La rigidez muscular, el dolor de espalda o las molestias articulares suelen tratarse con técnicas convencionales, pero existe un método revolucionario que va más allá del síntoma. La reeducación postural global (RPG) propone un abordaje suave y personalizado, enfocado en encontrar el origen del problema. A través del trabajo conjunto de respiración, estiramientos y conciencia corporal, este enfoque mejora tu postura y tu calidad de vida.
Qué es la reeducación postural global y cómo actúa en el cuerpo
La reeducación postural global, conocida como RPG, fue desarrollada por el fisioterapeuta francés Philippe Souchard en los años 80. Este método combina análisis postural minucioso, respiración guiada y estiramientos progresivos para liberar tensiones acumuladas, devolver movilidad y aliviar dolores crónicos.

Según el kinesiólogo Eduardo Riscalde, formado con el propio Souchard, el tratamiento se basa en detectar “el eslabón que no cumple su función” dentro del sistema corporal. A partir de esa evaluación, se diseña un plan terapéutico personalizado que busca restaurar el equilibrio postural general.
Los ejercicios, lejos de ser bruscos o invasivos, consisten en activar de forma suave los grupos musculares más comprometidos mediante elongaciones sostenidas, siempre acompañadas por una respiración consciente que potencia el efecto terapéutico. Al final de cada sesión, se analiza si hubo cambios y se ajusta la estrategia.
Para qué casos se recomienda y qué beneficios ofrece
Esta técnica se indica, sobre todo, para tratar problemas de columna como escoliosis, hernias discales, cervicalgias y lumbalgias. También se emplea en casos de hombros congelados, artrosis de cadera, y patologías musculares o articulares tanto en miembros superiores como inferiores.

El kinesiólogo y fisiatra José Luis García resalta que RPG no solo alivia el dolor, sino que también previene lesiones futuras gracias a la corrección de la postura. Uno de sus mayores beneficios es generar conciencia corporal, permitiendo que los pacientes comprendan y sostengan activamente su alineación natural.
Al estimular músculos que suelen estar inactivos por el dolor o la mala postura, se logra una mayor flexibilidad y se reduce el desgaste prematuro de las articulaciones. El paciente no solo se siente más liviano, sino que nota cómo “se endereza” sin forzar el cuerpo.
Las sesiones suelen durar entre 30 y 60 minutos, con una frecuencia semanal. La clave está en elegir la postura terapéutica más adecuada para cada caso, y trabajarla de forma consciente, respetando los tiempos del cuerpo y evitando cualquier sobreesfuerzo.
Fuente: La Nación.