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Ciencia

Un cometa llegado de fuera del Sistema Solar está expulsando tanta agua que equivale a decenas de piscinas olímpicas cada día. No es solo un dato espectacular: es una ventana directa a cómo se formaron otros sistemas planetarios

3I/ATLAS no solo destaca por su actividad extrema, sino por su origen. Sus emisiones están revelando la química de un entorno distinto al nuestro, posiblemente formado hace miles de millones de años.
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Hay cifras que funcionan como gancho, pero que por sí solas no explican nada. Decir que un cometa está liberando agua suficiente para llenar unas 70 piscinas olímpicas al día suena impactante, pero lo realmente importante no es la cantidad, sino lo que esa actividad está revelando.

Porque 3I/ATLAS no es un cometa más. Es un visitante.

Un objeto que no pertenece a este vecindario

3I/ATLAS forma parte de un grupo extremadamente reducido de objetos detectados que provienen de fuera del Sistema Solar. Su trayectoria hiperbólica lo delata: no está ligado gravitacionalmente al Sol y no volverá jamás.

Eso lo convierte en algo más que un fenómeno pasajero. Es una muestra directa de otro sistema planetario, expulsada hace miles de millones de años y que, por pura coincidencia, ha atravesado nuestro entorno. Cada dato que deja a su paso es, en cierto modo, información “extranjera”.

Una actividad que va más allá de lo habitual

La intensidad de su actividad ha sido uno de los aspectos más llamativos desde su detección. Al acercarse al Sol, el calor provoca que los hielos de su núcleo pasen directamente a estado gaseoso en un proceso conocido como sublimación. Este fenómeno es común en los cometas, pero en el caso de 3I/ATLAS alcanza niveles especialmente altos.

Los instrumentos MAJIS y JANUS, a bordo de la misión JUICE de la Agencia Espacial Europea, detectaron emisiones continuas de vapor de agua y dióxido de carbono poco después de su paso por el perihelio. A partir de esos datos, los científicos estiman una expulsión de material de unas dos toneladas por segundo. Esa cifra es la que se traduce en el equivalente a decenas de piscinas olímpicas diarias.

Una observación inesperada… y especialmente valiosa

Un cometa llegado de fuera del Sistema Solar está expulsando tanta agua que equivale a decenas de piscinas olímpicas cada día. No es solo un dato espectacular: es una ventana directa a cómo se formaron otros sistemas planetarios
© International Gemini Observatory / NOIRLab / NSF / AURA / B. Bolin.

Lo interesante es que estas observaciones no estaban planificadas en origen. JUICE no fue diseñada para estudiar cometas interestelares, sino para investigar las lunas heladas de Júpiter.

Sin embargo, la detección de 3I/ATLAS en 2025 permitió aprovechar la oportunidad. El margen de tiempo era limitado y las emisiones del objeto eran extremadamente débiles, lo que complicó la recopilación de datos. Aun así, las observaciones resultaron suficientes para reconstruir su actividad con bastante precisión. El retraso en la llegada de los datos (varios meses) no ha hecho más que aumentar su valor.

Un objeto más antiguo de lo que parece

Más allá de su comportamiento actual, lo que realmente distingue a 3I/ATLAS es su origen. Las observaciones realizadas con telescopios como Hubble o James Webb sugieren que podría tener entre 10.000 y 12.000 millones de años. Eso lo sitúa en una etapa muy temprana de la historia de la galaxia.

Su composición refuerza esa idea. La presencia de compuestos orgánicos como el metanol en proporciones superiores a las de los cometas del Sistema Solar apunta a un entorno químico distinto. No es solo más antiguo. Es diferente.

Una cápsula del tiempo en movimiento

En este contexto, el cometa funciona como una cápsula del tiempo. No en el sentido metafórico habitual, sino de forma bastante literal. Los materiales que está liberando no han sido procesados por la evolución del Sistema Solar. Proceden de un entorno distinto, posiblemente más primitivo, donde se estaban formando otros sistemas planetarios.

Analizar estos compuestos permite reconstruir cómo era la química en esas etapas iniciales y, por extensión, cómo pudieron formarse planetas en otras regiones de la galaxia.

Un visitante que ya se está despidiendo

Tras su paso más cercano al Sol en octubre de 2025, 3I/ATLAS ya se encuentra en fase de salida. Se aleja progresivamente, pierde brillo y se dirige hacia las regiones externas del Sistema Solar.

En su recorrido, pasará cerca de Júpiter y continuará más allá de las órbitas de los planetas gigantes antes de desaparecer definitivamente en el espacio interestelar. Con el tiempo, será cada vez más difícil observarlo.

Lo que queda cuando ya no esté

Más allá de la espectacularidad de su actividad o de las cifras asociadas a su emisión, 3I/ATLAS deja algo más duradero: datos. Datos que permiten comparar la química de nuestro sistema con la de otros, entender mejor la formación de planetas y, en cierto modo, poner en contexto nuestra propia historia cósmica.

Porque este tipo de objetos no solo cruzan el Sistema Solar. Cruzan también la frontera entre lo que creemos conocer y lo que aún estamos empezando a entender.

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