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Ciencia

El corazón oculto de la Vía Láctea aparece como nunca antes lo habíamos visto. ALMA revela una red caótica de gas junto al agujero negro central

Un mosaico sin precedentes del observatorio ALMA muestra con detalle extremo más de 650 años luz del centro galáctico. Filamentos de gas frío, moléculas complejas y cúmulos masivos dibujan un escenario donde nacen estrellas bajo condiciones límite.
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El centro de nuestra galaxia siempre ha sido un territorio esquivo. Polvo, gas y radiación intensa lo convierten en una región casi impenetrable para los telescopios ópticos. Ahora, gracias al Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), un equipo internacional logró cartografiar con una precisión inédita más de 650 años luz alrededor del núcleo galáctico, revelando una red sorprendentemente intrincada de filamentos de gas frío.

El estudio forma parte del proyecto ACES (ALMA CMZ Exploration Survey) y se centra en la llamada Zona Molecular Central, la región que rodea al agujero negro supermasivo Sagitario A*. Allí se concentran densas nubes de gas y polvo que constituyen la materia prima para la formación estelar, pero bajo condiciones mucho más extremas que en los brazos espirales de la galaxia.

Un mosaico sin precedentes del núcleo galáctico

La imagen final integra múltiples observaciones individuales en un mosaico que, visto desde la Tierra, cubriría un área equivalente a tres lunas llenas alineadas en el cielo. Es el mayor mosaico realizado hasta ahora con ALMA y permite observar tanto grandes estructuras de decenas de años luz como pequeñas nubes en torno a estrellas individuales.

Lo que emerge no es un núcleo homogéneo, sino un entramado caótico de filamentos de gas frío que fluyen y se entrelazan. El equipo identificó docenas de moléculas distintas, desde compuestos simples como monóxido de silicio hasta sustancias orgánicas más complejas como metanol, acetona y etanol. Esa riqueza química convierte al centro galáctico en un laboratorio natural para estudiar cómo evoluciona la materia interestelar en ambientes extremos.

El profesor Steve Longmore, de la Liverpool John Moores University y líder del proyecto ACES, destacó que esta región alberga algunas de las estrellas más masivas conocidas en la galaxia. Muchas de ellas viven rápido y terminan su ciclo en explosiones de supernova o incluso hipernova, inyectando energía y elementos pesados en su entorno inmediato.

Un entorno extremo para el nacimiento estelar

El corazón oculto de la Vía Láctea aparece como nunca antes lo habíamos visto. ALMA revela una red caótica de gas junto al agujero negro central
© ALMA(ESO/NAOJ/NRAO)/S. Longmore.

En las regiones periféricas de la Vía Láctea, la formación de estrellas sigue patrones relativamente bien comprendidos. En la Zona Molecular Central, en cambio, las condiciones son más violentas: mayor densidad, temperaturas elevadas, campos magnéticos intensos y la influencia gravitatoria del agujero negro central.

El nuevo conjunto de datos permite rastrear cómo el gas frío se desplaza a lo largo de filamentos que alimentan cúmulos donde podrían nacer nuevas estrellas. Esta dinámica sugiere que el proceso no es simplemente una acumulación pasiva de materia, sino un flujo continuo que redistribuye energía y material en escalas gigantescas.

La relevancia de estos hallazgos va más allá de nuestra galaxia. Según los investigadores, el entorno del centro galáctico comparte características con las galaxias del universo temprano, cuando predominaban escenarios caóticos y tasas elevadas de formación estelar. Comprender lo que ocurre en nuestra propia Zona Molecular Central podría ofrecer pistas sobre cómo crecieron y evolucionaron las primeras galaxias tras el Big Bang.

Lo que viene: telescopios más potentes y más preguntas

Los resultados del proyecto ACES fueron publicados en cinco artículos en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, con un sexto en revisión. El trabajo se apoya en la capacidad técnica de ALMA, operado por el Observatorio Europeo Austral y sus socios internacionales.

En los próximos años, la Actualización de Sensibilidad de Banda Ancha de ALMA y la entrada en funcionamiento del Extremely Large Telescope permitirán observar el núcleo galáctico con una resolución aún mayor. Eso abrirá la puerta a estudiar estructuras más finas, rastrear reacciones químicas complejas y analizar con mayor detalle la interacción entre gas, estrellas y agujeros negros.

La nueva imagen no es solo una fotografía espectacular del corazón de la Vía Láctea. Es un mapa dinámico de procesos físicos y químicos que siguen moldeando la galaxia en la que vivimos. Y, si algo deja claro este mosaico, es que el centro galáctico todavía guarda muchas historias por contar.

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