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El “mosquito del metro” no nació en Londres: la ciencia revela un origen milenario escondido en el Mediterráneo

Durante décadas, el llamado mosquito del metro de Londres fue presentado como un ejemplo clásico de evolución acelerada. Según la teoría más aceptada, esta variante —Culex pipiens molestus— habría surgido en los túneles subterráneos londinenses durante el siglo XIX, adaptándose a entornos urbanos cerrados y desarrollando un gusto preferencial por la sangre humana.

Ahora, un estudio internacional publicado en Science desmonta por completo esa narrativa: el mosquito no solo no nació en Londres, sino que existía en el Mediterráneo y Oriente Medio hace más de mil años.

Un origen milenario, no industrial

La investigación, dirigida por la Universidad de Princeton y elaborada junto a más de 150 instituciones científicas —incluida la Universidad de Córdoba (UCO)— analizó 12.000 muestras de mosquitos Culex pipiens de todo el mundo. El resultado es contundente:
Molestus” ya coexistía con poblaciones humanas mucho antes de la urbanización moderna, probablemente en el contexto de sociedades agrícolas del Mediterráneo oriental o del antiguo Egipto.

Es decir, su preferencia por picar a humanos, su capacidad de reproducirse en espacios cerrados y su actividad durante todo el año no son producto de los túneles londinenses, sino adaptaciones ancestrales.

El mito del metro de Londres

El insecto saltó a la fama durante la Segunda Guerra Mundial, cuando proliferó en los refugios subterráneos donde los ciudadanos se protegían de los bombardeos. Aquello reforzó la idea de que se había “evolucionado” rápidamente para vivir bajo tierra.
Pero el nuevo análisis genómico revela que aquella interpretación era incorrecta. Las características que hicieron famoso al mosquito ya estaban presentes siglos antes, solo que Londres actuó como un escenario donde esas adaptaciones se volvieron visibles.

Una clave en la transmisión del virus del Nilo Occidental

El estudio también ofrece información crucial sobre salud pública. Existen dos formas principales del mosquito:

  • Culex pipiens “pipiens”: pica sobre todo a aves.

  • Culex pipiens “molestus”: prefiere humanos.

Cuando ambas se hibridan, surgen mosquitos capaces de alimentarse de aves y personas, lo que facilita el salto del virus del Nilo Occidental desde aves infectadas hacia humanos.

El investigador Daniel Bravo (UCO) explicó que este cruce es menos frecuente de lo que se creía, pero aumenta significativamente en grandes ciudades, donde la convivencia entre ambas formas es más intensa.

Urbanización: el verdadero detonante

El análisis genómico muestra que la urbanización determina más la hibridación que la latitud o la región geográfica.
Es decir, cuanto más densa y extensa es una ciudad, mayor la posibilidad de que surjan híbridos con capacidad de transmitir patógenos.

Esto redefine las estrategias de vigilancia epidemiológica y subraya la importancia de estudiar cómo los ambientes urbanos moldean la genética de vectores como los mosquitos.

Un puente sanitario que exige monitoreo

Los investigadores destacan que comprender dónde y cuándo aparecen estas poblaciones híbridas es esencial para anticipar brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos.
La información genética obtenida permitirá en el futuro:

  • identificar zonas de riesgo,

  • mejorar programas de control vectorial,

  • y diseñar estrategias más efectivas contra enfermedades emergentes.

Una nueva mirada a un viejo vecino humano

El “mosquito del metro” deja así de ser un símbolo de evolución reciente para convertirse en testigo de una historia mucho más antigua, marcada por la convivencia prolongada entre humanos y mosquitos en regiones cálidas del Mediterráneo.

Este descubrimiento no solo corrige un mito científico, sino que abre nuevas preguntas sobre cómo la vida urbana moderna está dando forma a los vectores que pueden transmitir enfermedades.

Fuente: Infobae.

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