La circulación meridional de retorno del Atlántico (Amoc), motor invisible que redistribuye calor y regula el clima en Europa, África y América, ya no parece indestructible. Un estudio publicado en Environmental Research Letters sugiere que este sistema podría colapsar antes de lo esperado, con probabilidades preocupantes incluso en escenarios de reducción de emisiones.
La función vital de la Amoc
La Amoc transporta aguas cálidas desde los trópicos hacia el Atlántico Norte, donde se enfrían, se hunden y regresan en corrientes profundas hacia el sur. Este ciclo estabiliza temperaturas y alimenta patrones climáticos en todo el planeta. Hasta hace poco, los modelos climáticos descartaban un colapso antes de 2100. Sin embargo, las nuevas simulaciones proyectan más allá, hasta 2300 y 2500, y revelan cifras inquietantes: un 70 % de probabilidad de colapso con altas emisiones, un 37 % con emisiones medias e incluso un 25 % bajo escenarios de bajas emisiones.
La ciclogénesis explosiva bajo una corriente en chorro ondulante en el Pacífico está a punto de provocar un clima extremo en la costa oeste de América del Norte
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Consecuencias de un colapso
La desaparición de la Amoc desencadenaría un efecto dominó climático. Europa occidental enfrentaría inviernos gélidos y veranos secos, los trópicos verían desplazada su franja de lluvias vital para millones de personas y el nivel del mar subiría unos 50 centímetros adicionales. Según Stefan Rahmstorf, del Instituto Potsdam, incluso un 10 % de probabilidad ya debería considerarse inaceptable.
Señales tempranas en el Atlántico
Los investigadores han detectado indicios de debilitamiento desde 2021. Observaciones en el Atlántico Norte muestran descensos sostenidos en la intensidad de la circulación, consistentes con las proyecciones de modelos climáticos. Estudios previos ya sugerían que, incluso con emisiones moderadas, la Amoc se reduciría de forma drástica hasta apagarse por completo después de 2100. Este patrón se refuerza con las nuevas simulaciones.

El debate científico y la incertidumbre
Aunque persiste incertidumbre sobre fechas exactas, el consenso es que el umbral crítico se aproxima. Rahmstorf advierte que los modelos ni siquiera incluyen aún la masiva descarga de agua dulce procedente del deshielo de Groenlandia, lo que podría acelerar el proceso. Otros expertos, como Aixue Hu del Global Climate Dynamics Laboratory, admiten la dificultad de precisar plazos, pero coinciden en que la amenaza es real.
El futuro en nuestras manos
Jonathan Baker, del Met Office Hadley Centre en Reino Unido, recuerda que aunque el colapso total antes de 2100 parecía poco probable, los nuevos datos revelan riesgos crecientes más allá de ese horizonte. El debilitamiento ya observable podría modificar el clima europeo en cuestión de décadas. Como concluyen los autores, el destino de esta corriente oceánica crucial dependerá de la rapidez con la que logremos reducir las emisiones de carbono.
Fuente: Infobae.