Hay un visitante del sistema solar que la humanidad lleva más de dos mil años observando, pero que muy pocas generaciones tienen la oportunidad de contemplar dos veces. Se trata del cometa Halley, un gigantesco cuerpo de hielo, polvo y roca que regresa a las cercanías del Sol aproximadamente cada 76 años. Su última aparición ocurrió en 1986 y la próxima está prevista para 2061. Sin embargo, durante las noches de octubre sucede algo extraordinario: una pequeña parte de ese cometa vuelve a encontrarse con la Tierra.
El fenómeno recibe el nombre de lluvia de estrellas Oriónidas, y su máximo de actividad en 2026 se produce durante la noche del 21 al 22 de octubre. Lo que vemos no son estrellas fugaces en sentido estricto, sino partículas liberadas por el Halley que atraviesan nuestra atmósfera a unos 66 kilómetros por segundo. Una velocidad suficiente para generar destellos luminosos visibles desde ambos hemisferios.
El cometa Halley mide unos 15 kilómetros, pero su influencia se extiende millones de kilómetros por el espacio

Las dimensiones del Halley son difíciles de imaginar. Su núcleo tiene aproximadamente 15 kilómetros de largo y unos 8 kilómetros de ancho, con una forma irregular que recuerda a un cacahuete. Su masa se estima en unos 220.000 millones de toneladas y su superficie es extraordinariamente oscura: refleja apenas alrededor del 4% de la luz que recibe.
Cuando se aproxima al Sol, la radiación calienta sus hielos y libera enormes cantidades de gas y polvo. Ese material forma una envoltura difusa alrededor del núcleo, conocida como coma, y extensas colas que pueden alcanzar millones de kilómetros.
La mayor parte de esta información procede de las observaciones realizadas durante su visita de 1986. La misión europea Giotto logró obtener las primeras imágenes cercanas de un núcleo cometario y reveló una superficie oscura de la que emergían chorros de material.
La Agencia Espacial Europea (ESA) documentó aquel encuentro histórico, que transformó nuestra comprensión de estos objetos. Los cometas dejaron de ser únicamente manchas luminosas observadas desde telescopios para convertirse en mundos pequeños, irregulares y dinámicos que podían estudiarse directamente.
Pero el descubrimiento más interesante para los observadores actuales es que el Halley no necesita regresar para hacerse visible. Basta con que la Tierra cruce las partículas que dejó atrás.
Las Oriónidas son fragmentos de un cometa que pasó hace décadas, y esta noche alcanzan su máximo

Cada vez que el Halley se acerca al Sol, pierde parte de sus materiales. Estos residuos permanecen distribuidos a lo largo de su trayectoria y, con el tiempo, forman corrientes de partículas que la Tierra atraviesa durante determinados momentos del año.
Una de esas intersecciones produce las Oriónidas de octubre. Otra provoca las Eta Acuáridas de mayo. Aunque ambas lluvias de meteoros tienen el mismo origen, aparecen en regiones distintas del cielo porque nuestro planeta atraviesa las corrientes desde diferentes posiciones orbitales.
Según la NASA, las Oriónidas de 2026 permanecerán activas entre el 2 de octubre y el 7 de noviembre, con un máximo previsto para la noche del 21 al 22 de octubre. En condiciones ideales, podrían observarse entre 10 y 20 meteoros por hora, aunque la visibilidad real depende de la oscuridad, el tiempo atmosférico y la contaminación lumínica.
La velocidad es uno de sus rasgos más destacados. Al entrar en la atmósfera a 66 kilómetros por segundo (casi 238.000 kilómetros por hora), algunas partículas generan estelas brillantes que permanecen visibles durante varios segundos.
En 2026, la Luna creciente avanzada dificultará la observación durante las primeras horas de la noche. La mejor oportunidad llegará después de su puesta, generalmente durante la madrugada, cuando el cielo se encuentre más oscuro.
Cómo observar las Oriónidas de 2026 y cuándo volverá el cometa Halley
Para disfrutar de esta lluvia de estrellas no es necesario utilizar telescopios ni prismáticos. Lo más importante es alejarse de las luces urbanas, buscar un lugar con buena visibilidad y permitir que los ojos se adapten a la oscuridad durante unos 30 minutos.
Aunque los meteoros parecen proceder de la constelación de Orión, pueden aparecer en cualquier región del cielo. Por eso, resulta más conveniente observar una zona amplia que concentrarse exclusivamente en el punto radiante.
El cometa que los originó continuará su viaje durante décadas. Como explica la NASA en su ficha del Halley, sigue una órbita muy alargada que lo lleva desde las proximidades del Sol hasta regiones situadas más allá de Neptuno. Fue observado desde la Antigüedad, pero recién en 1705 Edmond Halley identificó su carácter periódico.
Su próximo regreso en 2061 podría convertirse en uno de los acontecimientos astronómicos más esperados de este siglo. Hasta entonces, el cielo ofrece un recordatorio anual de su existencia. Las Oriónidas son pequeñas partículas de un objeto gigantesco que permanece a miles de millones de kilómetros de nosotros. Y cada destello que cruza la atmósfera es una oportunidad de contemplar parte de su historia.