Lo que antes era un avistamiento excepcional en aguas brasileñas se ha convertido en una experiencia cada vez más frecuente. Las ballenas jorobadas, conocidas por sus viajes de miles de kilómetros, están pasando más tiempo en regiones inesperadas. Este cambio de comportamiento plantea preguntas científicas y abre nuevas oportunidades para la conservación y el turismo sostenible.
Ballenas que cambian su ruta
Una mañana invernal en Ubatuba, São Paulo, dos jóvenes ballenas jorobadas irrumpen en la superficie entre saltos y chapoteos ante la mirada atónita de turistas. Estas apariciones, antes esporádicas, se han vuelto habituales. Investigadores como Luciana Brondízio, del Instituto Argonauta, señalan que algunas de estas ballenas permanecen hasta tres meses en la costa paulista en lugar de dirigirse directamente a Bahía, su tradicional zona de reproducción.
Este nuevo patrón podría estar vinculado a cambios en la disponibilidad de alimento. Según Sérgio Cipolotti, del Instituto de la Ballena Jorobada, se trata de un comportamiento oportunista, quizás relacionado con la escasez de kril en la Antártida, la base de su dieta. Aun así, los expertos coinciden en que es necesario profundizar los estudios.
La vida salta porque está viva.
Llegan las primeras ballenas jorobadas a Ecuador. Llegan las primeras crías junto a sus madres, tras un viaje inmenso desde las heladas aguas de la Antártida.
Vienen a nacer, a crecer… y también a amar, en nuestras aguas cálidas.
Qué hermoso es… pic.twitter.com/bW6NBV23Q4
— Roberto Valdez (@Robinski__) July 4, 2025
Una recuperación histórica
Las ballenas jorobadas recorren hasta 9.000 kilómetros entre la Antártida y el archipiélago de Abrolhos, en Bahía. Durante décadas, la caza redujo su número a menos de mil ejemplares en los años ochenta. Hoy, gracias a la moratoria internacional de 1965 y a la prohibición brasileña de 1985, la población ronda los 35.000 individuos.
El regreso de estos mamíferos a zonas abandonadas en el pasado demuestra el éxito de las medidas de conservación. Herramientas como el Sistema de Apoyo al Monitoreo de Mamíferos Marinos (Simmam), creado en 2005, han permitido identificar nuevas áreas de presencia, ampliando el mapa migratorio de la especie en el sur y sudeste de Brasil.
Turismo y conservación, un delicado equilibrio
La creciente frecuencia de avistamientos ha convertido a lugares como Ubatuba en destinos emergentes de turismo marino. El Instituto Argonauta organiza recorridos que respetan las regulaciones ambientales, manteniendo distancias mínimas para no alterar el comportamiento de los animales.
Avistamento mais frequente de baleias jubarte no litoral paulista estimula turismo e conservação. Cientistas pesquisam por que as mais jovens têm permanecido na costa por mais tempo l https://t.co/biBF33tmns pic.twitter.com/6MFU87Y6gQ
— DW Brasil (@dw_brasil) August 18, 2025
Sin embargo, los expertos insisten en la necesidad de vigilancia. El Ibama ha intensificado los controles para evitar incidentes con embarcaciones o redes de pesca, sobre todo en Santa Catarina, donde los encuentros también se han multiplicado. “La clave es que el turismo crezca sin poner en riesgo a la especie”, señala Paulo Maués, del Ibama.
Una nueva relación con el océano
El regreso de las ballenas jorobadas tiene también un fuerte componente simbólico. La Playa Matadeiro, en Florianópolis, pasó de ser un centro de caza a convertirse en mirador de observación. Nuevas generaciones, como la de Camila, una niña de 11 años fascinada por su primer avistamiento, ya se sienten llamadas a defender los océanos.
Para los biólogos, cada ballena avistada es una victoria. “Logramos preservar a esta especie hasta devolverla a sus antiguos territorios”, afirma Cipolotti. El reto ahora es asegurar que nunca más vuelvan a estar al borde de la desaparición.
Fuente: Meteored.