Cuando se habla del aumento del nivel del mar, la imagen habitual es la de ciudades costeras amenazadas por inundaciones y playas que desaparecen. Pero un nuevo estudio advierte sobre una consecuencia mucho menos visible: cada franja de costa que el océano cubra se convertirá en territorio nuevo, y alguien va a ocuparlo. En muchos casos, esos nuevos habitantes serán especies invasoras.
Un equipo internacional de investigadores calculó que el mar podría subir unos 20 centímetros para 2050 y alrededor de 56 centímetros para 2100 en un escenario de emisiones moderadas. En ese proceso, entre 290.000 y 470.000 kilómetros cuadrados de tierras costeras recién inundadas podrían volverse aptos para especies marinas exóticas. Es una superficie comparable a la de países como Italia o Suecia.
Un nuevo frente de invasión biológica

El trabajo, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution y liderado por Qiang Lin, de la Academia China de Ciencias, junto a Xuan Liu, de la Universidad Normal de Pekín, modeló la distribución futura de 122 especies marinas no nativas que ya se establecieron fuera de sus áreas de origen: peces, crustáceos, moluscos y estrellas de mar.
El resultado es contundente: más de dos tercios de las costas que quedarán bajo el agua podrían ofrecer condiciones favorables para al menos una de estas especies. Los autores describen el fenómeno como un nuevo frente de invasión biológica, creado directamente por el cambio climático.
Por qué las costas inundadas son tan vulnerables
Cuando el mar avanza sobre la tierra, crea hábitats que antes no existían: marismas, lagunas salobres y fondos someros sin una comunidad biológica establecida. Esos espacios vacíos son ideales para especies oportunistas, capaces de colonizar rápido y desplazar a las nativas.
Los estuarios, donde los ríos se encuentran con el mar, son especialmente sensibles. Allí se combinan aguas dulces y saladas, conexión directa con el océano y una intensa actividad humana, con puertos, pesca y acuicultura. Los barcos que transportan agua de lastre y los cultivos de moluscos son dos de las principales vías por las que las especies exóticas llegan a nuevas regiones.
Los invasores que ya están listos

Entre las especies con mayor potencial de expansión figuran el cangrejo chino de guantes o cangrejo mitón, la ostra del Pacífico, el langostino tigre asiático, el cangrejo azul del Atlántico, el cangrejo verde europeo y la estrella de mar del Pacífico Norte. Muchas de ellas ya causan daños en las regiones que invadieron: compiten con especies locales, devoran moluscos de valor comercial o alteran el fondo marino.
Las zonas de mayor riesgo incluyen la costa este de Estados Unidos, el golfo de México, las costas del mar del Norte, el sudeste de China, el norte de Australia y los estuarios de latitudes medias.
América Latina conoce bien este problema. En el Río de la Plata, por ejemplo, un caracol marino asiático, la rapana (Rapana venosa), se estableció a fines de la década de 1990 y se convirtió en un depredador de bivalvos nativos. Con el avance del mar sobre las costas bajas del estuario, especies como esta podrían encontrar todavía más espacio para expandirse.
Actuar antes de que llegue el agua
Las invasiones biológicas ya tienen un costo enorme. La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) estimó que las especies invasoras generaron en 2019 pérdidas por más de 423.000 millones de dólares en todo el mundo.
Por eso, los investigadores proponen anticiparse. “Un monitoreo temprano y estrategias de gestión pueden ayudar a limitar los efectos sobre la biodiversidad, la productividad pesquera y otros servicios de los ecosistemas en las regiones costeras”, señalan. En otras palabras: identificar hoy qué costas quedarán bajo el agua y vigilarlas antes de que los invasores lleguen, porque una vez establecidos, erradicarlos es casi imposible.