En agosto de 2025, los cielos de España y Portugal se cubrieron de humo visible incluso desde el espacio. Las temperaturas extremas y la sequedad del terreno avivaron incendios que devastan bosques, cultivos y comunidades. Sin embargo, las herramientas satelitales ofrecen una mirada única: mapas y datos que permiten entender la magnitud del desastre y planificar respuestas más efectivas.
El ojo orbital sobre el fuego

La misión Copernicus Sentinel-3 captó el 17 de agosto una imagen que muestra cómo densas columnas de humo se alzan desde el noroeste de España y el norte de Portugal, desplazándose hacia el Atlántico y fusionándose con sistemas nubosos sobre el golfo de Vizcaya. Parte de ese humo fue empujado de nuevo hacia la costa mediterránea, creando un velo persistente.
La activación del Servicio de Cartografía de Emergencias Copernicus permitió elaborar mapas de respuesta rápida para equipos de emergencia, un recurso vital que complementa la labor sobre el terreno.
Mapas de humo y monóxido de carbono

El seguimiento satelital no se limita a las imágenes visibles. Los datos del radiómetro VIIRS, en colaboración entre la NASA y la NOAA, identifican los focos activos de fuego y los clasifican por su potencia. Paralelamente, el Servicio de Vigilancia Atmosférica de la Comisión Europea (CAMS) mide la concentración de monóxido de carbono, un gas tóxico que puede impactar en la salud humana incluso a cientos de kilómetros de los incendios.
Los satélites Sentinel-5P y los instrumentos Sentinel-4 y Sentinel-5 se han convertido en piezas clave de esta vigilancia atmosférica, ayudando a trazar un mapa más preciso de la contaminación.
Un desafío que crece con la crisis climática

El fuego es considerado una variable climática esencial, pues altera los ciclos del carbono, la calidad del aire y la dinámica de los ecosistemas. Por ello, la Agencia Espacial Europea impulsa proyectos como XFires y la Iniciativa sobre el Cambio Climático, que recopilan datos globales para mejorar predicciones y apoyar políticas como el Acuerdo de París.
Lo que muestran los satélites sobre la Península Ibérica no es solo un desastre inmediato, sino un anticipo de un futuro más complejo: incendios cada vez más frecuentes e intensos que obligarán a repensar cómo protegemos nuestros territorios y cómo enfrentamos, colectivamente, la crisis climática.
Fuente: ESA.