Imagen: Adike / Shutterstock

El 31 de octubre de 1938 los peri√≥dicos contaban lo ocurrido el d√≠a anterior: c√≥mo cientos de miles de estadounidense salieron a las calles presas del p√°nico, muchos corr√≠an en busca de un s√≥tano o lugar en el que resguardarse, hab√≠a quien lleg√≥ a la comisar√≠a envuelto en una toalla mojada para eludir el gas t√≥xico de los invasores, otros en busca de armas con las que enfrentarse a la inminente guerra que estaba teniendo lugar en las calles de Nueva Jersey. Se trataba de la invasi√≥n marciana que estaba representando Orson Welles. ¬ŅDe verdad se lo creyeron tantas personas?

Para analizar lo acontecido ese d√≠a y los d√≠as posteriores tenemos que retroceder en el tiempo. Lo que hizo un por aquel entonces joven Orson Welles sigue siendo una de las demostraciones m√°s potentes y certeras del poder de los medios, en este caso la radio, sobre las masas. Lo curioso es que pasados muchos a√Īos la representaci√≥n de Welles se ha demostrado que tuvo otra a√ļn m√°s grande. La de los propios medios creando el primer gran hoax, una leyenda urbana que jam√°s ocurri√≥ bajo los par√°metros en los que se cuenta la historia. Empecemos por el principio.

La Guerra de los Mundos original

Imagen: La guerra de los mundos. Wikimedia Commons

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La Guerra de los mundos es una novela de ciencia ficci√≥n escrita por Herbert George Wells cuyas primeras publicaciones aparecieron en revistas de 1897 en Reino Unido y Estados Unidos, siendo un a√Īo despu√©s cuando se lanza el libro, hoy considerado una de las piezas m√°s influyentes de la ciencia ficci√≥n escrita.

Wells ya era un autor tremendamente famoso en el momento en el que lanz√≥ esta invasi√≥n marciana a la Tierra. En 1895 public√≥ The Time Machine, popularizando adem√°s el propio t√©rmino, un a√Īo m√°s tarde publicaba The Island of Dr. Moreau y poco antes de La Guerra de los Mundos llegaba The Invisible Man, por tanto estamos ante un cl√°sico y referente del g√©nero, en aquel entonces el m√°s grande de entre los grandes escritores de la ciencia ficci√≥n (y probablemente hoy tambi√©n).

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En el caso que nos ocupa, La Guerra de los mundos describe una invasión marciana a la Tierra, para ser más específicos en el libro aterrizan en Horsell, en las cercanías de Londres. La importancia radica en que fue la primera descripción conocida de una invasión alienígena, razón de peso para que la obra haya sido desde entonces un referente y de gran influencia en cientos de revisiones sobre el tema: películas, cómics, radio, televisión…

Esta fue la raz√≥n principal para que en 1938 un joven Orson Welles pusiera en pr√°ctica el poder de la radio sobre sus oyentes en un contexto donde la ingenuidad del p√ļblico con el medio convirtieron el experimento en un hito de la comunicaci√≥n de masas.

La Guerra de los Mundos, seg√ļn Orson Welles

Imagen: Orson Wells dando explicaciones a los medios tras el programa. Wikimedia Commons

Se√Īoras y se√Īores, esto es lo m√°s terror√≠fico que nunca he presenciado... ¬°Espera un minuto! Alguien est√° avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudri√Īando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¬ŅSon ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea...

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Orson Welles, quién por aquel entonces no era la estrella que sería más tarde, ya contaba en su currículum con algunas obras similares, por ejemplo con la dramatización para radio de Los Miserables. Esta fue la razón de que la CBS contactara con el actor en julio de 1938 para llevar a cabo un programa semanal en la cadena de radio dramatizando obras. Welles aceptó y formó un tándem con Howard Koch, quién escribiría obras adaptadas como Drácula o el Conde de Montecristo para que Orson Welles las interpretara.

La adaptación de La Guerra de los Mundos fue un tanto distinta al resto. Ese 30 de octubre de 1938 era víspera de Halloween, así que decidieron relatar los hechos como si fuera un boletín de noticias interrumpiendo una actuación de la orquesta Ramón Raquello que estaba en antena. Además cambiaron la Inglaterra victoriana por Nueva Jersey, lo que daría obviamente mayor fuerza al relato.

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As√≠, alrededor de las 08:30 am se dice por primera vez (no se volver√≠a a explicar hasta 40 minutos despu√©s) que se trata de una dramatizaci√≥n de la obra de H.G. Wells. Despu√©s de la aclaraci√≥n comenz√≥ la narraci√≥n en tercera persona de Orson Welles, lo hac√≠a supuestamente quince minutos despu√©s de la alarma en el pa√≠s por el ataque de los alien√≠genas. Welles hac√≠a de profesor Pierson, un cient√≠fico que daba las explicaciones de los acontecimiento, junto a un actor que hac√≠a del periodista Carl Philips, qui√©n emit√≠a ‚Äúsobre el terreno‚ÄĚ. De esta manera daba comienzo la emisi√≥n:

Se√Īoras y se√Īores, les presentamos el √ļltimo bolet√≠n de Intercontinental Radio News. Desde Toronto, el profesor Morse de la Universidad de McGill informa que ha observado un total de tres explosiones del planeta Marte entre las 7:45 P.M. y las 9:2 0P.M

El boletín se detenía y volvían a la actuación de la orquesta para más tarde volver a interrumpirla con actualizaciones de lo que estaba ocurriendo en Nueva Jersey, una técnica con la que darle el mayor de los realismos. Lo cierto es que los oyentes que pudieron escuchar ese comienzo aclarando la ficción en la introducción creyeron que se trataba de un emisión real de noticias.

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Imagen: Welles durante el programa. AP

¬ŅQu√© ocurri√≥? Que las centralitas de las comisarias y las redacciones de noticias colapsaron sus n√ļmeros de tel√©fonos por las llamadas de los oyentes, quienes aterrorizados buscaban informaci√≥n sobre los acontecimientos o las pautas a seguir. La gente sal√≠a de su casa para buscar ayuda, se resguardaban donde pod√≠an en un escenario de aut√©ntico caos‚Ķ hasta que 40 minutos despu√©s el programa vuelve a recordar que se trata de una dramatizaci√≥n. A los 59 minutos de que comenzara el programa Welles termin√≥ la funci√≥n con las siguientes palabras:

Damas y caballeros, les aseguro que La Guerra de los Mundos no ten√≠a otra intenci√≥n que entretenerles en la v√≠spera de Halloween. Es nuestra particular manera de salir detr√°s de un arbusto y decir ‚Äúboo‚ÄĚ

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Al d√≠a siguiente los grandes peri√≥dicos como el New York Times llevaban en portada lo sucedido y el p√°nico creado. Una gran masa social pidi√≥ responsabilidades por lo sucedido e incluso la propia polic√≠a acab√≥ incautando todo el material empleado en la obra (todo menos una copia que se qued√≥ Koch, la misma que 50 a√Īos despu√©s compr√≥ Spielberg para su versi√≥n en los cines), pero lo cierto es que el programa no hab√≠a vulnerado la ley.

Adem√°s hab√≠a sido la primera gran muestra del poder de los medios de comunicaci√≥n de masas. Pasaron los a√Īos y de lo ocurrido ese d√≠a quedaron los registros y cientos de art√≠culos de los peri√≥dicos estadounidenses. Todos, o al menos la mayor√≠a, grabaron en el subconsciente de la gente que cientos de miles, millones de estadounidenses, creyeron que efectivamente estaban siendo atacados por los marcianos. Una historia que pas√≥ de generaci√≥n en generaci√≥n, de d√©cada en d√©cada, no s√≥lo como un acontecimiento hist√≥rico de la radio, sino como un medio de sugesti√≥n que influy√≥ en tant√≠simas personas.

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¬ŅDe verdad se lo creyeron tantas personas?

El impacto real de la invasión alienígena sobre la población creyente

Imagen: Shahril KHMD / Shutterstock

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Veamos. Al menos durante los √ļltimos tres cuartos del siglo pasado nos han dicho que esta ficci√≥n cre√≥ un p√°nico masivo en los estadounidenses. Que los ciudadanos de todo el pa√≠s no se dieron cuenta de la propia ciencia ficci√≥n y que poco falt√≥ para que salieran despavoridos de sus casas con papel de platina en la cabeza. Tras el programa los medios dieron rienda suelta a cientos de art√≠culos, muchos con supuestos relatos de testigos y en general una historia que ning√ļn medio del pa√≠s dejo escapar. Ejemplos de ello fueron el Chicago Herald con su ‚ÄúRadio Fake Scares Nation‚ÄĚ, el Examiner con ‚ÄúFake Radio War Stirs Terror Through US‚ÄĚ o el mism√≠simo New York Times con un elocuente ‚ÄúTerror by Radio‚ÄĚ.

Imagen: Portada del New York Times el 31 de octubre de 1938. Wikimedia Commons

A los medios se sum√≥ un estudio de varios profesionales y expertos de la Universidad de Princeton firmada por Hadley Cantril. Un trabajo donde recog√≠an testimonios de varias de las personas que creyeron la invasi√≥n. P√°nico que seg√ļn Cantril se deb√≠a a que:

Las características de la personalidad conferían a algunos individuos una especial inclinación a la credulidad y al miedo. La influencia de otras personas en el entorno inmediato fue causa de que algunos oyentes reaccionaran inadecuadamente.

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Pero la cuesti√≥n es si hubo realmente tal p√°nico en todo el pa√≠s, si fue eso lo que realmente sucedi√≥. Y lo cierto es que con excepciones, hoy existen pruebas documentadas que indican que la gran mayor√≠a sab√≠an que se trataba de una dramatizaci√≥n y eran completamente conscientes de que Nueva Jersey no estaba siendo destruida por visitantes del espacio. ¬ŅEntonces?

Se dieron varios factores para que los medios crearan este gran hoax o mentira o incluso leyenda urbana si se quiere. En primer lugar y en el contexto de la √©poca, el resultado del programa fue un trampol√≠n perfecto para que los medios impresos golpear√°n a ese nuevo agente del que recelaban como posible competidor para el suministro de noticias (y publicidad): la radio. La prensa escrita trat√≥ al nuevo medio como la ‚Äúdifusi√≥n del p√°nico‚ÄĚ, una oportunidad para censurar a la radio.

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En segundo lugar, los peri√≥dicos tambi√©n quer√≠an vender papel, obvio, y qu√© mejor manera de hacerlo que usando palabras como ‚Äúterrorismo‚ÄĚ, ‚Äúp√°nico‚ÄĚ o incluso ‚Äúguerra‚ÄĚ. Amarillismo y sensacionalismo apoyado en historias dispersas y distantes entre s√≠, con relatos fant√°sticos de diferentes personas; un c√ļmulo de historias que todas juntas y en todos los medios amplificaban la gran mentira.

En su libro Introduction to Collective Behavior, David Miller explicaba que de acuerdo a la polic√≠a y la documentaci√≥n de los hospitales de la noche en cuesti√≥n, no hubo informes de personas que tomaran las calles con armas o situaciones similares. El √ļnico efecto notable fue que la polic√≠a vio un aumento en las llamadas en el √°rea de Nueva Jersey, la mayor√≠a preguntando si era una falsa alarma o para obtener informaci√≥n. Seg√ļn Miller:

Algunas personas llamaron para solicitaron informaci√≥n ... Algunas personas llamaron para averiguar d√≥nde pod√≠an ir a donar sangre. Algunas personas que llamaron estaban simplemente enfadadas de que un espect√°culo tan realista estuviera en antena enga√Īando a la gente, mientras que otros llamaron a la CBS para felicitarles por el emocionante programa de Halloween.

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Hace unos a√Īos, en 1998, el soci√≥logo Robert E. Bartholomew public√≥ un estudio sobre lo ocurrido, con la perspectiva que nos da el tiempo sumando diferentes trabajos de otros colegas soci√≥logos en The Martian Panic Sixty Years Later: What Have We Learned?.

Bartholomew ven√≠a a explicar c√≥mo este evento nos recuerda que la mente humana no funciona como una c√°mara de v√≠deo capturando cada pieza de informaci√≥n que entra en su campo de visi√≥n. Al contrario, la gente interpreta la informaci√≥n que se procesa. Por ejemplo recuerda que en su estudio habl√≥ con una mujer que le dijo que al recordar la emisi√≥n, la parte m√°s realista era ‚Äúla lengua de fuego que se extendi√≥ por todo el pa√≠s‚ÄĚ. La realidad es que jam√°s hubo una menci√≥n ni remotamente parecida en la emisi√≥n.

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Por tanto, lo importante es observar como los medios son una fuerza poderosa en la sociedad. No s√≥lo por el p√°nico que le cre√≥ a algunas personas, demostrando su influencia en la sociedad contempor√°nea, sino m√°s importante e ir√≥nico: c√≥mo los medios durante muchas d√©cadas enga√Īaron a much√≠simas personas para creer que ese p√°nico existi√≥ y fue m√°s extenso e intenso de lo que aparentemente fue. Cantril calculaba que m√°s de 1,2 millones de estadounidense creyeron a Welles, sin embargo no existen evidencia de ello.

De lo que no hay duda es de que ese día la radio hizo historia y los medios impresos con su historia paralela también. Los medios se perfilaron como mejores cuentacuentos que el propio Welles, lanzando al mundo el primer gran hoax. Los periódicos se revelaron como creadores de mitos, y como avisaba Bartholomew, es una clara advertencia del poder de sugestión para el presente:

Si bien parece dif√≠cil que se pueda enga√Īar a tanta gente con un caso similar al de La Guerra de los Mundos y el p√°nico generalizado, en los albores del siglo XXI s√≥lo podemos reflexionar sobre las nuevas f√≥rmulas de p√°nico de masas que nos esperan. Est√° m√°s all√° del dominio de la ciencia predecir con precisi√≥n qu√© implicar√°. Sin embargo, ser√° de vital importancia para los cient√≠ficos responder al reto de esta nueva era de las ideas y tecnolog√≠as que ser√°n capaces de engendrar nuevas situaciones. El p√°nico de masas y la sugesti√≥n pueden decirnos mucho acerca de nosotros mismos y los tiempos en los que vivimos. Es por esa raz√≥n que este desaf√≠o implica recordar las lecciones del pasado.

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