Si la materia y la antimateria se hubieran aniquilado en partes iguales tras el Big Bang, no estaríamos aquí. Y sin embargo, estamos. Un nuevo experimento en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) acaba de detectar una diferencia sutil, pero vital, que podría explicar por qué el universo eligió la materia… y dejó a la antimateria atrás.
El experimento que escuchó un eco del Big Bang

El hallazgo se produjo en el marco del experimento LHCb, que desde 2011 ha estado acumulando millones de colisiones entre protones para estudiar cómo se desintegran partículas llamadas bariones. Estos bariones, como los protones y neutrones que forman nuestros átomos, representan apenas el 5 % del universo… pero son todo lo que podemos ver.
Durante este análisis, los investigadores encontraron una asimetría media del 2,45 % en favor de la materia, con picos por encima del 5 %. No parece mucho, pero ese leve desequilibrio se alinea con la teoría propuesta hace casi 60 años por el físico soviético Andrei Sájarov, quien sugirió que una violación de la simetría en bariones justo después del Big Bang podría explicar la existencia misma del universo.
María Vieites, física gallega y coordinadora adjunta del proyecto, lo resume así: “Nuestro universo es de materia, y el modelo estándar no nos explica del todo por qué”.
Más allá de lo conocido: hacia una física que aún no existe

La comunidad científica ha recibido el descubrimiento con entusiasmo, aunque con cautela. Aunque el resultado todavía se considera compatible con el modelo estándar de física de partículas, también abre la puerta a la llamada “nueva física”: fenómenos que aún no comprendemos y que podrían explicar, entre otras cosas, el misterio de la materia oscura.
Los cálculos que confirmarían este salto teórico son extremadamente complejos. Pero el LHC se prepara ahora para una renovación que multiplicará las colisiones y, con ellas, las oportunidades de descubrir partículas desconocidas. Quizás incluso aquellas que formen la invisible materia oscura, cuya existencia intuimos por su efecto gravitacional, pero que aún se nos escapa.
El universo, alguna vez simétrico, rompió sus propias reglas para existir. Y por primera vez, estamos empezando a entender cómo.