En el inmenso mapa del Sistema Solar, Urano sigue siendo un territorio casi inexplorado. Desde que la sonda Voyager 2 lo sobrevoló en 1986, ningún otro ingenio humano ha vuelto a acercarse al planeta helado inclinado sobre su costado. La NASA quiere cambiar eso con la misión Uranus Orbiter Probe (UOP), considerada desde 2022 la prioridad científica número uno para la exploración del Sistema Solar exterior. Pero hay un problema evidente: llegar hasta allí lleva una eternidad. Las estimaciones actuales hablan de trece o catorce años de viaje, incluso usando lanzadores potentes como el Falcon Heavy y maniobras de asistencia gravitatoria.
Sin embargo, un nuevo estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) plantea una alternativa audaz: utilizar la Starship de SpaceX para reducir ese trayecto a menos de la mitad del tiempo. Si la nave logra mantener sus promesas técnicas, podríamos llegar a Urano en solo 6,5 años.
De trece años a seis: el poder de la Starship

El estudio sostiene que la Starship, una vez completamente operativa, podría modificar radicalmente la ecuación de los viajes interplanetarios. Su enorme capacidad de carga y la posibilidad de repostar en órbita le permitirían enviar una sonda de cinco toneladas hacia Urano sin depender de complejas asistencias gravitatorias.
En un escenario ideal, la nave podría realizar una maniobra de aerocaptura en la atmósfera uraniana, frenando su velocidad mediante fricción atmosférica en lugar de usar motores, lo que acortaría el trayecto a unos seis años y medio. Sin embargo, esa técnica —aunque teóricamente factible— plantea riesgos enormes: nadie sabe si el escudo térmico cerámico de la Starship resistiría después de más de siete años de exposición al espacio profundo y de un reingreso en un entorno tan extremo.
Si se evita la aerocaptura, los tiempos de vuelo serían algo mayores: entre nueve y diez años, dependiendo del número de lanzamientos necesarios para recargar propelente. Con nueve vuelos de repostaje, la Starship podría enviar una sonda de cinco toneladas; con siete, incluso llevar a cabo ella misma la inserción orbital en Urano. En escenarios más ambiciosos, podría enviar una sonda de hasta 25 toneladas, multiplicando por cinco la capacidad científica de misiones anteriores.
El reto del repostaje y la supervivencia en el espacio profundo

El principal obstáculo para este tipo de misión no está en la potencia, sino en la logística. La Starship es, en esencia, la segunda etapa de un sistema reutilizable que necesita repostar metano y oxígeno líquidos en órbita para poder escapar de la gravedad terrestre.
Mantener esos propelentes en estado criogénico durante años es un desafío técnico de primer nivel. En órbita baja ya se requerirán depósitos especiales para evitar que el combustible se evapore; mantenerlos estables durante un viaje interplanetario multiplica las dificultades. Y a tanta distancia del Sol, la energía solar no sería suficiente para refrigerar los tanques: sería necesario recurrir a reactores nucleares, con el consiguiente peso adicional.
Pese a estos retos, el estudio subraya una ventaja crucial: la posibilidad de “reiniciar” la ecuación del cohete al repostar en el espacio. Al eliminar el gasto energético inicial para alcanzar la órbita terrestre, la nave puede conservar combustible para acelerar hacia los confines del Sistema Solar. En teoría, la Starship podría alcanzar cualquier planeta, incluso los más alejados como Neptuno o Plutón.
Por qué Urano no puede esperar hasta 2050
La NASA quiere lanzar la misión UOP antes de 2035 para aprovechar las ventanas de observación más favorables. La Voyager 2 solo estudió el hemisferio sur de Urano, ya que el planeta se encontraba en su solsticio de verano en 1986. Por su peculiar inclinación axial —prácticamente tumbado sobre su lado—, el otro hemisferio lleva casi cuatro décadas en la oscuridad.
Si la próxima misión no llega antes de 2049, coincidiendo con el equinoccio uraniano, habrá que esperar otro ciclo completo de 84 años para repetir la oportunidad. De ahí la urgencia: cada año perdido implica retrasar el estudio del hemisferio norte y de sus lunas heladas, algunas de las cuales podrían albergar océanos bajo su superficie.
La promesa y el límite del “comodín Starship”
En cada debate sobre la exploración del espacio exterior, la Starship aparece como el gran “comodín”. Su tamaño, capacidad y precio por kilogramo lanzado hacen soñar a científicos y agencias. Pero el MIT advierte que aún estamos lejos de cumplir las condiciones necesarias: la tecnología de repostaje en órbita no se ha demostrado, la criogenia de largo plazo es un misterio y la aerocaptura interplanetaria sigue siendo terreno experimental.
Aun así, el potencial es innegable. Una arquitectura basada en la Starship podría reducir costes, simplificar trayectorias y permitir misiones de mayor envergadura científica. Si SpaceX logra dominar todos los elementos —desde la estabilidad de los propelentes hasta el control térmico—, viajar a Urano en menos de siete años dejará de ser una fantasía para convertirse en la nueva frontera de la exploración humana.
[Fuente: Eureka]