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Ciencia

El exoplaneta que intriga a la NASA. Existen probabilidades que pueda ocultar un océano bajo su atmósfera… o no tener nada en absoluto

A 39 años luz de la Tierra, este planeta extrasolar se perfila como uno de los mundos más prometedores de la Vía Láctea. El telescopio James Webb ya lo ha observado varias veces, pero sus señales siguen siendo ambiguas: podría ser una roca desnuda o albergar una atmósfera capaz de sostener agua líquida.
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El hallazgo de un planeta templado más allá del sistema solar siempre despierta expectativas de habitabilidad. TRAPPIST-1e, uno de los siete mundos que orbitan una enana roja ultrafría, se ha convertido en el más estudiado de su familia. La pregunta clave es sencilla de formular pero difícil de responder: ¿guarda bajo su tenue luz un océano oculto o se trata de una esfera árida y sin aire?

La importancia de una atmósfera

El exoplaneta que intriga a la NASA. Existen probabilidades de que pueda ocultar un océano bajo su atmósfera… o no tener nada en absoluto
© NASA/JPL-Caltech.

TRAPPIST-1e ocupa una posición privilegiada dentro de la zona habitable de su estrella. Esa franja permite que la temperatura superficial sea compatible con agua líquida. Sin embargo, sin una atmósfera que regule la presión, filtre radiación y retenga elementos volátiles como oxígeno o nitrógeno, la posibilidad de vida se desmorona. La clave, por tanto, está en determinar si ese velo gaseoso existe realmente.

El reto de observar desde la distancia

Detectar un planeta a 39 años luz ya es una proeza; conocer los detalles de su atmósfera es aún más complejo. Los astrónomos dependen de los tránsitos, cuando el planeta pasa frente a su estrella. En esos instantes, la luz se filtra por su borde y deja entrever la posible composición de gases. Es como intentar conocer la silueta de la Luna únicamente durante un eclipse solar.

Resultados ambiguos del James Webb

El exoplaneta que intriga a la NASA. Existen probabilidades de que pueda ocultar un océano bajo su atmósfera… o no tener nada en absoluto
© NASA, ESA, CSA, J. OLMSTED (STSCI).

Las primeras campañas del James Webb ofrecieron un escenario desconcertante. Los modelos muestran que tanto una superficie desnuda como una atmósfera rica en nitrógeno podrían ajustarse a los datos. Ninguna explicación resuelve todas las señales detectadas, que podrían deberse también a la propia actividad estelar. La incertidumbre permanece, y solo la acumulación de más observaciones permitirá avanzar en la respuesta.

Lo que significa para la búsqueda de vida

La incógnita sobre TRAPPIST-1e recuerda lo poco que sabemos de mundos que orbitan estrellas diferentes al Sol. Su enana roja ultrafría es casi dos mil veces menos luminosa que nuestra estrella, y eso cambia por completo las reglas de juego. Incluso rastros de dióxido de carbono podrían desencadenar un efecto invernadero y sostener un océano. El desenlace aún está lejos, pero cada tránsito observado acerca un poco más la posibilidad de comprender si este planeta es un candidato real a albergar vida.

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