Son invisibles a simple vista, pero sin ellas no habría vida en el mar. Las Prochlorococcus, diminutas cianobacterias que pintan de turquesa los océanos tropicales y realizan más fotosíntesis que todas las plantas terrestres juntas, enfrentan un límite inesperado: el calor. Investigaciones internacionales advierten que estas criaturas, base de la producción primaria marina, podrían reducirse hasta un 51% a finales de siglo por el aumento de la temperatura del agua.
La maquinaria fotosintética más pequeña y poderosa
Descubiertas en 1986, las Prochlorococcus son organismos unicelulares que alcanzan densidades de hasta 100.000 células por milímetro cúbico de agua. Su eficiencia se debe a un genoma mínimo y a una maquinaria celular afinada para prosperar en aguas pobres en nutrientes. Producen carbono orgánico que alimenta al zooplancton y, de ahí, al resto de la cadena trófica oceánica. Como subproducto, generan parte del oxígeno que respiramos.
Terrible. La Gran Barrera de Coral (>2.000 kms extensión), Patrimonio de la Humanidad, la especie viviente más grande del planeta, sufre la mayor pérdida anual de coral (registros desde 1986). 70% de corales muertos en zonas críticas. Calentamiento global, contaminación + turismo pic.twitter.com/qXgaXcxFjP
— Juan Miguel Garrido | @juanminews.bsky.social (@JuanmiGG_News) August 7, 2025
Cuando el calor deja de ser aliado
Los datos recogidos durante más de 10 años y 150.000 millas de navegación muestran un patrón claro: las Prochlorococcus prosperan hasta los 28 ºC, pero al superar los 30 ºC su ritmo de división celular se derrumba. En verano, esa cifra ya se alcanzó en zonas del Mediterráneo, un anticipo de lo que puede ocurrir a escala global.
Un futuro con menos Prochlorococcus
Los modelos climáticos plantean dos escenarios: con emisiones moderadas de CO₂, la abundancia de estas bacterias caería un 17%; con emisiones descontroladas, el descenso llegaría al 51%. Las zonas más afectadas serían las aguas tropicales del Pacífico occidental, el Índico y el mar Arábigo. Allí, donde hoy son más abundantes, podrían desaparecer casi por completo.

Consecuencias para la cadena trófica
Aunque otras bacterias fotosintéticas como las Synechococcus podrían compensar la producción de oxígeno, el problema radica en la alimentación marina. Los organismos que hoy consumen a las Prochlorococcus no podrían ingerir a sus sustitutas, más grandes. El riesgo es que se produzca un vacío en la base de la pirámide alimentaria, con efectos impredecibles en peces y ecosistemas enteros.
El reto de un océano cambiante
El estudio confirma que la simplicidad que hizo exitosas a estas bacterias durante millones de años se convierte ahora en su límite evolutivo. No están adaptadas a temperaturas extremas, y el calentamiento global pone a prueba su supervivencia. El colapso de las Prochlorococcus sería una alerta más de que el cambio climático no solo derrite glaciares: también altera el motor microscópico que sostiene la vida en los océanos.
Fuente: El País.