Durante siglos, los estudiosos han dado por perdido gran parte del trabajo de Apolonio de Perga, el matemático griego conocido como el «Gran Geómetra». Su obra más influyente, Las Cónicas, sentó las bases del estudio de curvas como la parábola, la elipse y la hipérbola. Sin embargo, de sus ocho volúmenes originales, solo cuatro habían llegado hasta nuestros días.
Por eso, el reciente descubrimiento de dos de sus libros desaparecidos ha causado revuelo en el mundo académico. Estos textos no estaban ocultos en un antiguo templo griego ni en una excavación arqueológica, sino en la Biblioteca de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos. Se hallaban entre decenas de manuscritos árabes, donde pasaron inadvertidos durante siglos.
Un tesoro del siglo XVII oculto en pergaminos árabes

Los documentos forman parte de una colección adquirida en el siglo XVII por el orientalista y matemático holandés Jacobus Golius. Durante sus viajes por Oriente Medio, Golius compró casi 200 manuscritos, sin imaginar que entre ellos se encontraban estos dos volúmenes de Las Cónicas.
A pesar del interés que ha despertado su colección, solo una pequeña parte ha sido estudiada en profundidad. La razón es simple: la mayoría de estos textos están escritos en árabe, persa o turco, y el número de expertos que dominan estas lenguas y sus sistemas de escritura es reducido.
«El estudio de los manuscritos islámicos requiere conocimientos en paleografía, historia, lingüística y matemáticas», explica Mesut Idriz, profesor de civilización islámica en la Universidad de Sharjah, en Emiratos Árabes Unidos.
La geometría griega en manos de la civilización islámica

Los libros recién hallados corresponden a los volúmenes cinco y siete de Las Cónicas. El primero trata sobre los segmentos máximos y mínimos en relación con una cónica, mientras que el segundo se centra en los diámetros conjugados. Estas ideas complementan el estudio de las curvas que se generan al iluminar una pared con una linterna, una base fundamental para disciplinas como la óptica y la física moderna.
El hallazgo demuestra una vez más cómo la ciencia griega fue preservada y desarrollada por la civilización islámica. Muchos tratados matemáticos de la antigüedad llegaron a Europa gracias a su conservación en manuscritos árabes, que aún permanecen en bibliotecas occidentales sin ser estudiados por completo.
“Las instituciones occidentales albergan miles de documentos árabes, persas y otomanos con conocimientos geométricos inéditos”, señala Mostafa Zahri, profesor de modelado matemático en la Universidad de Sharjah.
Más allá de Apolonio: mapas, astronomía y ciencia medieval

Los textos de Apolonio no fueron los únicos hallazgos dentro de estos manuscritos. Los investigadores también encontraron tratados de astronomía, zoología, biología y geografía. Entre ellos, destaca un antiguo documento que detalla coordenadas geográficas con un asombroso nivel de precisión para su época, estableciendo la ubicación exacta de 160 ciudades con un margen de error mínimo.
Algunos textos, sin embargo, rozan lo fantástico. Uno de ellos describe regiones desconocidas del mundo donde las personas tendrían brazos en lugar de orejas y existirían islas habitadas exclusivamente por hombres o por mujeres.
«La caligrafía de estos manuscritos es asombrosa. Las figuras geométricas están trazadas con una precisión impresionante. Son testimonio de la disciplina y el nivel de concentración de sus autores, algo que la modernidad, con sus teléfonos y pantallas, ha hecho desaparecer», reflexiona el historiador Jan Pieter Hogendijk.
Un enigma geométrico resuelto siglos antes de lo pensado

Otro de los documentos descubiertos se atribuye a Yusuf al-Mu’taman ibn Hud, rey de la Taifa de Zaragoza en el siglo XI. En él, se encuentra la solución a un antiguo problema geométrico griego, resuelto por matemáticos musulmanes casi 500 años antes de que los europeos encontraran una respuesta similar.
Este hallazgo refuerza la idea de que la ciencia medieval islámica fue clave en el desarrollo del conocimiento matemático que luego adoptó Europa. Todavía quedan miles de manuscritos sin analizar en bibliotecas de todo el mundo, y quién sabe qué otros secretos pueden esconder sus páginas.