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Ciencia

El CERN quiere construir el acelerador de partículas más grande de la historia bajo Francia y Suiza. Tendrá 91 kilómetros de longitud, estará a 200 metros bajo tierra y servirá como una enorme fábrica de bosones de Higgs

El CERN ha elegido al Future Circular Collider como su opción preferida para suceder al LHC. El proyecto promete estudiar el bosón de Higgs con una precisión inédita, aunque todavía necesita financiación y una aprobación definitiva prevista para 2028.
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Hay proyectos científicos grandes y después está el Future Circular Collider. El acelerador de partículas que el CERN quiere construir bajo territorios de Francia y Suiza tendría 90,7 kilómetros de circunferencia, estaría situado a una profundidad media de 200 metros y sería más de tres veces mayor que el actual Gran Colisionador de Hadrones.

La obra costaría unos 15.000 millones de francos suizos, una cantidad cercana a los 19.000 millones de dólares según el tipo de cambio. No obstante, conviene introducir un matiz importante: todavía no está aprobado ni tiene una fecha definitiva para comenzar a funcionar.

Lo que acaba de ocurrir es que el Consejo del CERN ha señalado al colisionador de electrones y positrones FCC-ee como su opción preferida para convertirse en el próximo gran proyecto europeo de física de partículas. La decisión final sobre su construcción debería llegar en 2028, después de resolver su financiación y completar las consultas públicas abiertas en Francia y Suiza.

Una enorme fábrica de bosones de Higgs

El CERN quiere construir el acelerador de partículas más grande de la historia bajo Francia y Suiza. Tendrá 91 kilómetros de longitud, estará a 200 metros bajo tierra y servirá como una enorme fábrica de bosones de Higgs
© CERN.

La primera etapa del Future Circular Collider no estaría diseñada para perseguir únicamente récords de energía. Su principal objetivo sería convertirse en una especie de fábrica de precisión capaz de producir enormes cantidades de bosones de Higgs, partículas Z y W y quarks top.

Eso permitiría medir sus propiedades con un nivel de detalle muy superior al que puede alcanzar el LHC. Los científicos esperan que cualquier pequeña desviación respecto a las predicciones del Modelo Estándar pueda revelar indirectamente la presencia de partículas o fenómenos todavía desconocidos.

El proyecto contempla un túnel circular de 90,7 kilómetros, ocho instalaciones en la superficie y cuatro grandes experimentos. El trazado pasaría bajo los departamentos franceses de Ain y Alta Saboya y por el cantón suizo de Ginebra. De acuerdo con el estudio de viabilidad publicado por el CERN, la construcción se extendería durante aproximadamente 12 años desde comienzos de la década de 2030.

El calendario oficial sitúa la puesta en marcha del FCC-ee hacia finales de la década de 2040, después de que el programa del LHC de alta luminosidad concluya alrededor de 2041. Por eso, hablar simplemente de “mediados de 2040” puede resultar engañoso: no existe todavía un día ni un año de inauguración confirmado.

Una primera máquina y otra mucho más potente después

El plan del CERN no termina con el colisionador de electrones y positrones. Décadas más tarde, el mismo túnel podría recibir un segundo acelerador diseñado para enfrentar protones a energías cercanas a los 100 teraelectronvoltios.

Esta etapa, conocida como FCC-hh, multiplicaría varias veces la energía alcanzada por el LHC y permitiría buscar directamente partículas mucho más pesadas. El programa completo podría mantener activa la infraestructura hasta finales de siglo.

La estrategia repite, a una escala mucho mayor, lo ocurrido con el actual túnel del CERN. Antes de albergar al LHC, esa infraestructura fue utilizada por el Gran Colisionador de Electrones y Positrones. Construir un único anillo para varias generaciones de máquinas permitiría repartir el coste durante décadas.

El debate no es solamente científico

El CERN quiere construir el acelerador de partículas más grande de la historia bajo Francia y Suiza. Tendrá 91 kilómetros de longitud, estará a 200 metros bajo tierra y servirá como una enorme fábrica de bosones de Higgs
© Nature.

El principal obstáculo es evidente: el dinero. Los 15.000 millones de francos suizos corresponden únicamente a la primera etapa, incluidos el túnel, la infraestructura, los aceleradores y cuatro detectores. El CERN sostiene que buena parte podría financiarse mediante su presupuesto ordinario, pero todavía debe reunir apoyos adicionales entre sus Estados miembros y socios internacionales.

También existe una discusión científica. El LHC confirmó la existencia del bosón de Higgs en 2012, pero no ha encontrado hasta ahora las partículas supersimétricas ni las candidatas claras a materia oscura que algunos físicos esperaban. Para los críticos, levantar una máquina todavía mayor sin una señal concreta que perseguir puede concentrar demasiados recursos en una sola rama de la ciencia.

Sus defensores responden que ese es precisamente el propósito de la física fundamental: explorar territorios donde no existe garantía de éxito. El FCC podría descubrir nueva física, pero también confirmar con una precisión extraordinaria que el Modelo Estándar continúa funcionando.

Esa incertidumbre no convierte al proyecto en un fracaso anticipado. Sí explica por qué el CERN todavía no ha dado la orden de empezar a excavar. Europa ya ha elegido su máquina preferida para la era posterior al LHC; ahora tiene dos años para decidir si está dispuesta a construirla.

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