El pasado 22 de enero se anunciaron los nominados a la 98ª edición de los Premios Oscar, una lista marcada por récords, regresos y algunas ausencias difíciles de ignorar. Mientras títulos como Los pecadores arrasaban con 16 nominaciones y nombres como Timothée Chalamet o Paul Thomas Anderson sonaban con fuerza, hubo una película cuya desaparición del mapa resultó especialmente llamativa.
Una secuela que partía con ventaja
Wicked: Parte 2, dirigida por John M. Chu, llegaba a los Oscar con una herencia poderosa. La primera entrega, estrenada en 2024, obtuvo diez nominaciones y ganó dos estatuillas, además de colocar a Cynthia Erivo y Ariana Grande entre las candidatas interpretativas.
Por eso, el resultado final fue desconcertante: cero nominaciones. Ni en categorías principales, ni en interpretación, ni siquiera en apartados técnicos donde muchos daban por segura su presencia, como vestuario, diseño de producción o canción original.

La explicación más incómoda
Según un votante anónimo de la Academia citado por News Nation Now, parte del rechazo habría estado condicionado por la percepción pública generada durante la gira de prensa. “La película no fue tan buena”, afirma la fuente, pero añade un elemento clave: “Sus apariciones promocionales dieron escalofríos a mucha gente”.
El foco no estaría en la química en pantalla —que el propio votante reconoce como notable— sino en las interacciones virales fuera de ella, interpretadas por algunos sectores como excesivas, artificiales o incluso incómodas. En lugar de hablar de la película, la conversación pública giró hacia la relación entre las actrices.
Cuando la narrativa se impone a la obra
Durante semanas, la promoción de Wicked: Parte 2 quedó eclipsada por clips de alfombras rojas y entrevistas. Se debatía si ambas actrices eran demasiado dependientes entre sí, si su comportamiento era performativo o si transmitían una imagen poco natural. El contenido artístico pasó a segundo plano.
Este fenómeno no es nuevo, pero en una temporada tan competitiva como la de 2026, cualquier distracción puede pesar. Para algunos votantes, la película dejó de ser el centro del mensaje.
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¿Justificación o chivo expiatorio?
Conviene subrayar que esta opinión no representa oficialmente a la Academia. Otros analistas apuntan a una explicación más simple: el nivel excepcional de la edición. Incluso en categorías técnicas, la competencia fue feroz, y muchos consideran que la secuela no alcanzó el impacto artístico de la primera parte.
De hecho, tanto Erivo como Grande sí lograron nominaciones en los Globos de Oro, lo que sugiere que el rechazo no fue unánime.
Un caso que deja preguntas abiertas
La ausencia de Wicked: Parte 2 plantea un debate interesante: ¿hasta qué punto la narrativa mediática puede influir en el reconocimiento académico? ¿Pesó más la percepción externa que el contenido de la película?
Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que ‘Wicked: Parte 2’ se convierte en una de las grandes incógnitas de los Oscar 2026, un recordatorio de que, en Hollywood, no siempre gana quien más ruido hace… y a veces, el ruido juega en contra.
Fuente: SensaCine.