La historia y el escenario poco conocido por muchos tuvo lugar a finales de 1969, cuando uno de los torrentes de agua más famosos del planeta se drenó dejando en su lugar un espacio casi tan seco como el desierto. Las cataratas del Niágara en la zona de Estados Unidos revelaron más de una sorpresa.

Image: Catarata estadounidense (Wikimedia Commons)

Para aquellos que no lo sepan, las cataratas del Niágara son un grupo de cascadas situadas en el río que lleva el mismo nombre y cruza la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Las comprenden tres cataratas: la “estadounidense”, la “velo de Novia”, y la canadiense.

Image: Cataratas del Niágara (Wikimedia Commons)

Lo ocurrido en 1969 tuvo lugar en la catarata estadounidense durante seis meses desde el mes de junio. Esta catarata tiene normalmente un ancho de línea de cresta recta de unos 250 metros. Si se mide a lo largo del borde irregular de las cataratas, la cresta es de aproximadamente 290 metros de largo, y el torrente de agua que pasa sobre la cresta de los saltos es de 0,60 metros de profundidad.

Image: La caratata en el proceso de drenaje (AP)

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Al parecer, los ingenieros de Estados Unidos la drenaron para llevar a cabo un estudio geológico de su pared rocosa. Los investigadores estaban preocupados de que se estuviera desestabilizando por la erosión del paso del tiempo. De ahí salieron unas imágenes que nunca más se han vuelto a ver, revelando a la icónica cascada prácticamente sin agua.

Image: La caratata en el proceso de drenaje (AP)

Para ello, el ejército tuvo que construir una presa de 182 metros a través del río Niágara, lo que significaba que miles y miles de litros de agua fluyendo cada segundo se desviaban sobre las cataratas canadienses. La presa en sí consistía en 27.000 toneladas de roca, y para mediados de junio, después de fluir de forma continua durante más de 10.000 años, las cataratas se detuvieron. El desagüe completo se hizo más fácil porque solo el 10% del agua sigue esa ruta.

Image: Una imagen histórica de la catarata (AP)

Así pues, y mientras que las cataratas canadienses absorbieron el flujo extra, los ingenieros estudiaron el lecho del río y atornillaron y fortaleció los fallos que encontraron. Durante parte de ese período, mientras los trabajadores limpiaban el antiguo fondo de río de musgos no deseados y perforaban núcleos de prueba en busca de inestabilidades, se instaló una pasarela temporal a solo seis metros del borde de las cascadas secas. Un paisaje singular donde los turistas podían explorar esta zona inaccesible y peculiar.

Image: Vista aérea de la catarata sin agua (AP)

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Como narraron los medios de la época, se llegaron a descubrir dos cadáveres, algo que para algunos no dejaba de ser un número sorprendentemente bajo dada la historia de accidentes y suicidios de las cataratas.

Image: Con el invierno volvió el flujo de agua (AP)

Fueron días singulares e históricos que probablemente tardarán en volver a repetirse, con los ingenieros perforando el cauce del río para cartografiar y sondear las tensiones, las fallas y las presiones de la roca, mientras los turistas correteaban por la extensión seca, recogiendo monedas arrojadas al agua décadas atrás por otros turistas del pasado.

Image: Las cataratas volvieron a su estado natural (AP)

Para noviembre de 1969, y frente a más de 2.000 espectadores, la presa temporal se dinamitó, restaurando el flujo hacia las cataratas estadounidenses. Por cierto, cuentan que actualmente la erosión de las cataratas se estima de 7 a 10 centímetros cada 10 años, nada mal teniendo en cuenta que solía ser, en promedio, de 10 centímetros por año. [Wikipedia, Mashable]