Durante milenios, el clima de la Tierra ha experimentado transformaciones bruscas y misteriosas. Una nueva hipótesis sugiere que las supernovas —espectaculares explosiones de estrellas— podrían estar detrás de algunos de estos giros inesperados. Un estudio reciente abre una ventana inquietante hacia los posibles efectos que la radiación estelar podría tener no solo sobre la atmósfera, sino sobre la vida misma.
¿Qué podrían esconder las supernovas tras sus destellos?

Cuando una estrella colapsa y explota, libera un torrente de partículas de altísima energía que viajan a través del espacio, cruzando sistemas y galaxias. Según el Dr. Robert Brakenridge, estas ráfagas podrían haber interactuado con la atmósfera terrestre en momentos clave, desencadenando alteraciones climáticas que cambiaron el rumbo de la historia del planeta.
Su investigación relaciona supernovas cercanas ocurridas en los últimos 50 mil años con picos de carbono radiactivo hallados en anillos de árboles y cambios en isótopos presentes en los registros geológicos. La hipótesis plantea que la radiación de estas explosiones podría haber degradado el metano de la estratósfera y dañado la capa de ozono, intensificando la radiación ultravioleta que alcanza la superficie y enfriando el clima global.
Los rastros ocultos en los árboles y los desafíos del futuro
Los anillos de los árboles se convierten en testigos silenciosos de las alteraciones en la atmósfera. Brakenridge ha identificado 11 aumentos notables de carbono radiactivo en los últimos 15 mil años que, según argumenta, podrían coincidir con el impacto de supernovas cercanas.

Aunque otras hipótesis, como las erupciones solares o el vulcanismo, también intentan explicar estos cambios, el papel de las supernovas gana fuerza y despierta nuevos interrogantes. Los astrónomos advierten sobre estrellas como Betelgeuse, candidata a convertirse en supernova en un plazo que podría ir de mañana mismo a los próximos 100 mil años. Comprender mejor estas explosiones y su interacción con nuestra atmósfera es clave para prever posibles escenarios que podrían afectar a la humanidad.
Brakenridge insiste en la necesidad de modelos más afinados y observaciones más precisas para desentrañar los vínculos entre las supernovas y el clima terrestre. El tiempo para prepararse frente a estos eventos podría ser más limitado de lo que pensamos.
Fuente: Meteored.