Nueva York siempre ha sido la ciudad de los contrastes: glamour y basura, Broadway y sótanos húmedos, luces de neón y cloacas infestadas. Entre sus símbolos, las ratas ocupan un lugar incómodo pero ineludible. Ahora, un hallazgo científico añade una nueva capa a esta relación: los roedores han creado un lenguaje adaptado al ruido urbano. Su “dialecto” ultrasónico, inaudible para nosotros, les permite comunicarse eficazmente en el caos neoyorquino.
Ratas que hablan la lengua del metro
El equipo de investigadores de Nueva York y Alemania analizó al Rattus norvegicus con IA, cámaras térmicas y grabaciones ultrasónicas. Los resultados, publicados en bioRxiv, mostraron que sus chillidos cambian según el entorno: más suaves en la superficie, más potentes en el metro. Incluso durante el paso de ambulancias, sus vocalizaciones aparecían por encima de las sirenas.
Un lenguaje nacido del ruido
Las redes neuronales revelaron que las ratas de Nueva York emiten sonidos más cortos y fuera de los rangos conocidos en otras poblaciones. En palabras de la investigadora Emily Mackevicius, “han aprendido a elevar su voz sobre el ruido mismo de la ciudad”. No es exagerado decir que han creado un idioma propio, moldeado por la metrópoli.
Sociedad bajo tierra
El estudio también arrojó datos sobre sus dinámicas sociales: los jóvenes se desplazan en grupo mientras los adultos lo hacen solos. Esta flexibilidad sugiere estrategias de protección y aprendizaje, lejos de la imagen plana del roedor como mera plaga. Las ratas, en realidad, muestran comportamientos complejos y adaptativos.
Las ratas de Nueva York se comunican con vocalizaciones ultrasónicas que los humanos no escuchamos, y modifican su volumen según el ruido ambiente pic.twitter.com/1qoGc9q6TL
— Germán Castro 🖌 Yo de grande quiero ser textólogo (@gcastroibarra) September 15, 2025
Cuando la ciudad cambia a sus habitantes
Más allá del asombro, el hallazgo plantea un reto mayor: entender la biología de las ciudades. Para 2050, siete de cada diez personas vivirán en entornos urbanos. Animales como ratas, palomas o mapaches no son visitantes indeseados, sino habitantes que coevolucionan con nosotros.
La conclusión inquietante es clara: la ciudad moldea voces, conductas y formas de vida, tanto humanas como animales. Nueva York, en este sentido, no solo habla a través de sus ciudadanos, sino también de sus ratas.
Fuente: Xataka.