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Ciencia

El enemigo invisible: cómo los microplásticos están alterando el equilibrio del planeta y del cuerpo humano

Un nuevo mapa global revela que los microplásticos no solo flotan: se hunden, se infiltran y transforman ecosistemas enteros, desde las profundidades oceánicas hasta los órganos humanos. Este hallazgo redefine el alcance de la contaminación plástica y expone sus efectos más ocultos, pero también más alarmantes.
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Durante años, se creyó que la contaminación por plásticos se limitaba a lo que flotaba en la superficie del mar. Sin embargo, una investigación reciente revela una verdad mucho más profunda: los microplásticos viajan, se hunden y se incrustan tanto en los ecosistemas marinos como en los cuerpos humanos. Esta nueva evidencia marca un giro en nuestra comprensión del impacto ambiental y sanitario de estos diminutos contaminantes.

El enemigo invisible: cómo los microplásticos están alterando el equilibrio del planeta y del cuerpo humano
© Tom Fisk – Pexels

Un mapa global para entender lo invisible

Por primera vez, un equipo internacional de científicos logró cartografiar la distribución vertical de microplásticos en los océanos del mundo, desde la superficie hasta miles de metros de profundidad. Basado en 1885 estaciones de muestreo entre 2014 y 2024, el estudio revela que las partículas más pequeñas (entre 1 y 100 micrómetros) son capaces de alcanzar profundidades mayores, mientras que los fragmentos más grandes tienden a quedarse en los primeros 100 metros, especialmente atrapados en los giros oceánicos.

Este mapeo no solo visibiliza la presencia de plásticos a diferentes profundidades, sino que también evidencia su integración en procesos clave como el ciclo del carbono. Según los investigadores, a 2000 metros de profundidad, estas partículas pueden representar hasta un 5 % del carbono orgánico particulado, lo que sugiere posibles alteraciones en la regulación climática global.

Además, se identificaron 56 tipos diferentes de polímeros, con comportamientos variados según su densidad y origen. Mientras los materiales flotantes predominan en costas, los más densos se acumulan en aguas profundas, como los derivados de redes de pesca. Así, el océano —hasta ahora considerado un sumidero de CO₂— podría estar perdiendo eficacia en su función reguladora debido a la contaminación microplástica.


Argentina: ciencia costera contra un problema creciente

El enemigo invisible: cómo los microplásticos están alterando el equilibrio del planeta y del cuerpo humano
© Tom Fisk – Pexels

En Argentina, equipos como el del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (CONICET-UNMDP) monitorean playas y aguas utilizando protocolos comunes promovidos por la red REMARCO. Las partículas se clasifican por tamaño, forma, color y composición química, lo que permite trazar su origen y comportamiento.

La investigación nacional demuestra que gran parte del plástico que llega al litoral termina dispersándose o acumulándose en gigantescos parches oceánicos. Las campañas también reflejan impactos económicos, como la pérdida de valor turístico y la retroalimentación negativa de la pesca industrial, que contribuye a la contaminación con sus propios desechos.


El plástico que respiras, comes… y llevás dentro

Más allá del océano, los microplásticos han llegado a invadir el cuerpo humano. Estudios recientes los han encontrado en pulmones, sangre, placenta, testículos y hasta en cerebros. La exposición proviene de múltiples fuentes: aire, alimentos, bebidas y envases plásticos. La situación es tan extendida que expertos afirman que los humanos modernos contienen plásticos en casi todos sus órganos.

Algunos de estos fragmentos liberan aditivos químicos tóxicos y se han vinculado a problemas de fertilidad, enfermedades respiratorias e incluso mayor riesgo de infartos. También fueron detectados en más de 1300 especies animales, afectando toda la cadena alimentaria.


Un cambio de paradigma inevitable

El nuevo mapa oceánico confirma que los microplásticos no son meros residuos superficiales: se han convertido en parte activa de los ciclos químicos, ecológicos y fisiológicos del planeta. Ante esta expansión silenciosa, la comunidad científica exige estandarización global para su monitoreo y políticas urgentes para reducir el consumo de plásticos de un solo uso.

La urgencia, hoy, no solo recorre playas o mares. Está también en el aire que respiramos, en los alimentos que consumimos y en lo que circula por nuestras venas.

Fuente: Infobae.

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