebral global disminuye, pero el flujo sanguíneo y el metabolismo permanecen activos en las zonas sensoriales. En paralelo, aumenta el flujo de líquido cefalorraquídeo, un proceso crucial que ayuda a eliminar desechos metabólicos acumulados durante la vigilia.


Por qué el cerebro necesita mantenerse alerta

Este patrón dual sugiere que el sueño profundo no es un “apagón”, sino una reorganización funcional.
El cerebro reduce el gasto energético en procesos de pensamiento y memoria, pero mantiene encendidos los circuitos que le permiten detectar sonidos o vibraciones externas.
Esta función “guardiana” explicaría por qué una madre puede despertarse con el llanto de su bebé o por qué un ruido inusual interrumpe el descanso más profundo: la mente nunca se desconecta por completo.

Por qué el cerebro nunca se apaga del todo durante el sueño profundo
© FreePik

Implicaciones para la salud y los trastornos del sueño

Comprender cómo el cerebro equilibra descanso y alerta podría mejorar el tratamiento de trastornos del sueño, insomnio y enfermedades neurodegenerativas.
El sueño profundo está directamente vinculado con procesos de reparación neuronal, consolidación de la memoria y limpieza del cerebro.
Alteraciones en este equilibrio podrían explicar por qué el insomnio crónico o el estrés sostenido afectan la concentración y la salud cognitiva.

Según Chen, estudiar la coordinación entre actividad cerebral, consumo energético y circulación sanguínea ayudará a identificar los mecanismos que se alteran en quienes sufren estas patologías.
Aunque los investigadores reconocen limitaciones —como el reducido número de participantes—, los resultados abren la puerta a nuevas terapias y a un entendimiento más profundo de cómo el cerebro “trabaja mientras duerme”.


Un cerebro que nunca duerme del todo

El hallazgo del Brigham and Women’s Hospital confirma lo que la evolución diseñó: dormir no es bajar la guardia, sino reorganizar los recursos mentales para descansar sin perder la capacidad de reaccionar.
Incluso en su fase más tranquila, el cerebro sigue escuchando, procesando y protegiendo.
El sueño profundo, más que una pausa, es una forma inteligente de permanecer alerta dentro del descanso.

Fuente: Infobae.

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