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El universo recién nacido escondía un secreto magnético: Su fuerza era tan débil como las señales eléctricas de nuestro cerebro

Un estudio internacional con más de 250.000 simulaciones revela que el cosmos primitivo estaba atravesado por campos magnéticos casi imperceptibles, con una intensidad comparable a la actividad neuronal humana. Aunque minúsculos, dejaron una huella en las estructuras cósmicas que vemos hoy y podrían cambiar cómo entendemos la formación de galaxias.

Desde un simple imán de nevera hasta las auroras boreales, los campos magnéticos nos rodean con familiaridad. Pero el hallazgo reciente de un equipo de astrofísicos ha llevado esta fuerza invisible al terreno del origen del universo. Sus cálculos sugieren que el cosmos recién nacido latía con un magnetismo tan frágil como el pulso eléctrico del cerebro humano.

Campos magnéticos primordiales: huellas del Big Bang

Explica Muy Interesante: Los llamados campos magnéticos primordiales pudieron originarse en las primeras fracciones de segundo tras el Big Bang, quizás durante la inflación cósmica. Aunque su intensidad apenas alcanzaba 0,2 nanogauss —miles de millones de veces menos que un imán casero—, habrían influido en la distribución inicial de la materia y guiado el nacimiento de las primeras estructuras cósmicas.

El bosque Lyman-alfa como testigo silencioso

Para detectar su rastro, los investigadores recurrieron al bosque Lyman-alfa, un patrón de absorción en la luz de los cuásares producido por el hidrógeno intergaláctico. Este “bosque” actúa como archivo fósil del universo temprano, donde incluso campos magnéticos ínfimos pueden alterar la forma en que la materia se distribuye a pequeña escala.

La comparación entre observaciones reales y simulaciones mostró que un modelo con magnetismo débil encajaba mejor con los datos que uno sin él, marcando el límite más estricto jamás calculado para estos campos invisibles.

Un impacto en la historia de las galaxias

El hallazgo no es un mero detalle técnico. De confirmarse, estos campos habrían acelerado la formación de galaxias y estrellas en el universo naciente. Incluso las mediciones del telescopio James Webb sobre galaxias lejanas podrían estar influidas por este magnetismo sutil.

Aunque aún no se habla de detección definitiva, el resultado redefine los límites de lo posible y nos recuerda que hasta las fuerzas más débiles dejan cicatrices duraderas en la historia del cosmos.

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