Los compañeros de cuarto comparten mucho más que la ropa. Esta semana se dio a conocer un trabajo de investigación que muestra que quienes conviven en un hogar comparten muchas de las mismas bacterias que se encuentran en sus cuerpos.
Los científicos son de la Universidad de Trento, Italia, y analizaron los microbiomas de la boca y los intestinos de más de 400 personas. Quienes convivían solían tener muchas más cepas similares de bacterias que los de la misma comunidad que no convivían, y la proporción de microbioma que compartían los convivientes era de alrededor de un cuarto del total. Las parejas románticas que convivían incluso tenían más bacterias bucales en común, probablemente por conductas íntimas como besarse.
“Lo que hallamos amplía lo que sabemos de la propagación del microbioma y sus potenciales consecuencias para la salud humana”, escribieron los investigadores en el trabajo que se publicó el lunes en Cell Press Blue.
Compañeros de cuarto bacterianos
Nuestros cuerpos están llenos de comunidades microbianas conocidas como microbiomas. Esos microbiomas son vitales, aunque todavía no se sabe bien cuáles son todos los aspectos en los que pueden afectar a nuestra salud.
Las investigaciones muestran que la composición de nuestros microbiomas se ve muy influenciada por nuestras experiencias y entornos en la infancia y niñez. De acuerdo a lo que afirman los investigadores, no se sabe cómo es exactamente que nuestro microbioma puede cambiar más adelante en la vida.
“Sabemos que la dieta y otros factores del estilo de vida pueden cambiar nuestro microbioma, pero son factores que actúan en los microbios que ya tenemos dentro”, dijo el autor principal del trabajo Nicola Segata, biólogo computacional de la Universidad de Trento, en declaraciones de la universidad. “Eso no resuelve la pregunta del origen de los microbios”.
Segata y su equipo analizaron los datos genéticos de los microbiomas bucales e intestinales de 430 personas de 207 hogares de Italia y Fiji. Específicamente se centraron en las cepas de bacterias halladas en estos microbiomas.
Encontraron que los convivientes compartían un 19% de las cepas de microbioma intestinal, y 26% de las cepas de bacterias bucales, en tanto que los de la misma comunidad que no convivían, sólo compartían un 6% de su microbioma intestinal y 0% del microbioma bucal. Pero las parejas románticas compartían alrededor del 44% del microbioma bucal.
¿Y qué significa eso?
Los resultados indican que el entorno sigue teniendo un rol significativo en la formación del microbioma incluso a medida que avanza el tiempo, aunque sea en una proporción menor.
Aunque la mayoría de las bacterias que viven en nuestros cuerpos son inocuas o beneficiosas, las que compartimos con otras personas podrían tender a causar o empeorar los riesgos de sufrir enfermedades, afirmaron los investigadores. Hallaron que las cepas de bacterias intestinales más transmisibles estaban ligadas a la diabetes tipo 2 o a la mala salud cardíaca, por ejemplo, y que las cepas más transmisibles de la boca estaban vinculadas a cáncer colorrectal o infecciones oportunistas (que causan problemas cuando se debilita el sistema inmunológico).
“Resulta difícil especular el porqué, pero podría ser reflejo de su capacidad de soportar el estrés”, dijo el investigador en jefe Vitor Heidrich, también biólogo computacional de la Universidad de Trento, en declaraciones. “Las mismas características que les permiten sobrevivir a la transmisión entre los humanos podrían hacer que vivan y se reproduzcan en las condiciones inflamatorias relacionadas con la enfermedad”.
Lo que se aprenda a partir de esta investigación y otros estudios similares nos ayudará a entender mejor al microbioma y a saber cómo cambiarlo para mejor. Mientras tanto, puede resultarte asqueroso, o incluso tierno, saber que compartes mucho más de lo que creías con tu compañero de cuarto o tus seres queridos.