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Tecnología

El CERN apagó el Gran Colisionador de Hadrones hasta 2030 y las teorías conspirativas volvieron a encenderse. La realidad no tiene agujeros negros ni portales, sino una enorme actualización científica para estudiar mejor las pistas ocultas del universo

El LHC entró en una parada técnica programada de cuatro años para convertirse en el High-Luminosity LHC, una versión capaz de producir muchas más colisiones. En redes, sin embargo, reaparecieron viejos bulos sobre agujeros negros, portales interdimensionales y desastres globales sin ninguna evidencia científica.
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El Gran Colisionador de Hadrones acaba de hacer algo muy poco espectacular: detenerse para una obra de mantenimiento y modernización. Pero tratándose del CERN, la máquina científica más famosa del planeta y una de las más difíciles de explicar sin metáforas enormes, el apagado no tardó en convertirse en combustible para las teorías conspirativas de siempre.

El 29 de junio de 2026, el CERN inició oficialmente la llamada Long Shutdown 3, o LS3, una parada técnica de aproximadamente cuatro años. No es un cierre definitivo, ni un accidente, ni una reacción ante un experimento fallido. Es una pausa programada para transformar el actual Gran Colisionador de Hadrones en el High-Luminosity LHC, una versión mejorada que debería comenzar a operar en 2030. Según el propio CERN, esta nueva etapa permitirá aumentar la luminosidad del colisionador hasta diez veces por encima de su diseño original, lo que significa más colisiones, más datos y una mayor capacidad para estudiar fenómenos extremadamente raros.

La parte científica es enorme. La parte viral, como suele pasar, fue por otro lado. En redes volvieron a circular publicaciones que aseguran que el LHC puede crear agujeros negros capaces de destruir la Tierra, abrir portales a otras dimensiones o provocar catástrofes globales. Chequeado también registró videos que intentaron vincular el apagado del CERN con el terremoto ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026, una asociación sin evidencia científica.

No se apagó por peligro: se apagó para reconstruirlo

El CERN apagó el Gran Colisionador de Hadrones hasta 2030 y las teorías conspirativas volvieron a encenderse. La realidad no tiene agujeros negros ni portales, sino una enorme actualización científica para estudiar mejor el universo
© CERN.

El LHC es el acelerador de partículas más grande y potente del mundo. Está instalado en un anillo subterráneo de 27 kilómetros en la frontera entre Suiza y Francia, cerca de Ginebra. Su trabajo consiste, dicho de forma simple, en acelerar partículas casi a la velocidad de la luz y hacerlas chocar para estudiar qué ocurre en esas condiciones extremas. Gracias a esa máquina, los físicos pudieron confirmar en 2012 la existencia del bosón de Higgs, una pieza clave del Modelo Estándar de la física de partículas.

La nueva parada no es la primera de este tipo. Chequeado recuerda que el LHC ya tuvo pausas prolongadas entre 2013 y 2015 y entre 2018 y 2021. La actual es la tercera gran parada desde que el acelerador comenzó a operar y, según el CERN, será la intervención más extensa sobre su complejo de aceleradores desde la construcción del propio LHC.

La escala de la obra ayuda a entender por qué lleva años. De acuerdo con el CERN, solo en el LHC se retirarán y reemplazarán 1,2 kilómetros de imanes y componentes. Además, se modernizarán detectores, sistemas eléctricos, infraestructura técnica y experimentos como ATLAS y CMS, que deberán prepararse para gestionar una cantidad mucho mayor de colisiones por segundo.

Qué significa realmente “alta luminosidad”

La palabra puede sonar poética, pero en física de partículas “luminosidad” no tiene que ver con que el túnel brille más. Se refiere, básicamente, a la capacidad de producir más colisiones. Cuantas más colisiones se generan, más oportunidades tienen los científicos de observar procesos raros, medir con precisión fenómenos ya conocidos y detectar posibles señales de nueva física.

Según Live Science, el High-Luminosity LHC permitirá estudiar con más detalle el bosón de Higgs, investigar la antimateria, explorar preguntas vinculadas con la materia oscura y buscar fenómenos que el Modelo Estándar todavía no explica. El salto también se verá en los números: se espera que el nuevo LHC produzca alrededor de 380 millones de bosones de Higgs durante su vida útil, frente a los aproximadamente 55 millones generados hasta ahora.

No será una máquina completamente distinta, sino una versión profundamente actualizada del mismo colisionador. El complejo comenzará a reactivarse gradualmente a partir de 2028 y debería volver plenamente a la actividad hacia 2030, ya como HiLumi LHC. Mientras tanto, el CERN remarca que la actividad científica no se detiene: miles de investigadores seguirán analizando los enormes conjuntos de datos acumulados en los años anteriores.

La teoría del agujero negro vuelve cada vez que el CERN es noticia

La idea de que el LHC puede crear agujeros negros peligrosos no es nueva. Apareció con fuerza antes de su puesta en marcha y regresa cada vez que el CERN anuncia un experimento, una actualización o una pausa. La versión más popular sostiene que una colisión podría generar un agujero negro microscópico capaz de crecer y tragarse el planeta.

La explicación científica va en otra dirección. Una revisión de seguridad publicada antes del inicio del LHC concluyó que sus colisiones no representan peligro. El argumento central es bastante directo: el LHC reproduce en laboratorio, bajo condiciones controladas, colisiones que ocurren de forma natural en el universo cuando rayos cósmicos de alta energía impactan contra la atmósfera terrestre y otros cuerpos astronómicos. Si ese tipo de eventos fueran peligrosos, la Tierra, el Sol y otros objetos del universo no habrían sobrevivido durante miles de millones de años.

Incluso bajo escenarios especulativos, como la posible existencia de dimensiones adicionales, cualquier agujero negro microscópico producido en una colisión sería extremadamente pequeño e inestable. La misma revisión señala que se esperaría que se evaporara mediante radiación de Hawking antes de alcanzar las paredes de los detectores.

No, tampoco hay portales interdimensionales

El CERN apagó el Gran Colisionador de Hadrones hasta 2030 y las teorías conspirativas volvieron a encenderse. La realidad no tiene agujeros negros ni portales, sino una enorme actualización científica para estudiar mejor el universo
© CERN.

La otra teoría viral es más cinematográfica: el CERN estaría abriendo portales a otras dimensiones. A veces la idea se presenta como una hipótesis científica deformada; otras, directamente como una fantasía sobre seres extraterrestres, demonios o realidades paralelas.

El problema es que no hay evidencia. Según Chequeado, el propio CERN negó que el LHC pueda abrir portales a otras dimensiones. El medio también recuerda que algunas de estas afirmaciones fueron impulsadas por voces sin relación profesional con la institución y sin pruebas verificables.

La confusión suele aparecer porque la física teórica sí explora ideas como dimensiones adicionales, materia oscura o partículas aún no detectadas. Pero estudiar matemáticamente esas posibilidades no significa poder abrir una “puerta” física hacia otro universo. En ciencia, una cosa es buscar señales indirectas de fenómenos más allá del Modelo Estándar y otra muy distinta convertir un acelerador de partículas en una escena de ciencia ficción.

El apagado del CERN tampoco provoca terremotos

La asociación entre el LHC y desastres naturales funciona con una lógica muy simple: se toma un evento llamativo, como una pausa técnica del CERN, y se lo conecta con otro evento impactante, como un terremoto, una crisis política o una pandemia. El resultado puede ser viral, pero no por eso tiene sentido.

Chequeado consultó al CERN por estas afirmaciones y el organismo fue claro: no existe correlación entre los desastres ocurridos en el mundo y su programa científico. Además, el LHC no tiene ningún mecanismo físico capaz de producir terremotos en Venezuela, alterar placas tectónicas o generar catástrofes planetarias.

Esa es, en el fondo, la parte menos misteriosa de toda la historia. El CERN apagó el LHC porque necesita desmontar, reemplazar, instalar y probar una infraestructura gigantesca antes de la próxima fase. Las conspiraciones reaparecieron porque el colisionador tiene todos los ingredientes para activar la imaginación: un túnel subterráneo, partículas invisibles, energía extrema, preguntas sobre el origen del universo y una jerga técnica difícil de traducir.

Lo fascinante es que la realidad no necesita portales ni catástrofes para ser enorme. Una máquina de 27 kilómetros quedará en pausa durante cuatro años para volver con más capacidad de observar lo casi invisible: partículas raras, desviaciones minúsculas, datos capaces de confirmar o romper ideas profundas sobre la materia. El verdadero misterio no es si el CERN está abriendo una puerta prohibida. Es si, cuando el LHC vuelva en 2030, logrará encontrar la grieta que falta en nuestra explicación del universo.

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