16 de agosto de 1951 en un tranquilo pueblo en el sur de Francia. Leon Armunier se hab√≠a levantado temprano como todas las ma√Īanas. Ese d√≠a y como recordar√≠a m√°s adelante, hab√≠a acudido a la panader√≠a por excelencia, volvi√≥ a su casa, desayun√≥ y comenz√≥ su ronda de trabajo. Al poco tiempo de comenzar el hombre se siente mal, mareado, con cierta inestabilidad para caminar. Unos minutos despu√©s comienzan las alucinaciones salvajes, el mundo que ve a su alrededor es desgarrador. Leon no ser√≠a el √ļnico, ese d√≠a el pueblo entero vivir√≠a una experiencia alucinante. Una aut√©ntica rave del horror.

En la regi√≥n de Languedoc-Rosell√≥n, en el distrito de Nimes (sur de Francia) nos encontramos con Pont-Saint-Esprit, una peque√Īa poblaci√≥n y municipio franc√©s de unos 10 mil habitantes (censo 2012). El enclave se inici√≥ como un peque√Īo puerto pesquero en el R√≥dano (S.V a JC), aunque su historia la ha escrito principalmente el puente del Esp√≠ritu Santo por el que transcurre el r√≠o R√≥dano, a quien precisamente la ciudad le debe su nombre actual.

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Hoy Pont-Saint-Esprit es también una ciudad de la caridad, que acoge a los peregrinos en ruta hacia Santiago de Compostela y Roma, además de una plaza fuerte cuyas fortificaciones regulan o cierran las rutas militares entre norte-sur y la Provenza y el Languedoc. También es un lugar de relajación en el que acuden aquellos que disfrutan de la cocina provenzal o de los vinos de la zona.

Y la propia cocina francesa y sus alimentos, algo tan ligado al pueblo francés, iba a ser la clave de lo ocurrido a mitad del siglo pasado. Durante ese mes de agosto de 1951, con unas temperaturas asfixiantes en el epicentro de aquel verano, Leon Armunier fue el primero de cientos de habitantes en sufrir unos hechos ciertamente inexplicables hasta hace relativamente poco tiempo. Fue lo que llamaron Le Pain Maudit (el misterio del pan maldito).

Alucinando en el sur de Francia

Imagen de Pont-Saint-Esprit en 1951. AP Images

Fue terrible. Tenía una sensación horrorosa, como contracciones continuas y fuego en el cuerpo. Luego visiones de serpientes que se arrollaban alrededor de mis brazos.

As√≠ lo recordaba Leon casi 60 a√Īos despu√©s lo ocurrido en aquellas fechas. El hombre hizo lo que el sentido com√ļn le ped√≠a. Tom√≥ su bicicleta y acudi√≥ veloz al hospital de Avignon. All√≠ le pusieron una camisa de fuerza y comparti√≥ la habitaci√≥n con tres adolescentes. Cuando Leon entr√≥ en la habitaci√≥n no entend√≠a nada, todav√≠a aturdido y en pleno subid√≥n de lo que fuera, el hombre se encuentra con los tres j√≥venes encadenados a sus camas, seg√ļn los doctores, para poder mantenerlos bajo control.

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Estos tres chicos habían llegado poco antes que Leon bajo unos síntomas similares. Los jóvenes alternaban momentos de lucidez con desvaríos. Uno de ellos le cuenta a Leon que algunos de sus amigos habían tratado de saltar por la ventana del hospital y que se los habían llevado a la fuerza a otra habitación. Leon se queda estupefacto, no entiende nada de lo que está pasando, ni a él ni a su alrededor.

Lo cierto es que las consecuencias de lo ocurrido el 16 de agosto de 1951 en este tranquilo remanso al sur de Francia fue un hecho ins√≥lito. De manera repentina y misteriosa cientos de personas entraron en una especie de locura transitoria y alucinaciones. Ese d√≠a murieron cinco personas, decenas fueron internados y un n√ļmero indeterminado fue afectado por el incidente.

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La mayor√≠a de los pacientes que atendieron en el hospital ese d√≠a repet√≠an con ligeras variaciones los s√≠ntomas. N√°useas, mareos y unas alucinaciones salvajes. Historias como la de Marcel, el hombre que trat√≥ de ahogarse mientras gritaba que su vientre estaba siendo devorado por serpientes. O la de David, un ni√Īo de 11 a√Īos que trat√≥ de estrangular a su abuela, la cual hab√≠a confundido por un diablo. O quiz√° la de Antoin, el tipo que grit√≥ que era una avi√≥n antes de saltar por la ventana de un segundo piso y romperse las piernas. No s√≥lo eso, tras la ca√≠da el hombre sigui√≥ arrastr√°ndose hasta que fue detenido por los vecinos.

Pont-Saint-Esprit en la actualidad. Wikimedia Commons

Algunos vieron como sus corazones se escapan de su cuerpo y acudían al hospital horrorizados suplicando que no lo dejaran escapar. Y en general, en este clima de caos y horror, la gran mayoría de ellos acabaron como los jóvenes en la habitación de Leon, amarrados o con camisas de fuerza mientras buscaban un diagnóstico.

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La noticia corri√≥ como la p√≥lvora, ¬Ņun pueblo pose√≠do? ¬Ņuna intoxicaci√≥n de proporciones inauditas? La propia revista Time llev√≥ hasta all√≠ a un reportero. Una noticia que se narraba en los siguientes t√©rminos:

Entre los cientos de afectados y el delirio colectivo, los pacientes del hospital se levantaban y se agitaban violentamente en sus camas, gritando incoherencias como que unas flores rojas estaban floreciendo en sus cuerpos y que sus cabezas se habían convertido en plomo fundido.

Bien, flores en el cuerpo, bestias, serpientes, corazones voladores, fuego, un tipo con alas‚Ķ hab√≠a algo que claramente no cuadraba. Lo curioso es que no fue √ļnicamente ese d√≠a, esa semana se fueron produciendo otros casos similares con decenas de personas presas de s√≠ntomas similares.

Primeras investigaciones

Primeras investigaciones tras el incidente en 1951. AP Images

Las primeras conclusiones de los m√©dicos no se hicieron esperar. En septiembre sal√≠a a la luz un art√≠culo en la British Medical Journal donde los cient√≠ficos declaraban oficialmente que el incidente se deb√≠a a un ‚Äúbrote de intoxicaci√≥n‚ÄĚ producido por el moho del cornezuelo de centeno. La raz√≥n: la mayor√≠a de las v√≠ctimas ten√≠an una conexi√≥n com√ļn, todas hab√≠an comido o ten√≠an alg√ļn familiar que hab√≠a comprado durante esos d√≠as el pan de la panader√≠a de Roch Briand. Se trataba del panadero local m√°s conocido en la regi√≥n, el mismo al que acud√≠a con puntualidad cada ma√Īana Leon.

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Cuando hablamos del cornezuelo (en este caso de la familia Claviceps purpurea), hablamos de un hongo par√°sito del g√©nero Claviceps que consta de m√°s de cincuenta especies. Todas pueden afectar a una gran variedad de cereales y hierbas, aunque su anfitri√≥n m√°s com√ļn es el centeno. Aunque no hab√≠a una evidencia directa clara, en un primer momento se acus√≥ a Briand por el mal uso de la harina de centeno. De acuerdo con informes de la √©poca la harina hab√≠a sido contaminada por un hongo similar a la dietilamida del √°cido lis√©rgico (LSD).

Tampoco fue la √ļnica v√≠a de estudio. Investigaciones posteriores sugirieron envenenamiento por mercurio org√°nico debido a la utilizaci√≥n de Panogen u otros fungicidas utilizados para tratar los granos y las semillas.

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Sin embargo y durante varias décadas, la teoría del cornezuelo de centeno fue la más aceptada. Y es que el hongo es el elemento clave en el LSD. De hecho, entre los científicos que estudiaron ampliamente este hongo y sus derivados, se encontraba Albert Hofmann, cuyos experimentos lo encaminaron al descubrimiento del LSD, el enteógeno derivado del cornezuelo que afecta al sistema serotoninérgico.

La panadería de Roch Brian en 1951. AP Images

Y es que la historia de Pont-Saint-Esprit llegó a tener tal alcance que el mismo doctor Hoffman se interesó por el caso del pan maldito. Hoffman viajó hasta el pueblo y acabó confirmando la hipótesis del envenenamiento del cornezuelo de centeno. Sin embargo, a su vuelta a Basilea los Laboratorios Sandoz -lugar donde por aquel entonces trabajaba Hofmann y máximos exponentes del uso del LSD como droga para diversos usos psiquiátricos-, rechazaron por completo tal conexión.

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As√≠ se mantuvo la investigaci√≥n durante 50 a√Īos. En un punto de no retorno en el que, a falta de otras pruebas, se daba por v√°lido que de manera inconsciente el panadero hab√≠a incluido el poderoso hongo en los panes.

Hasta el 2009 exactamente. De manera fortuita se iba a abrir una nueva y fascinante vía sobre la realidad de lo ocurrido. Fue en el momento en el que se publicó el libro A Terrible Mistake: The Murder of Frank Olson and the CIA’s Secret Cold War Experiments.

Una nueva vía fortuita

Imagen: Sangoiri / Shutterstock

Ese a√Īo aparece la figura del periodista de investigaci√≥n Hank Albarelli. El hombre llevaba unos a√Īos investigando el sospechoso suicidio de un personaje que resultar√≠a clave en la historia: Frank Olson. Olson, bioqu√≠mico y cient√≠fico del Ej√©rcito de Estados Unidos hab√≠a muerto el 28 de noviembre de 1953 (dos a√Īos despu√©s del incidente del pan maldito) bajo extra√Īas circunstancias mientras realizaba una investigaci√≥n bastante sospechosa.

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Frank era qu√≠mico de un departamento secreto del ej√©rcito, la Divisi√≥n de Operaciones Especiales (SOD) de Fort Detrick (Maryland). Albarelli qued√≥ fascinado con la historia del enigm√°tico personaje. Se sab√≠a poco acerca del tipo de investigaci√≥n espec√≠fica a la que se dedicaba en el Ej√©rcito, aunque en los documentos p√ļblicos que se hab√≠an liberado por parte de la CIA se le reconoc√≠a como pilar importante de los trabajos sobre armas biol√≥gicas y experimentaci√≥n con drogas de control mental. Se sab√≠a que en el a√Īo 53 y ya como jefe de SOD el bioqu√≠mico se asoci√≥ con William Sargant, qui√©n por aquel entonces investigaba drogas psicoactivas en el Centro de Guerra Biol√≥gico de Gran Breta√Īa en Porton Down.

La muerte de Olson es uno de esos casos donde leyenda y mito nublan la realidad. De acuerdo a la versión del gobierno norteamericano (que luego cambió) formaba parte de los famosos MK ULTRA, espacio en el tiempo donde supuestamente acabó siendo medicado él mismo con LSD, acusando posteriormente casos de paranoia y crisis nerviosa. Oficialmente Olson fallecía en Manhattan el 28 de noviembre de 1953 tras lanzarse desde el 11 piso de su cuarto en el Hotel Pennsylvania.

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La llamada Comisión Rockefeller en el 75, la comisión que destapó muchas de las actividades de la CIA, acabó destapando también parte del proyecto MKULKTRA. Como consecuencia, el gobierno de Estados Unidos admitió que había suministrado grandes dosis de LSD a Olson sin su consentimiento. El gobierno acabó pagando a la familia del científico 750 mil dólares en un arreglo extrajudicial que los Olsen aceptaron.

A partir de aqu√≠ las teor√≠as sobre las causas y el modus operandi de la CIA con el cient√≠fico se disparan. ¬ŅPod√≠a ser que la naturaleza explosiva de sus confesiones sobre los proyectos fueran un detonante? Esta fue la v√≠a que retom√≥ el periodista Albarelli, la v√≠a que de manera accidental le iba a llevar hasta ese encantador y pintoresco pueblo al sur de Francia.

Una rave organizada por la CIA

Documento desclasificado de MKULTRA de la CIA para experimentos con LSD. Wikimedia Commons

Mientras investigaba el caso de Olsen, el hombre se encuentra con una serie de documentos de la CIA, en especial una nota que transcrib√≠a una conversaci√≥n entre un agente de la CIA y un funcionario de los laboratorios Sandoz (aquel en el que trabajaba Hofmann). En la conversaci√≥n transcrita se mencionaba ‚Äúel secreto de Pont-Saint-Espri‚ÄĚ y explicaba de manera inequ√≠voca que lo ocurrido no fue causado por el moho, sino por la dietilamida, se trataba directamente de LSD.

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Hilando fino Albarelli acab√≥ sacando a la luz una mentira que hab√≠a durado 50 a√Īos. Tal y como explica en su libro A Terrible Mistake: The Murder of Frank Olson and the CIA‚Äôs Secret Cold War Experiments, el brote fue el resultado de un experimento encubierto y dirigido por la SOD donde trabaj√≥ Olsen. Los cient√≠ficos que produc√≠an el LSD trabajaron para Sandoz (Suiza) y secretamente le administraban las dosis tanto al Ej√©rcito como a la CIA.

Albarelli narra en su libro que habl√≥ con ex colegas de Olson, dos de los cuales le dijeron que el incidente de Pont-Saint-Espri era parte de los experimentos de control mental dirigidos por el Ej√©rcito de Estados Unidos y la CIA. El periodista cuenta que tras la Guerra de Corea los estadounidenses lanzaron un vasto programa de investigaciones sobre la manipulaci√≥n mental de los presos y las tropas enemigas. De hecho, los cient√≠ficos de Fort Detrick con los que pudo hablar le confirmaron que entre las t√°cticas empleadas en los experimentos se rociaba LSD en el aire o se inclu√≠a en productos locales de peque√Īos enclaves.

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¬ŅPara qu√©? Se esperaba que el LSD pudiera ser utilizado como un arma; la idea era que los enemigos podr√≠an ser bombardeados con el alucin√≥geno, y que los har√≠a indefensos a trav√©s de la alucinaci√≥n colectiva y actos de locura. El ej√©rcito de Estados Unidos pasar√≠a al ataque en el territorio enemigo con muy poca oposici√≥n.

Albert Hofmann en el 2008. Ap Images

Uno de los documentos con los que se hizo venía firmado bajo la Edgewood Arsenal, espacio donde el Gobierno de Estados Unidos experimentó con LSD. En el informe se decía sobre el uso de la droga que:

El ejército debe hacer todo lo posible para poner en marcha experimentos de campo con LSD.

Sin embargo, el detonante que no dejaba lugar a dudas para el periodista fue un documento de la Casa Blanca enviado a los miembros de la Comisi√≥n Rockefeller que investigaban los abusos de la CIA. Dicho documento conten√≠a los nombres de un n√ļmero de ciudadanos franceses que hab√≠an sido empleados en secreto por la CIA, existiendo una referencia directa a lo que llamaron como el ‚Äúincidente de Pont-Saint-Espri‚ÄĚ. Adem√°s descubri√≥ que la teor√≠a aceptada hasta entonces, la intoxicaci√≥n por cornezuelo de centeno, surgi√≥ a ra√≠z de las conclusiones de los bioqu√≠micos enviados a la escena por... los propios Laboratorios Sandoz. Seg√ļn podemos leer en el libro:

... Los bioqu√≠micos fueron enviados a la escena desde Sandoz Chemical Company en Basilea, Suiza. Incluido en el contingente de Sandoz estaba el Dr. Albert Hofmann, el hombre que hab√≠a sintetizado por primera vez el LSD el 16 de noviembre de 1938. Por aquel entonces ... s√≥lo un pu√Īado de cient√≠ficos en todo el mundo, no m√°s de ocho o diez, sab√≠an de las consecuencias del LSD en el hombre. ... y casi nadie en Francia en 1951, adem√°s de un grupo selecto de funcionarios de Sandoz, era consciente de que la compa√Ī√≠a estaba trabajando en secreto en estrecha colaboraci√≥n con la CIA.

La investigación de Albarelli condujo a nuevos e insólitos casos, como el hecho de que el propio Ejército de Estados Unidos también había drogado a más de 5 mil soldados estadounidenses sin consentimiento entre 1953 y 1965. Por el contrario, ninguna de las fuentes le pudo indicar si los servicios secretos franceses estaban o no al tanto de la supuesta operación.

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Tras la publicación del libro los servicios franceses pidieron explicaciones a la CIA, quienes simplemente han negado su responsabilidad en los hechos. Mientras, en Pont-Saint-Espri todavía hoy se preguntan a quién deben pedir responsabilidades por los acontecimientos alucinados y escenas apocalípticas que vivieron en el verano del 51. Un mes de agosto que jamás olvidarán.