Durante décadas nos hemos preguntado si estamos solos en el universo. Ahora, una nueva tecnología en pleno desarrollo podría traernos esa respuesta antes de que termine la década. El Telescopio Extremadamente Grande (ELT), que se construye en Chile, promete revolucionar la búsqueda de vida en el cosmos, y su primer objetivo ya está definido: Próxima b, el planeta más cercano a la Tierra.
Una máquina colosal para mirar más lejos que nunca

Ubicado en el desierto de Atacama, el ELT será el telescopio terrestre más poderoso jamás construido. Con un espejo de 39 metros de diámetro —diez veces más grande que sus predecesores—, podrá capturar imágenes hasta 16 veces más nítidas que las del Telescopio Espacial Hubble. Su capacidad para recoger luz lo convierte en una herramienta ideal para estudiar las atmósferas de exoplanetas con un detalle sin precedentes.
A diferencia del James Webb, que depende del paso de los planetas frente a sus estrellas para estudiar sus atmósferas, el ELT podrá analizar también aquellos mundos que no transitan, gracias a la luz estelar reflejada. Este avance permitirá observar muchos más planetas potencialmente habitables.
Detectar señales de vida en solo diez horas
Este nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Washington modeló cómo funcionará el ELT en distintos escenarios planetarios. Simularon cuatro tipos de mundos: uno rico en vegetación, uno en etapa temprana de vida, otro con océanos evaporados y uno aún sin vida, pero con condiciones adecuadas para albergarla.
Según los resultados, en solo diez horas de observación, el ELT podría distinguir claramente entre estos mundos en sistemas cercanos, como Próxima Centauri. Si hay señales de vida, como agua, oxígeno o dióxido de carbono, el telescopio podrá detectarlas rápidamente. En planetas más grandes, como los de tamaño Neptuno, bastará con una sola hora de observación.
Más allá del James Webb

Aunque el telescopio espacial James Webb ha logrado avances importantes en la detección de atmósferas, sus limitaciones han quedado claras. En sistemas como TRAPPIST-1, sus observaciones no pudieron confirmar si ciertos planetas tenían aire o no. El ELT, con su mayor sensibilidad, superará este tipo de obstáculos y evitará falsos positivos o negativos al analizar planetas similares a la Tierra.
Además, gracias a su potencia, el ELT no solo podrá confirmar la presencia de vida, sino también diferenciar entre mundos activos biológicamente y aquellos que ya han pasado a estados áridos o estériles, como Marte o Venus.
La cuenta regresiva ha comenzado
El ELT comenzará a operar en 2028, y los primeros resultados podrían llegar tan pronto como entre en funcionamiento. Si existe vida en Próxima b o en algún otro planeta cercano, es probable que lo sepamos pocos días después de iniciar las observaciones. Y si no la hay, al menos estaremos más cerca de responder una de las preguntas más fundamentales de la humanidad.
Sea cual sea la respuesta, está cada vez más cerca.