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Ciencia

La ESA prepara una nave que esperará en silencio el próximo objeto que llegue desde otra estrella. Si aparece en el momento justo, Europa intentará interceptarlo antes de que escape para siempre

Comet Interceptor será la primera misión diseñada para estudiar un objeto que todavía no existe en nuestros catálogos. Su éxito depende de una alineación casi improbable: que un cometa nuevo —o un visitante interestelar— entre en el sistema solar interior durante la breve ventana en la que la nave estará lista para salir disparada desde el punto de Lagrange L2.
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Durante años, los astrónomos han observado visitantes como 1I/‘Oumuamua o 3I/ATLAS demasiado tarde, cuando ya se alejaban a toda velocidad y sin posibilidad de enviar una misión para atraparlos. La ESA quiere romper ese patrón. Comet Interceptor, que se lanzará en 2029, esperará quieto en el L2 a que aparezca un cuerpo recién llegado desde las afueras del sistema solar.

El objetivo no es menor: acercarse por primera vez a un objeto prístino, sin cicatrices de pasos repetidos cerca del Sol, y estudiarlo antes de que vuelva a desaparecer en la oscuridad interestelar.

El problema de elegir un objetivo que aún no existe

La ESA prepara una nave que esperará en silencio el próximo objeto que llegue desde otra estrella. Si aparece en el momento justo, Europa intentará interceptarlo antes de que escape para siempre
© ESA.

Para entender la dificultad de la misión hay que mirar a 3I/ATLAS, el último objeto interestelar conocido. Su naturaleza sigue rodeada de incógnitas debido a un simple motivo: lo descubrimos demasiado lejos. Esa distancia convierte cualquier medición en una apuesta estadística.

Comet Interceptor quiere evitar exactamente eso. Su propósito es viajar hacia un cometa dinámicamente nuevo —uno que entre por primera vez en el sistema solar interior— o, en el mejor de los casos, hacia un objeto interestelar. Pero hay un inconveniente evidente: no sabemos cuándo aparecerá ese candidato, ni si cumplirá las condiciones necesarias para que la misión pueda alcanzarlo.

Un estudio reciente, dirigido por el astrónomo Colin Snodgrass (Universidad de Edimburgo), analiza lo difícil que será encontrar un objetivo viable. El equipo exploró la historia de los cometas nuevos detectados desde 1898 y descubrió que muchos son extremadamente tenues o se identifican solo meses antes de su paso cercano al Sol. Eso deja muy poco margen para que Comet Interceptor maniobre desde su órbita de espera.

Aquí entra en juego el Observatorio Vera Rubin. Su futura encuesta LSST debería descubrir muchos más cometas dinámicamente nuevos, y hacerlo con suficiente anticipación como para avisar a los operadores de la misión. Sin esa ayuda, elegir un objetivo sería casi como disparar a ciegas.

Un sobrevuelo que no puede ser demasiado rápido… ni demasiado lento

Incluso con un cometa bien localizado, el encuentro no será sencillo. El análisis del equipo de Snodgrass impone varias restricciones físicas y de ingeniería que Comet Interceptor no puede saltarse.

  • Delta-v limitado: la nave solo puede gastar unos 1,5 km/s de energía para escapar del L2 y alcanzar el cometa. Es un presupuesto modesto para una misión interplanetaria.
  • Distancias estrictas: el sobrevuelo debe producirse entre 0,9 y 1,2 UA, cerca de la órbita terrestre.
  • Ángulo solar preciso: el Sol debe quedar entre 45° y 135° para mantener los paneles iluminados.
  • Velocidad máxima: el encuentro no puede superar los 70 km/s. Más allá de eso, el polvo expulsado por la coma podría destrozar las pequeñas sondas que se liberarán para estudiar el entorno del cometa.

Y aún hay más: el cometa debe ser lo suficientemente activo para producir una coma interesante, pero no tan activo como para destruir la sonda. En términos de desgasificación, Halley representa un límite superior razonable.

Estas condiciones dejan claro que la misión no puede perseguir cualquier cosa. Debe elegir un objetivo que encaje como una llave en una cerradura muy estrecha.

Cuando la teoría de juegos entra en la exploración del sistema solar

La ESA prepara una nave que esperará en silencio el próximo objeto que llegue desde otra estrella. Si aparece en el momento justo, Europa intentará interceptarlo antes de que escape para siempre
© ESA.

El estudio de Snodgrass propone dos estrategias para seleccionar un candidato.

La primera es puramente científica: elegir los cometas más interesantes. El resultado fue desalentador. De 132 cometas dinámicamente nuevos identificados desde finales del siglo XIX, solo nueve parecían prometedores tras filtrar por brillo y actividad… y ninguno cumplió los requisitos de ingeniería para ser alcanzado desde el L2.

Así que los investigadores cambiaron de enfoque. Optaron por filtrar primero por viabilidad: cometas que puedan alcanzarse dentro del límite de 1,5 km/s y que además muestren actividad suficiente. Esto redujo la lista a solo tres candidatos, todos descubiertos en los últimos 25 años.

El más notable fue C/2001 Q4 (NEAT). Parecía perfecto en casi todos los aspectos, salvo en uno: su velocidad de sobrevuelo sería de unos 57 km/s, lo bastante alta como para limitar el tiempo de observación y poner en riesgo las sondas desplegables.

Ese dilema resume el espíritu de Comet Interceptor: incluso cuando se encuentra un buen candidato, siempre habrá un compromiso difícil que aceptar.

Aun así, Europa va a intentarlo. Porque es la única forma de estar listos

La probabilidad de que un objetivo ideal aparezca durante la ventana operativa de la misión —unos dos o tres años desde su despliegue en L2— no es alta. Pero tampoco es nula. El LSST aumentará dramáticamente la tasa de descubrimiento, y la misión no necesita un cometa perfecto: solo uno “suficientemente bueno”.

Y, con un golpe de suerte, podría ser algo más exótico. Podría ser un visitante interestelar nuevo, un 4I que atraviese el sistema solar fugazmente. Sería un encuentro único, irrepetible, tal vez la oportunidad de observar un objeto formado en otra estrella. Snodgrass bromea con que, si eso ocurre, él apostaría por llamarlo Rama, en honor a la novela de Arthur C. Clarke.

Lo cierto es que la misión representa una filosofía distinta en la exploración espacial: no perseguir objetivos conocidos, sino prepararse para lo inesperado.

Cuando Comet Interceptor se lance en 2029, estará listo para algo que aún no ha entrado en el sistema solar. Y esa es, tal vez, la parte más emocionante de todo esto.

Un visitante interestelar pasa y se va para siempre. Por primera vez en la historia, Europa quiere estar en posición de ir a su encuentro.

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