La mayoría de las personas está dispuesta a arriesgar para ganar, pero evita con todas sus fuerzas perder, incluso cuando esa estrategia resulta irracional. Esa aversión al riesgo ha sido descrita por la teoría prospectiva de Kahneman, pero su base cerebral seguía siendo un misterio. Ahora, investigadores del Instituto Weizmann y médicos del Centro Médico Ichilov han logrado observar, con electrodos implantados en la amígdala, cómo el cerebro responde al riesgo de pérdida y cómo esta respuesta puede descontrolarse en casos de ansiedad o TEPT.
La amígdala y el sesgo de las pérdidas
La amígdala es un núcleo cerebral esencial para procesar miedo, estrés y amenazas. En este estudio, los científicos analizaron la actividad de neuronas individuales gracias a electrodos de profundidad implantados en pacientes con epilepsia, una técnica mucho más precisa que los tradicionales registros de EEG.
Los resultados mostraron que, frente a posibles pérdidas, los participantes eran más proclives a abandonar estrategias óptimas y explorar opciones alternativas, incluso si eso suponía resultados peores a corto plazo. En cambio, cuando se trataba de ganar, mantenían la confianza en la opción aprendida.

Neuronas ruidosas y búsqueda constante de alternativas
El equipo identificó un subgrupo de neuronas en la amígdala y la corteza temporal que se activaban justo antes de que los voluntarios probaran nuevas estrategias. La diferencia clave estaba en el “ruido neuronal”: bajo riesgo de pérdida, la actividad era más caótica, lo que aumentaba la sensación de incertidumbre.
Este ruido empujaba a los participantes a explorar más de la cuenta, un comportamiento que, cuando se exagera, recuerda a la búsqueda incesante de alternativas propia de la ansiedad.
El papel de la generalización en el miedo
En la segunda parte del estudio, publicada en Current Biology, los investigadores analizaron cómo los participantes respondían a sonidos asociados previamente con pérdidas o ganancias. Descubrieron que, en contextos de pérdida, las personas tendían a generalizar en exceso: trataban como amenaza sonidos que solo se parecían levemente a los originales.
Las grabaciones revelaron que la amígdala se sobreactivaba ante estos estímulos, predisponiendo al cerebro a confundir señales nuevas con peligrosas. Este mecanismo, útil en la evolución como sistema de alerta, puede convertirse en dañino cuando se exagera, como ocurre en el TEPT, donde estímulos neutros provocan reacciones de pánico.

Implicaciones clínicas y sociales
El hallazgo ayuda a entender mejor cómo se construyen los sesgos de pérdida y cómo se relacionan con la ansiedad. Identificar que la amígdala amplifica tanto la exploración como la generalización bajo riesgo de pérdida abre nuevas vías para diseñar terapias más específicas contra trastornos de ansiedad y depresión.
Los investigadores recuerdan que alrededor del 4% de la población mundial sufre trastornos de ansiedad, y que entre quienes atraviesan traumas graves, hasta un 6% desarrolla TEPT. Comprender qué ocurre a nivel neuronal puede marcar la diferencia en la detección precoz y el tratamiento.
Fuente: Infobae.