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El misterio de los cráteres ardientes en México que aún desconcierta a los arqueólogos

En el centro de México, más allá de los reflectores puestos sobre las ruinas mayas del sur, se encuentra un sitio arqueológico rodeado de misterio. Aunque alberga murallas, pirámides y plazas ceremoniales, son unos enormes hoyos carbonizados los que han desconcertado a los investigadores durante siglos
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Murallas de hasta seis metros de altura, una de las canchas de pelota más largas de México y una pirámide ceremonial de 12 metros conforman el conjunto. Sin embargo, lo que más llama la atención de los arqueólogos no está a simple vista: son los misteriosos cráteres de fuego dispersos por el sitio. La investigación actual es solo el comienzo. Todavía hay numerosos hoyos que no han sido excavados ni analizados, y los arqueólogos planean expandir sus estudios en busca de pistas que puedan esclarecer definitivamente la función de estos fuegos milenarios.

Mientras tanto, este sitio continúa siendo uno de los mayores misterios arqueológicos de México. Un sitio que, a diferencia de otros más famosos, aún no ha contado todos sus secretos. Puede que bajo sus piedras y cenizas repose una historia aún más antigua que la de los propios mexicas. Y si el fuego fue su voz, los arqueólogos están aprendiendo, poco a poco, a escuchar lo que aún tiene para decir.

Un lugar mítico que podría haber sido la cuna de los aztecas

La Quemada Zacatecas Mexico
© A patín por México – YouTube

Ubicada en el estado de Zacatecas, La Quemada no es solo una ciudadela abandonada. Para muchos investigadores, este lugar está vinculado al legendario Chicomóztoc, el supuesto punto de origen de los mexicas. Su posición estratégica la convirtió en un centro clave para pueblos nómadas desde el 300 d.C., alcanzando su apogeo hacia el 800 d.C., cuando fue fortificada intensamente.

Su historia se extendió hasta el 1200 d.C., y tras su progresivo abandono, los conquistadores españoles se toparon con ruinas calcinadas. Fue entonces cuando el lugar recibió su nombre actual: “La Quemada”. Pero más allá de las leyendas, las estructuras que quedaron hablan de una sociedad organizada, con fines tanto defensivos como ceremoniales.

Los hoyos de fuego: una tradición que resistió el paso del tiempo

Aunque La Quemada fue edificada por etapas, los arqueólogos han identificado que los enigmáticos hoyos fueron utilizados de manera constante a lo largo de los siglos. Un reciente estudio, centrado en cinco de estos hoyos —designados como LQ1 a LQ5—, buscó determinar con precisión en qué momentos estuvieron activos.

Para ello se aplicó una técnica conocida como arqueomagnetismo, que permite «leer» la orientación magnética de los minerales que han sido expuestos a altas temperaturas. Esta especie de brújula fósil permite fechar con sorprendente exactitud cuándo fue la última vez que la roca o arcilla se calentó intensamente.

Gracias a esta técnica, los investigadores determinaron que el hoyo LQ4 y LQ5 ardieron entre el 675 d.C. y el 903 d.C., coincidiendo con el esplendor del sitio. LQ1, en cambio, fue encendido entre el 927 d.C. y el 1101 d.C., lo que sugiere que su uso persistió incluso después del inicio del declive de la ciudad. LQ2 podría ser incluso más antiguo, aunque sus datos fueron más ambiguos, y de LQ3 no se obtuvo información concluyente.

¿Qué función tenían estos fuegos eternos?

Las teorías sobre el propósito de los hoyos de fuego son variadas y fascinantes. Algunos especialistas sugieren que podrían haber sido parte de rituales vinculados a las estaciones del año o al ciclo agrícola. Otros creen que podrían haber servido como antorchas ceremoniales durante celebraciones nocturnas, o incluso para despedidas rituales en los últimos días del asentamiento.

Uno de los hallazgos más intrigantes es que el hoyo LQ1, el que estuvo activo durante el ocaso de La Quemada, se encuentra justo al lado de la pirámide Votiva. Esto ha llevado a los arqueólogos a pensar que el fuego pudo haber sido un símbolo de resistencia cultural o incluso de memoria colectiva: una forma de mantener vivo el espíritu del lugar aún en sus últimos días.

Como afirman los investigadores, “el fuego pudo ser una forma de mantener viva la memoria del lugar”. Las diferencias en las fechas de uso entre los hoyos refuerzan la idea de que el abandono fue gradual y que, hasta el final, las ceremonias siguieron encendiendo las entrañas de La Quemada.

[Fuente: Xataka]

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