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El inesperado “diálogo” entre bacterias y neuronas que podría transformar la medicina

Un equipo internacional descubrió que ciertas bacterias intestinales pueden comunicarse físicamente con neuronas, alterando su actividad sin necesidad de intermediarios. El hallazgo, liderado por la Universidad Complutense de Madrid y la de Turín, abre una vía inédita para diseñar terapias cerebrales y comprender mejor la relación entre microbiota, inmunidad y mente.

Durante años se pensó que la microbiota influía en el cerebro únicamente a través del sistema inmune o la circulación sanguínea. Ahora, un estudio publicado en Scientific Reports rompe este paradigma: demuestra que bacterias intestinales pueden “hablar” directamente con neuronas. Este descubrimiento redefine cómo entendemos la conexión intestino–cerebro y anticipa nuevas terapias para trastornos neurológicos e inmunológicos, al situar a los microorganismos intestinales como actores principales en la regulación de la salud humana.


Un minicerebro en el laboratorio

Los investigadores crearon un “minicerebro” con neuronas extraídas de ratas y cultivadas durante dos semanas, hasta que establecieron conexiones similares a las de un tejido cerebral real. Sobre esta red neuronal aplicaron la bacteria Lactiplantibacillus plantarum, habitual en la microbiota humana y presente en alimentos fermentados como el yogur o los encurtidos.

Con microscopía avanzada comprobaron que las bacterias se adherían firmemente a la superficie de las neuronas sin invadirlas. Ese simple contacto bastó para modificar la actividad eléctrica y la expresión genética de las células nerviosas, como si al tocar una pantalla se activaran nuevas funciones ocultas.


El código bioeléctrico compartido

Juan Lombardo Hernández, primer autor del trabajo, destacó que neuronas y bacterias podrían compartir un mismo “lenguaje bioeléctrico” basado en canales iónicos y potenciales de membrana. En otras palabras, organismos de mundos distintos parecen capaces de entenderse gracias a principios moleculares comunes.

Esto cambia la forma en que se explica la influencia de la microbiota en procesos como la plasticidad neuronal, la inflamación o incluso patologías neurológicas. Lejos de ser actores secundarios, los microbios intestinales podrían tener un papel directo en el control del sistema nervioso.


Implicaciones para la salud y la medicina

El intestino alberga alrededor de 100 billones de bacterias, más que estrellas en la Vía Láctea. Su equilibrio depende de la dieta, los antibióticos o las infecciones, y cualquier alteración repercute en digestión, inmunidad y ahora, se confirma, también en la función cerebral.

Este hallazgo abre la puerta a terapias neuroactivas basadas en bacterias vivas o inactivadas que modulen con precisión la actividad neuronal. Las posibilidades son enormes: desde mejorar la salud mental hasta reforzar la respuesta inmune frente a enfermedades.


Un nuevo paradigma en marcha

La investigación confirma que el cuerpo humano es un sistema profundamente interconectado. El descubrimiento de este diálogo directo entre bacterias y neuronas transforma la visión de la microbiota: ya no solo como aliada digestiva, sino como interlocutora del cerebro.

El futuro de la medicina podría incluir probióticos diseñados no solo para cuidar el intestino, sino también para modular emociones, memoria o resistencia a enfermedades neurológicas. Lo que parecía ciencia ficción empieza a perfilarse como una realidad tangible.

Fuente: Infobae.

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