Durante muchos siglos, filósofos y científicos se enfrentaron a una pregunta que parecía irresoluble: ¿apareció primero el huevo o la gallina? Un enigma que fue metáfora de la circularidad del tiempo y de los límites del conocimiento. Hoy, la paleontología ofrece nuevas respuestas gracias a fósiles que permiten rastrear la historia de la reproducción mucho más atrás que la existencia de las aves.
Un fósil que reescribe la cronología

El hallazgo clave es un embrión fosilizado del reptil acuático Ikechosaurus, que vivió entre 168 y 120 millones de años atrás. Lo sorprendente es que estaba dentro de un huevo de cáscara blanda, conservado aún dentro del cuerpo de la madre. Esta modalidad, llamada retención embrionaria extendida, muestra que los primeros vertebrados terrestres no ponían huevos duros como los actuales, sino que los retenían hasta fases avanzadas de gestación.
Este fósil presentaba un grado elevado de osificación, lo que confirma que el embrión estaba en una etapa tardía de desarrollo. Esa evidencia señala que la estructura “huevo” ya existía, pero bajo formas que no se parecen del todo a las que hoy asociamos con aves o reptiles modernos.
El huevo antes que la gallina

Para el paleontólogo Michael Benton, coautor del estudio, la respuesta es clara: el huevo antecede a la gallina. Las aves actuales son solo una rama de un árbol evolutivo mucho más amplio en el que el huevo ya cumplía un papel esencial. La gallina, como especie, surgió mucho después de que los vertebrados ya se reprodujeran mediante huevos, aunque estos fueran diferentes a los que conocemos.
Sin embargo, Benton advierte que no se trata de una solución simple. El concepto mismo de “huevo” cambia al retroceder millones de años. Lo que el estudio confirma es que esta estructura biológica precedió a las aves modernas y, por lo tanto, también a la gallina. Así, la ciencia aporta una respuesta matizada pero firme: el huevo fue primero, aunque no exactamente como lo imaginamos en el desayuno.