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Ciencia

Los hongos ganan fama mundial como superalimento y prometen beneficios reales para la salud. Científicos de la UNLP lanzan una advertencia clave sobre sus riesgos y el consumo sin control

Proteínas, vitamina D, compuestos bioactivos y producción sustentable explican su auge global. Sin embargo, investigadores de La Plata recuerdan que no todo hongo saludable es inocuo y que el consumo sin información puede traer problemas serios.
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Durante años fueron vistos como un ingrediente secundario. Hoy los hongos ocupan menús gourmet, tiendas naturistas, laboratorios y debates sobre alimentación saludable. El fenómeno crece con fuerza, y científicos de la Universidad Nacional de La Plata explican por qué: tienen valor nutricional, potencial medicinal y una producción más sustentable que muchas alternativas tradicionales.

Pero también hacen una advertencia importante: el entusiasmo no debería reemplazar a la información.

Por qué todo el mundo habla de los hongos

Los hongos ganan fama mundial como superalimento y prometen beneficios reales para la salud. Científicos de la UNLP lanzan una advertencia clave sobre sus riesgos y el consumo sin control
© Pexels / carboxaldehyde.

El llamado Reino Fungi dejó de ser un tema exclusivo de especialistas. Cada vez aparecen más emprendimientos productivos, investigaciones biomédicas y propuestas gastronómicas basadas en variedades como gírgolas, shiitake o champiñón. No es casual.

Los hongos comestibles aportan proteínas de buena calidad, fibra dietaria, vitaminas del complejo B, vitamina C y minerales como hierro, potasio, fósforo, zinc y magnesio. Además, poseen colina y destacan por algo poco habitual: son una de las escasas fuentes no animales de vitamina D. Para dietas vegetarianas o flexitarianas, eso los vuelve especialmente atractivos.

También interesan por cómo se producen

En un mundo preocupado por recursos y residuos, los hongos tienen otra ventaja. Muchos cultivos requieren menos agua, menos superficie y pueden desarrollarse aprovechando desechos orgánicos agrícolas o industriales.

Eso los convierte en aliados naturales de la economía circular y en una alternativa cada vez más observada por sistemas alimentarios sostenibles.

No solo alimentan: también inspiran medicina

Los investigadores recuerdan que los hongos producen compuestos bioactivos como antioxidantes y betaglucanos, asociados al sistema inmune y la salud cardiovascular. También generan sustancias antimicrobianas, antiinflamatorias e inmunomoduladoras.

La medicina moderna ya les debe mucho: de organismos fúngicos surgieron avances históricos como la penicilina, la ciclosporina o las estatinas. Es decir, no hablamos de moda reciente, sino de una relación profunda entre ciencia y hongos.

La advertencia que no conviene ignorar

Los hongos ganan fama mundial como superalimento y prometen beneficios reales para la salud. Científicos de la UNLP lanzan una advertencia clave sobre sus riesgos y el consumo sin control
© Public Domain Pictures.

El problema aparece cuando el entusiasmo deriva en consumo sin criterio. No todos los hongos silvestres son seguros. Muchas especies tóxicas se parecen visualmente a variedades comestibles, y una identificación errónea puede tener consecuencias graves.

Por eso los especialistas desaconsejan recolectar ejemplares sin conocimiento preciso y recomiendan capacitación o salidas guiadas. Lo mismo ocurre con extractos y suplementos “medicinales”. Que sean naturales no implica que sean inocuos, especialmente en personas medicadas o con enfermedades previas.

La Plata tiene un centro único para estudiarlos

La UNLP cuenta con la División Micología del Instituto Spegazzini, dentro del Museo de La Plata, un espacio de referencia regional dedicado a investigación, formación y divulgación.

Allí también se trabaja en aplicaciones futuras como biorremediación ambiental, control biológico de plagas, bioinsumos agrícolas y biomateriales.

El verdadero mensaje de la ciencia

Los hongos no son milagrosos ni peligrosos por definición. Son herramientas biológicas extraordinarias que deben conocerse bien. Pueden mejorar dietas, impulsar industrias más limpias y aportar nuevos tratamientos.

Pero como ocurre con casi todo lo valioso, el beneficio depende del uso inteligente. Y en ese punto la ciencia vuelve a insistir en lo esencial: curiosidad sí, improvisación no.

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