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Ciencia

El escorpión que marcaba el paso del Sol. México guarda una de las evidencias más antiguas de astronomía comunitaria

Alineado con el amanecer y el ocaso de los solsticios, este montículo de 62 metros podría ser la prueba de que los pueblos mesoamericanos del valle de Tehuacán dominaban la observación solar siglos antes de los grandes templos. Su forma, su simbolismo y sus ofrendas revelan una conexión olvidada entre la agricultura, el cosmos y la vida cotidiana.
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En el valle de Tehuacán, al sur de Puebla, un montículo de tierra y piedra ha comenzado a cambiar lo que creíamos saber sobre la astronomía mesoamericana. Tiene forma de escorpión, mide más de 60 metros de largo y fue construido hace más de mil años. Pero lo más sorprendente no es su silueta, sino su orientación: el amanecer y el atardecer en los solsticios parecen alinearse con precisión con sus extremos.

Y eso significa una cosa: alguien, en una comunidad rural sin templos ni observatorios monumentales, estaba mirando el cielo con una exactitud que no esperábamos encontrar.

Un observatorio sin sacerdotes

Un escorpión tallado en la tierra mexicana que miraba al Sol. El misterioso montículo que podría reescribir la astronomía antigua
© Ancient Mesoamerica / INAH – Blas Castellón.

El hallazgo, reseñado por National Geographic y publicado en la revista Ancient Mesoamerica, forma parte de un complejo arqueológico que abarca terrazas agrícolas, canales de riego y al menos una docena de montículos menores. Según los arqueólogos, el escorpión habría sido edificado entre los siglos VI y XI d.C., cuando el valle aún dependía del calendario solar para coordinar las siembras y las cosechas.

El extremo noreste del montículo se alinea con la salida del sol en el solsticio de verano; su lado opuesto, con la puesta solar del invierno. En un entorno semidesértico, donde cada lluvia era crucial, observar el cielo no era un ritual de élite, sino una herramienta de supervivencia.

El equipo mexicano-polaco que lo investiga cree que este espacio sirvió como calendario solar comunitario, un punto de reunión para agricultores que calibraban sus ciclos agrícolas a partir del movimiento del Sol.

Donde la ciencia y el mito se funden

Un escorpión tallado en la tierra mexicana que miraba al Sol. El misterioso montículo que podría reescribir la astronomía antigua
© Ancient Mesoamerica / INAH – Blas Castellón.

Entre las ofrendas halladas junto a la “cabeza” del escorpión hay vasijas rotas con restos de tabaco, chiles y cenizas: señales de rituales ligados a la fertilidad y al inicio de las lluvias. También aparecieron figurillas e incensarios que refuerzan la dimensión simbólica del lugar.

El escorpión, figura asociada en Mesoamérica con la fertilidad, la protección y el renacer, podría haber encarnado la relación entre el Sol y la tierra. No es casual: para muchas culturas, este animal representaba el equilibrio entre la muerte y la regeneración, igual que los solsticios marcan los límites del ciclo solar.

Las similitudes con cerámicas halladas en Cacaxtla y Cholula sugieren que estos pueblos compartían un mismo conocimiento astronómico. Una red de saberes rurales que floreció lejos de los grandes templos, pero que observaba el cielo con la misma precisión que las urbes sagradas.

Un legado escondido bajo el polvo

Los investigadores continúan con estudios de datación y modelado digital para precisar las fases constructivas y confirmar las alineaciones solares. Si se verifican, el “escorpión de Tehuacán” sería una de las evidencias más antiguas de astronomía aplicada a la agricultura en Mesoamérica.

Un recordatorio de que, mucho antes de los calendarios mayas o los observatorios zapotecas, las comunidades rurales ya habían aprendido a leer el lenguaje del Sol. Y lo hicieron con algo tan simple —y tan poderoso— como la forma de un escorpión mirando al cielo.

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